ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Cientos de personas salen de la isla cada día hacia las naciones vecinas. Foto: Sergio Alejandro Gómez

ROSEAU.–Dominica debió ser hermosa. El mar choca aquí con montañas de 1 000 metros de altura y forma playas de arena negra donde las pendientes son menos abruptas.  Los principales asentamientos, incluido el de la capital, nacen a orillas de alguno de los 365 ríos que descienden de la cordillera central hasta la costa.

La ola modernizante del aluminio y el cristal dejó pocos estragos en la isla. Predomina la arquitectura criolla que es una adaptación de los estilos coloniales francés y británico para alejar el sol y abrirse a la vista del Caribe.

A lo largo de los últimos siglos, las casas pintadas de colores pasteles fueron escalando las laderas de las montañas en busca de la brisa tropical que, con suerte, llega del mar en las noches para sofocar el calor.

Ese paisaje paradisiaco cambió para siempre el pasado 18 de septiembre, cuando el huracán María arrasó la isla con vientos superiores a los 250 kilómetros por hora. Ahora Dominica y sus 72 000 habitantes enfrentan el desafío de volver a empezar, casi desde cero.

«Nunca he visto tanta destrucción en ningún otro lugar del mundo», dijo el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, tras recorrer el pasado domingo bosques enteros sin una sola hoja verde en sus troncos.

«La intensidad de los huracanes en esta temporada no es un accidente, sino resultado del cambio climático», añadió Guterres y precisó que existen evidencias científicas respecto a la relación entre el calentamiento global y la frecuencia de fenómenos atmosféricos extremos.

Los techos ligeros, eficientes para aislar el calor, hicieron poca resistencia a los vientos de María. Ocho de cada diez personas perdieron sus hogares, incluidos más de 20 000 niños y niñas, según cifras de la Unicef.

La recuperación es lenta, pero ya se observa un cambio en las principales ciudades. Foto: Sergio Alejandro Gómez

UN DURO CAMINO POR DELANTE

«Dominica tiene duros meses por delante», reconoció el pasado sábado el primer ministro, Roosevelt Skerrit, y llamó a los ciudadanos a estar unidos en la reconstrucción del país.
Sin embargo, no son pocas las personas que deciden abandonar la isla, al menos hasta que la situación general mejore.

De la terminal de ferris de Roseau salen todos los días uno o dos barcos con capacidad para 300 personas hacia las islas vecinas.

«Voy a pasar un tiempo con mi familia», dijo Roose a Granma poco antes de abordar con rumbo a Santa Lucía. Cuenta que perdió su trabajo como niñera en la capital y no encuentra otras opciones. «Quizá en enero o febrero la situación mejore».

Respecto a la asistencia tras el paso del huracán, Roose considera que el gobierno hace lo «mejor que puede», pero existen problemas con la distribución de la ayuda.

Las autoridades aseguran que cuentan con la cantidad de agua y comida necesaria. Crearon mecanismos para que la ciudadanía denuncie cualquier irregularidad y el Primer Ministro llamó a los ciudadanos a dirigirse a sus representantes parlamentarios para reportar cualquier caso de corrupción.

Asimismo, se activaron órganos supervisores de los precios para evitar especulación y que las empresas lucren con el desastre.

Cientos de personas salen de la isla cada día hacia las naciones vecinas. Foto: Sergio Alejandro Gómez

La creciente ola migratoria no preocupa demasiado a los dominiquenses, que están acostumbrados a ver llegar y marcharse a miles de personas de acuerdo a cómo sople el viento de la economía.

Son muchos los extranjeros que se han asentado en la isla en busca de oportunidades.

Styler nació en República Dominicana y trabaja como peluquero en Portsmouth hace diez años. «Lo que hice fue adelantar las vacaciones porque sin luz no puedo pelar», dijo a este diario. «Voy a regresar y estoy seguro que los demás también. Lo que pasa es que necesitan dinero para reponer lo que perdieron».

