ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Cada integrante confía su vida, con los ojos cerrados, al cuidado de sus compatriotas: de izquierda a derecha, Alberto Ortiz, Sandier Pérez, Milaidis Auty, Yanara Guirola, Roberto Aguilera, y Alexis Ginarte. Foto: de la autora

YARACUÍ, Venezuela.–Si cada misionero nuestro escribiera sobre lo vivido lejos de la familia mientras ayuda a los semejantes en diversos puntos del mundo, nacerían miles de libros que dieran fe de una obra de admirable paciencia, entrega y coraje.

Cada uno de los que encuentro a mi paso tiene historias valiosas que contar. Como regla de oro cierran filas con sus colegas; conforman colectivos que son familias, donde cada integrante confía su vida, con los ojos cerrados, al cuidado de sus compatriotas.  

Una conversación con seis misioneros en el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) «Macario Vizcalla», del municipio San Felipe, corroboró la intensidad con que ellos viven sus días, y los fuertes lazos que nacen súbitamente, como de hermanos.

Alberto Ortiz Rosales, de 27 años, médico diplomado en cuidados intensivos, de Yara, en la provincia de Granma, fue el primero en hablar. Desde hace 34 meses labora en tierra bolivariana. Dijo con orgullo haberse graduado en julio del 2014: «O sea; esta es mi primera experiencia laboral, y no hay dudas de que es única».

Por ser «hijo único, de mamá y papá», Alberto tuvo que aprender a cocinar y a realizar cuanta actividad debe acometerse en una casa. «Aquí no tenía otra familia, solo mis compañeros», recordó. Y en cuanto al trabajo, habló de su profesión como una actividad que exige «actuar de forma ecuánime, porque hay que estar preparado para enfrentar cualquier emergencia, porque la vida de una persona depende de las decisiones que se tomen contra reloj».

Al llegar a Venezuela se enfrentó a enfermedades hasta entonces solo vistas en libros. «Anécdotas hay muchas que contar –dijo–; pero hay una que recordaré de manera particular: un día llegó a mi consulta una paciente. Eran las diez de la noche, traía una lesión de la pared abdominal, era diabética, su vida corría peligro. En aquel momento el salón de operaciones quirúrgicas de San Felipe estaba en reparación y la misión Barrio Adentro en mi municipio no contaba con especialistas en cirugía general.

«La señora no tenía recursos y ya había pasado por otros centros asistenciales desde los cuales la habían remitido a otros lugares. Su estado físico necesitaba una atención urgente. Yo no contaba con un salón de operaciones, ni con anestesista, pero debía actuar con rapidez. Le coloqué entonces un sedante fuerte, y yo mismo drené la infección que era bien grande. La paciente salvó su vida».

Alberto confesó que si algo se aprende en una misión como la suya, es la capacidad para ponerse en el lugar del otro.

También el enfermero emergencista Sandier Pérez García, de 34 años, de la provincia de Cienfuegos, sabe desempeñarse en situaciones complejas y que exigen tomar decisiones sin demora. En sus ocho meses como misionero ha lidiado con enfermedades diversas, con pobreza extrema, con pacientes que nunca habían sido vistos por un médico y mucho menos habían estado en una sala de hospitalización.

Al hablar de gratitud, recordó la alegría de quienes han podido seguir caminando a pesar de haber sufrido una lesión, porque lograron sanar gracias a la entrega de los especialistas cubanos. «Muchos pacientes diabéticos han llegado a la sala –rememoró el enfermero– diciendo no soportar el dolor, no poder caminar. Y se han ido felices. Eso es lo que le da sentido a mi profesión. Me siento humano y muy realizado con mi trabajo; estoy muy agradecido de ser enfermero».

MADRE DE MUCHOS HIJOS

Ayudar a personas que presentan alguna discapacidad, modelar el lenguaje de quienes deben aprender a comunicarse es la labor y la pasión de Milaidis Auty Almenares, santiaguera de 38 años y especialista en Defectología.

