«Tenemos que hacer lo posible para frenar esta violencia armada»… «Estas fueron personas maravillosas asesinadas»… «Tres almas inocentes, dieron todo y ya no están con nosotros», así opinaron algunos de los que estuvieron muy cerca del triple asesinato cometido por el exmilitar Albert Wong el pasado viernes 9, en el hogar de veteranos de Yountville, California.
Hasta esa fecha –antes de las 10:20 de la mañana siguiente al Día Internacional de la Mujer– el mayor centro estadounidense de su tipo, fundado en 1884, era tenido por un lugar tranquilo. Allí se albergan más de 850 ancianos retirados de la Segunda Guerra Mundial, de la contienda de Corea, la guerra de Vietnam, la del Golfo, Afganistán, intervenciones de EE. UU. en el Cuerno de África e Irak.
Sin embargo, esa calma quedó interrumpida. «Estaba allí para causar algún daño», dijo uno de los que escapó y vio entrar a Wong –con un rifle de alta potencia, municiones y otras dos armas de fuego–, a la habitación donde celebraban una fiesta de despedida a empleados del servicio The Pathway Home, una organización sin fines de lucro para ayudar a veteranos con trastorno de estrés postraumático, y que posee un centro de rehabilitación en Yountville. El asesino, quien fungía como colaborador de esa entidad, había sido separado del programa dos semanas antes de la matanza.
Frente a tan repetidos hechos de violencia, valdría la pena preguntarse: ¿en qué lugar de Estados Unidos una persona puede sentirse protegida? Entonces, a partir de esa realidad corroborada una y otra vez, ¿acaso el Gobierno de esa nación está en condiciones de calificar la seguridad existente en otros países e incitar, por ejemplo, a que sus ciudadanos no vengan a Cuba, mundialmente reconocida como uno de los destinos más seguros del planeta?
Un depredador estadounidense, armado hasta los dientes, lo mismo ataca a escolares como lo hizo Nikolas Cruz en la Florida, en febrero de este año; que dispara en un recital de música al aire libre, al estilo de Stephen Paddock en Las Vegas, el pasado 1ro. de octubre, cobrando la vida de 58 personas; o invade una cafetería y abre fuego a derecha e izquierda.
Estados Unidos ocupa el primer lugar del universo en el tema de los tiroteos masivos, pues teniendo el 5 % de la población mundial, cuenta en su haber con el 31 % de las masacres, según el análisis de Adam Lankford, un profesor asociado de Justicia Penal de la Universidad de Alabama.

Albert Wong, de Sacramento, California.
Edad: 36 años.
Ocupación: tres años de servicio en infantería concluidos en el 2013.
Participó en la guerra en Afganistán entre 2011 y 2012.
Méritos: cuatro medallas, una de ellas por la campaña en Afganistán, junto a dos estrellas en la misma guerra.
¿AVERIGUAR AHORA?
Ante el hecho consumado, han ordenado una investigación para intentar descubrir cuáles razones movieron a Wong a ejecutar esa sinrazón, pues hasta ese instante, o mejor dicho, hasta el momento en que lo separaron del programa The Pathway Home, lo consideraban una persona ecuánime.
Está claro que el ejecutor conocía a sus rehenes, Christine Loeber (48 años), directora ejecutiva en The Pathway Home; Jennifer Golick (42), trabajó allí como sicóloga, y Jennifer Gonzales (29), sicóloga clínica del sistema de atención médica del Departamento de Asuntos de Veteranos de San Francisco.
Mientras las tres mujeres eran retenidas por Wong en una habitación, con la que no había contacto alguno, la policía inició un operativo, que se extendió por ocho horas. El perpetrador segó la vida de las tres mujeres y el reporte policial asegura que se suicidó.
¿Qué magnitud hubiera cobrado el hecho de no retirar a tiempo a los muchachos que estaban en el terreno de béisbol perteneciente al campus de Yountville?














COMENTAR
Loli dijo:
1
13 de marzo de 2018
08:06:06
Miguel Angel dijo:
2
13 de marzo de 2018
09:17:44
Holmes dijo:
3
13 de marzo de 2018
13:05:49
ROLO dijo:
4
17 de marzo de 2018
18:00:14
Responder comentario