Johana, quien vive en Saint Joseph, recuerda que algo parecido pasó tras el paso de David en 1979 y luego la mayoría de los que se fueron retornaron a Dominica.

Anet también estaba en la terminal de  ferris para recibir un envío de ayuda de Santa Lucía. Sentada junto a su hija de 13 años, evita criticar a quienes toman la decisión de irse pero se pregunta quién va a limpiar las calles y reponer los techos que derribó el huracán. «Si todo el mundo se va, Dominica nunca se va a desarrollar».

La recuperación es lenta, pero ya se observa un cambio en las principales ciudades. Foto: Sergio Alejandro Gómez

RECUPERACIÓN A PASO LENTO

Tres semanas después del paso del ciclón, comienza a llegar la maquinaria pesada y las principales ciudades del país recobran algo de vitalidad.  Ya hay electricidad en algunos puntos de Roseau y Portsmouth, pero la inmensa mayoría de la población carece del servicio.

Una de las áreas en las que se ha avanzado con mayor rapidez es en el restablecimiento de la circulación por carretera.

Según el gobierno, ya es posible enviar ayuda por tierra a las principales comunidades. Sin embargo, decenas de puentes quedaron destruidos y los deslaves se mantienen como un riesgo para los vehículos.

La atención hospitalaria, en la que prestan colaboración decenas de médicos cubanos, también se mantiene activa después de sufrir serias afectaciones por el ciclón. Los casos más graves se transportan en helicóptero a las naciones vecinas que han aceptado recibirlos.

Otro de los sectores priorizados por las autoridades es la educación. Skerrit anunció que a mediados de este mes deben abrir 14 primarias.

La seguridad, las condiciones higiénicas y el acceso al agua son imprescindibles para el regreso de los estudiantes, de ahí que el gobierno haya planteado un esquema por etapas para activar los centros menos afectados y crear facilidades temporales en los que resultaron más dañados.

Pero la vuelta a la normalidad va a tomar meses, especialmente en los niveles más avanzados. Muchas de las escuelas secundarias se usan como refugios para los afectados y otras quedaron inutilizables.

Y eso es demasiado tiempo para Daniel, de 16 años, quien decidió marchar a Saint Kitt y Nevis a continuar sus estudios.

Como el resto de sus compañeros, deberá presentarse próximamente a duros exámenes para su incorporación al trabajo o el paso a la universidad.

«Continuaré allá y cuando pueda regreso aquí. Ahora mismo es imposible», dijo a Granma.

El gobierno trabaja con los países vecinos para hacer más fácil el proceso de transición de sus estudiantes y poder homologar los resultados que obtengan.

«Las cosas no van a la velocidad que todos quisiéramos, pero van», dijo Skerrit. En su opinión, es hora de pasar de la etapa de la asistencia a los afectados a la recuperación del país.

EJEMPLO PARA EL MUNDO

A pesar del nivel de destrucción que enfrentan, las autoridades locales consideran que existe la posibilidad de salir fortalecidos.

Skerrit aseguró que la reconstrucción de Dominica debía hacerse sobre bases más sólidas, utilizando materiales resistentes a los vientos y las inundaciones, así como infraestructura más segura.

Sus planes dependen en gran medida de la ayuda foránea, especialmente de los países desarrollados y los centros financieros internacionales.

El secretario general de la ONU pidió durante su visita a Dominica que la comunidad internacional diseñase nuevos mecanismos de ayuda financiera para reconstruir la isla y el resto de los territorios azotados por Irma y María.
Naciones Unidas, sin embargo, tiene dificultades incluso para reunir los 114 millones de dólares que necesita para la ayuda de emergencia a las naciones caribeñas.

Después de vivir el mayor desastre natural de su historia, el sueño del gobierno es ambicioso: una Dominica que renazca como la primera nación blindada contra el cambio climático y sus devastadores efectos.

«Podemos ser un ejemplo para el mundo», dijo Skerrit.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.