Llegan a ella pacientes de todas las edades. Pero los niños conforman un grupo amplísimo que la desvelan y conmueven. «Muchos se acercaron a mí sin hablar –contó–, y ya pueden hacerlo. Algunos me dicen mamá».

–¿Usted tiene hijos?

–Cuatro.

–Cuando regrese a Cuba, ¿qué les contará sobre esta etapa?

–Les diré que nunca dimos un paso atrás, que supimos acompañar a este querido pueblo.

Milaidis podrá compartir muchas historias con sus hijos, como la de un paciente que cuando llegó a ella tenía tres años y medio de edad y no pronunciaba palabra alguna, y que hoy, cuando tiene cinco años, entona canciones infantiles.

OTROS EPISODIOS DE AMOR

Tres meses fueron suficientes para marcar en lo profundo a Yanara Guirola González, de 26 años y licenciada en Optometría y Óptica. De los Arabos, en la provincia de Matanzas, se desempeña como misionera en Venezuela desde hace más de dos años.

Pero no siempre estuvo en el Estado de Yaracuí: su primera temporada, la de los tres meses, fue en el Estado del Delta Amacuro, donde conoció pobreza extrema y vivió experiencias hasta ese momento desconocidas.

Mientras la emoción la embargaba, Yanara recordó el viaje en lancha sobre las bravas aguas del río Orinoco, los rostros de los indígenas, situaciones muy difíciles que le hicieron sacar fuerzas de donde parecía no tener. A pesar de todo, dijo, valió la pena todo el esfuerzo.

El médico fisiatra de 46 años Roberto Aguilera Navarro, de Santiago de Cuba, afirma que lo más hermoso «es cumplir con el legado internacionalista del Comandante en Jefe Fidel, con su humanismo».

Contó que tuvo el privilegio, cuando se graduó como médico en el año 2000, de que Fidel le entregara el título personalmente: «Fue en la primera graduación que se hizo en la Tribuna Antiimperialista. Él me dio el diploma un 13 de agosto, día de su cumpleaños, y yo tuve el privilegio de tenerlo cerca.

Otro miembro de esta familia de misioneros explicó que está aquí para «saldar parte de la deuda que hemos contraído con la humanidad». Alexis Ginarte Osoria, de 60 años, ingeniero agrónomo, lleva 18 meses aquí para compartir experiencias sobre cómo hacer que la tierra dé mucho más.

Es santiaguero de nacimiento y actualmente vive en Guantánamo. Nació en la Sierra Maestra, en la Lata. Estudió agricultura, mundo que, dijo, lleva en sus raíces. «Vine a dar continuidad a la labor internacionalista de Cuba. Yo cumplí misión en Angola, lo cual dejó en mí profundas huellas».

Ginarte habló sobre los 15 motores de la economía que ha echado a andar la Revolución Bolivariana, sobre el modo en que cubanos y venezolanos comparten saberes concernientes a la agricultura urbana que en la Isla se emprende con éxito, con pocos recursos, y con resultados satisfactorios.

Como en una familia, aquí todas las emociones se parecen; y un factor común las convierte en fuerza única: el espíritu de la resistencia y de la esperanza.

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Neli dijo:

1

10 de agosto de 2017

19:52:21


Hola soy misionera también en la hermana Venezuela tengo 28 años y es mi segunda misión en este país..soy estomatologa y mis primeras experiencias profesionales han estado ligada a este país al cual agradezco. Son muchas experiencias que nunca se olvidarán que nos hacen crecer como verdaderos seres humanos .

Yamilet Garcia dijo:

2

11 de agosto de 2017

10:42:47


En efecto.soy medico desde hace 25 años .3 misiones internacionalistas .mucha experiencia a contar para mis hijos y las nuevas generaciones.amo mi profesión,mi familia y mi patria y un día escribiré mis vivencias.