ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Theotonio dos Santos estuvo entre los fundadores de la Red de intelectuales, artistas y activistas de movimientos sociales En Defensa de la Humanidad. Foto: TELESUR

Las armas de Theotonio dos Santos no han  mellado su filo. El economista y sociólogo  brasileño, fallecido a los 81 años de edad el último martes en Río de Janeiro, legó al pensamiento emancipador latinoamericano y caribeño una obra original, esencial para la comprensión de la historia y la realidad de la región.

Su formidable producción teórica quedó plasmada en libros de obligada consulta como La clase dominante brasileña (1966), Socialismo o fascismo: el dilema latinoamericano (1969), Imperialismo y dependencia (1978), La estrategia y la táctica socialistas de Marx y Engels a Lenin (1980), Revolución científico-técnica y capitalismo contemporáneo (1983), Economía mundial e integración regional (1995), Teoría de la dependencia: balance y perspectivas (2002), Globalización en integración en las Américas (2005) y Fuerzas productivas y relaciones de producción: un ensayo introductorio (2013), así como en decenas de artículos.

La aportación  más reconocida de Dos Santos se vincula con la formulación de la Teoría de la Dependencia en las décadas de los 60 y los 70 del pasado siglo, en la que colaboraron  su compañera en la vida, Vania Bambirra y su amigo Ruy Mauro Marini.

Eran tiempos marcados por el escenario abierto por el triunfo de la Revolución Cubana, la irrupción de fuerzas de la izquierda no tradicionales que dinamizaron las luchas políticas y sociales y la reformulación de los mecanismos de dominación de Estados Unidos en América Latina, que desembocaron en la instauración de regímenes dictatoriales en varios países.  

Los planteos de Dos Santos y sus colegas brasileños entroncaron  con los estudios que por la misma época llevó adelante el alemán André Gunder Frank  (Capitalismo y subdesarrollo en América Latina, 1967 y Latinoamérica: subdesarrollo o revolución). Otro nombre asociado a los momentos iniciales de ese enfoque, Fernando Henrique Cardoso, se diluyó en la tibieza del andamiaje socialdemócrata y terminó en la práctica sustentando, cuando ejerció la presidencia de Brasil, el modelo neoliberal.

La Teoría de la Dependencia postuló la íntima relación entre desarrollo y subdesarrollo, la exacerbación de esta última condición por parte de la lógica de dominación y acumulación capitalista de los países occidentales industrializados, la desmitificación  de la falacia desarrollista a partir de la alianza entre el Estado y las burguesías nacionales, y la dialéctica entre las relaciones de subordinación entre países y las estructuras clasistas domésticas.

Como toda teoría, esta tuvo limitaciones y dejó de cumplir ciertas expectativas que en algún momento parecían más cercanas de lo que en realidad se presentaban. Un Gunder Frank autocrítico en los inicios del actual siglo, en  análisis compartido con Dos Santos, apuntó como una carencia sustantiva la indefinición de vías efectivas para la subversión definitiva a escala regional de las agobiantes relaciones de dependencia externas e internas.

Pero también observó: «Nuestros antagonistas y enemigos no ofrecieron respuestas mejores. Tampoco dicen de verdad, cómo acabar de verdad con la dependencia que hay de verdad, ni cómo acabar con la pobreza, la alienación, que según ellos ni siquiera se deriva de una dependencia que no existe según ellos. También es claro, que mucho más equivocados no podrían haber estado los que voluntariamente se dejaron llevar por el Consenso de Washington. Y si no fuera tan horrorosa, podría parecer divertida la excusa que ofrecen, la de que la receta del Doctor Washington era por cierto la medicina correcta, y el problema reside tan solo en que los pacientes –y cuán pacientes eran y aún son– no la tragaron en cantidades suficientes».

Ni  antes ni después Theotonio se cruzó de brazos. En su juventud se involucró en la creación  de un nuevo partido de la clase obrera brasileña, y más tarde, perseguido por los golpistas de su país, se trasladó a Chile donde apoyó activamente a la Unidad Popular de Salvador Allende.

Al regresar del exilio, en 1979, alternó las responsabilidades académicas con el activismo social y en los últimos años acompañó los empeños de los gobiernos del Partido de los Trabajadores por introducir cambios en la condición social de la mayoría de los brasileños. Eso sí, advirtió el peligro de hacer concesiones y concertar alianzas con sectores políticos que a la postre minaron esos procesos hasta desembocar en el golpe de estado parlamentario que echó a Dilma de la presidencia.

Lula apreció a Theotonio. Al enterarse de su muerte, declaró: «Arduo defensor de una América Latina soberana, deja un extenso legado teórico e intelectual al pueblo latinoamericano y nos inspira a seguir en la lucha por un mundo con  más justicia social».

Estuvo entre los fundadores de la red de intelectuales, artistas y activistas de movimientos sociales En Defensa de la Humanidad,  participó en numerosos foros de denuncia y construcción de alternativas emancipadoras, y se solidarizó de manera comprometida y visceral con la Venezuela bolivariana. Con agudeza apostilló: «Nuestras oligarquías están acostumbradas a desmoralizar el rol de la emoción en la actividad política». Prestó atención a la actual ofensiva imperial contra los movimientos populares del continente y alertó: «Todo lo que no está bajo el control de Estados Unidos pasa a ser una amenaza».

Por la Revolución Cubana, Theotonio sintió admiración, sin que por ello dejara de exponer dudas y cuestionamientos nacidos de su honestidad intelectual. Pero su devoción por Fidel fue incólume. Del líder histórico escribió un testimonio que Granma publicó en sus páginas: «He conocido a muchos políticos de varias orientaciones, fuera y en el poder. Ninguno tiene o tuvo la profundidad intelectual y la dimensión humana de Fidel Castro. Ninguno logra mantener el estudio sistemático de un problema por horas y horas en todos sus detalles y en todos sus aspectos como Fidel. (…) Pero sobre todo es el único político a nivel de jefe de Estado que admite debatir abiertamente con los que divergen de sus puntos de vista».

Ante lo que asumió en  la teoría y la práctica revolucionarias,  tendríamos que convenir en que Theotonio dos Santos se mantuvo fiel al principio –de impresionante vigencia– enunciado en 1845 por Marx en las Tesis sobre Feuerbach: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo».

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Edgardo Martínez García dijo:

1

5 de marzo de 2018

06:03:57


Gran hombre que prestó sus servicios a la humanidad con sus ideas dota de conocimientos a las nuevas generaciones que necesitan interpretar las raizes de los problemas para realizar tranformaciones que permitan el desarrollo social , cuidando de la especie humana .