ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Raro es el día en que Donald Trump no publique un «autobombo» en su cuenta de Twitter. Raro también resulta comprobar que no se equivoca al opinar sobre temas que desconoce, o porque se atribuye éxitos ajenos.

La imagen de político certero y victorioso pretendida en sus twits, esa vocación de genio pitoniso, se despeña al son de cualquiera de sus pifias como, por ejemplo, afirmar que el sistema de salud pública en el Reino Unido está en la bancarrota. El pasado lunes 5 de febrero su sentencia de que «miles protestan en el Reino Unido porque su sistema universal (de salud) no funciona», creó tensiones.

No tardó en aparecer, en la misma red social, el «touché» a la riposta del secretario de salud de Gran Bretaña, Jeremy Hunt: «Difiero… ninguno de ellos (refiriéndose a su pueblo) quiere vivir en un sistema donde 28 millones de personas no tienen cobertura», en clara alusión al sistema de seguros médicos de Estados Unidos.

Muy activo se muestra a diario el presidente norteamericano en su cuenta de Twitter.

La propia prensa local aseguró que en los últimos meses solo dejó de interactuar el día de exponer el balance tras su primer año en el poder, discurso que atizó las llamas de la desunión de la nación. Fue una noche apuntalada por el 30 % de aprobación a la gestión de Trump (tuvo meses del 2017 con inferiores cifras) en tanto solo tres de cada diez estadounidenses opinaban que su país iba en la dirección correcta, según una encuesta de Associated Press-NORC Center of Public Affairs Research.

Para cerrar esa velada, lo hizo a su manera: «Gracias por sus halagos y análisis del discurso del Estado de la Unión… ¡Hablé desde el corazón!». Esto último estaría bueno preguntárselo a los puertorriqueños, país al que no hizo ni una sola alusión en medio de la tragedia que vive tras el paso del huracán María.

Fresquecito, de esta misma semana, otro twit engordó su ego: «…tenemos muchas buenas (grandiosas) noticias sobre la economía», a sabiendas de que la recuperación y la creación de empleos comenzó desde la época de Barack Obama. Y en otro asalto a fondo, llevó su autocomplacencia a la máxima expresión: «La administración Trump ha terminado con más regulaciones innecesarias, en solo un año, que cualquier otra durante todo su periodo en funciones, sin importar la duración». Esa lleva en sus cuatro palabras finales: «sin importar la duración», una nítida crítica a Obama.

Cualquier persona destacada en la vida pública le viene bien al actual mandatario para escamotear puntos a su favor, es como si pregonara: ¡Nadie por encima de mí! Lo mismo arremete contra las luminarias del baloncesto LeBron Jame o Stephen Curry, defensores de los derechos de las minorías junto a los jugadores de la Liga de Fútbol Americano, que enfila su maquinaria para irle arriba a la diva de la televisión Oprah Winfrey. Todos tienen algo en común, el color negro de su piel.

La prensa norteamericana, a la sazón de su discurso en una premiación catalogado como muy elocuente, lanzó la sugerencia de que la estrella de The Oprah Winfrey Show reunía condiciones para postularse por el partido demócrata de cara a las elecciones presidenciales del 2020. Apresurada en deshacer la madeja que cobraba adeptos dada su popularidad, Winfrey declaró no poseer ADN para aspirar a presidenta, «eso no es algo que me interese», concluyó.

Sin embargo, pese a su aclaración, Trump salió a la palestra pública ataviado con lanza y espada: «Yo le ganaría».

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