ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Entre el mosaico de problemas que mantienen a África en el subdesarrollo sobresale uno: el de la desigualdad de la mujer, presente en mayor o menor medida en todos los países de ese continente, tan lleno de esperanzas y plagado de decepciones.

Pero como en toda regla hay una excepción: las miembros de la etnia kenyana de los kikuyus, notorios por su rebeldía hasta el punto que encabezaron la lucha por la independencia contra el colonialismo británico en la década de los años 50 del pasado siglo.

Toda una cinematografía demonizó a los miembros del movimiento Mau Mau, a los que se presentaba como asesinos inmisericordes de los indefensos colonos británicos que tanto bien hacían a los atrasados nativos, la clásica lectura venenosa contra las fuerzas que demandaban la liberación y el fin de la dominación colonial.

Pero, en síntesis, la voluntad liberadora se impuso y Kenya logró su independencia en diciembre de 1963 con Jomo Kenyatta como su primer presidente.

Esa tradición de rebeldía prendió con fuerza en las mujeres de la etnia kikuyu, cuya característica principal es no sujetarse a lo establecido y, por el contrario, imponerse a sus maridos...por cualesquiera vías necesarias.
Las kikuyus son temibles porque son las mujeres más emancipadas de las comunidades étnicas del país, concluyen los sociólogos.

La realidad es que los avatares de la vida han conformado una personalidad cuyo origen, estiman entendidos, proviene de que esa etnia siempre fue matriarcal y se revuelve contra el patriarcado que les ha sido impuesto, una conducta reforzada con el paso de los años. Ello explica los resultados de una pesquisa que data del 2010, según la cual la inmensa mayoría de las madres solteras en Kenya son kikuyus.

Quien haya vivido en ese continente, tanto en el norte, como en el sur, sabe de los titánicos esfuerzos necesarios para mantenerse a flote sobre todo en países con economías de servicios o basadas en la exportación de materias primas.

Una de las características que más llama la atención es que mientras las féminas atienden los cultivos y los cosechan, las más de las veces con uno o más hijos atados a la espalda, los hombres se dedican a la sastrería u otras actividades menos exigentes en lo físico, cuando no matan el tiempo con sus congéneres sentados a la sombra.

Testimonios de ancianos kikuyus, cuyas opiniones, por tradición, son escuchadas con respeto, concuerdan en que muchas de las mujeres de esa etnia se libraron de las cadenas de la operación mucho antes de la proclamación de la independencia.

Tanto es así que en Kenya no existen testimonios de prácticas culturales opresivas contra las mujeres, ni tampoco existe la poligamia, común entre otros grupos. Eso sí, detestan a los holgazanes.

A pesar de todas las opiniones adversas, por tentar a la suerte o por amor al peligro, algo deben tener de atractivo porque la mayoría de sus compatriotas las prefieren para relaciones casuales a las de la etnia masai, la mayoritaria, aunque a la hora de anudar los lazos, optan por las segundas. (PL)

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