
Para algunos, la historia se regodea en avenidas y reflujos desde la comodidad del juicio, valorando los fenómenos en la distancia y persiguiendo una veracidad rayana en el automatismo.
Así, rigurosa e impredecible, esa historia remeda los augurios de las sacerdotisas que traducían la voluntad de los dioses, y como la divinidad nunca se equivoca, la sentencia guardaba la ambivalencia que garantizaba una certeza casi absoluta.
Sin embargo, existe otra historia, militante, apegada a la dialéctica del cambio, al esfuerzo propio que ubica a la memoria como esa referencia obligada que hace del presente la mejor antesala del futuro, afianzando los valores que distinguen y dignifican, trascendiendo desde la particularidad, haciendo de cada segundo un recurso constante. Estos principios han inspirado por más de 40 años a uno de los íconos de la lucha latinoamericana por los Derechos Humanos: la organización de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
En Argentina la tenacidad y la nobleza tienen nombres de mujer, esas que se alzaron frente al terror y han capeado no pocos temporales por llevar en sí el decoro de muchos, asomadas a la ventana de la ausencia.
Conmemoraron, con el amor de todo un pueblo a sus espaldas, las cuatro décadas ininterrumpidas en que, bajo lluvia, sol y sereno, muchas veces enfermas y adoloridas, caminaron alrededor de la Pirámide de Plaza de Mayo, cual condena callada y fulgurante de espectros vivos que se resisten a desaparecer.
Varias veces les lanzaron policías montados, pero con entereza domaron a las más cerriles cabalgaduras.
La historia premió su lucha, ya no solo con prestigio y la ojeriza eterna de los oligarcas, sino con la confirmación de que no escasea la tinta para más anotaciones en el diario de la vergüenza.
La Corte Suprema argentina declaró aplicable la ley conocida como 2 x 1 en la causa de Luis Muiña, reconocido torturador condenado a 13 años de cárcel en el 2013, según informó la agencia Prensa Latina, abriendo la caja de Pandora para el posible indulto de más de 750 represores de la última dictadura militar, entre 1976 y 1983.
LOS ABOGADOS Y EL DIABLO
La Ley 24.390, también llamada 2 x 1, fue aprobada en 1994, durante la presidencia del tristemente célebre Carlos Saúl Menem, con el pretexto de descongestionar la población penal atiborrada de reclusiones preventivas. En el 2001 fue derogada y sustituida por la 25.430. Ambas leyes coinciden en que la prisión preventiva no puede exceder de dos años, pero si la cantidad de delitos atribuidos al acusado o la complejidad de la causa lo exige, esta puede prorrogarse un año más; incluso, la segunda le otorga a la fiscalía retener la liberación del procesado si se perciben estrategias dilatorias de la defensa. No obstante, la polémica se exacerba en el artículo siete de la 24.390, pues ahí se legisla que, transcurrido el plazo de dos años previsto en el artículo uno, se computará por cada día de prisión preventiva dos de prisión o uno de reclusión, de ahí su nombre 2 x 1.
En otras palabras, este recurso disminuye sobremanera el tiempo de reclusión a establecer en las condenas por delitos de lesa humanidad y hasta lograr la conmutación de esta, contra lo que se manifestaron los dignos magistrados Ricardo Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda.
Otro detalle de la medida es que el beneficio, otorgado después de un largo proceso judicial, puede extenderse también a los condenados antes del 2001, cuando la ley todavía estaba vigente, subrayándose su carácter retroactivo y antiprocesal.
Asimismo, podría reducir la pena o poner en libertad a partícipes secundarios y favorecer a quienes hayan recibido penas menores de 25 años, por el tiempo transcurrido en la cárcel sin condena firme.
Así las cosas, esta decisión demuestra a todas luces la voluntad política de acudir a cualquier argucia para hacer retroceder los procesos y condenas a represores, torturadores y secuestradores de la dictadura.
Esta pretensión estuvo latente en los gobiernos que siguieron a los regímenes de facto tras el paso a la democracia.
Prueba de esto son las leyes de Punto Final (23.492), que hizo caducar la acción fiscal contra quienes habían cometido el delito de desaparición forzada de personas de no presentarse ante el poder judicial antes de los 60 días de promulgada la ley y la de Obediencia Debida (23.521) que exoneraba de culpa a los miembros de las Fuerzas Armadas por debajo del grado de coronel que hubieran cometido delitos durante el Proceso de Reorganización Nacional (dígase dictadura militar), pues actuaban bajo el concepto militar de obediencia debida de los subordinados hacia sus oficiales superiores.
Contra todas las promesas de no dejar impunes los crímenes del Terrorismo de Estado, el presidente Raúl Alfonsín firmó estos estatutos, anulados años después por los gobiernos kirchneristas.
Entre el 7 de octubre de 1989 y el 29 de diciembre de 1990, por medio de diez decretos, Menem indultó a los jefes militares procesados que no habían obtenido las facilidades de Punto Final y Obediencia Debida, a los participantes de las rebeliones carapintadas de Semana Santa y Monte Caseros (1987) así como Villa Martelli, un año después.
También conmutó las penas a tres generales por mala conducción en la Guerra de las Malvinas. Extendió el perdón a los encartados en el Juicio de las Juntas (1985) señalados como los gestores del golpe militar del 24 de marzo de 1976 junto a otros exmilitares enjuiciados por crímenes de lesa humanidad.
Como si eso fuera poco, liberó del castigo a Norma Kennedy y Duilio Brunello, acusados de malversación de fondos públicos, además del ex- ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, contra quien pesaba una condena por delitos de secuestro y torturas, además de ser el ideólogo y ejecutor de la política económica que sustentó la dictadura.
LAS BRUMAS DEL DESPOTISMO
Estela de Carlotto, máxima líder de las Abuelas de Plaza de Mayo, advirtió lapidaria que «el Gobierno quiere borrarnos de la historia para construir la suya». Una historia en que las Madres, las Abuelas, sus Hijos y sus Nietos no tienen cabida, pues constituyen denuncias inquebrantables y una prueba categórica del valor de la resistencia. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo surgieron como sus bebés, exhaladas por un dolor intenso, el que engendra el desasosiego y la zozobra, la búsqueda de respuestas tras el vuelco súbito de las circunstancias. Sus hijos habían cometido el delito de soñar una sociedad mejor, sin expoliaciones ni corruptelas, sin darle el dorso a los poderosos, un lugar de paz y de justicia. El 30 de abril de 1977, cansadas de esperar en vano, marcharon al mismo vórtice.
El estado de sitio les impedía reunirse en un mismo lugar, en grupos mayores de tres y salieron caminando, lentamente, tomadas de la mano, de dos en dos, alrededor de la Pirámide, símbolo de la libertad. Llevaban un pañuelo blanco atado a la cabeza, confeccionado con tela de pañales, evocando a sus retoños detenidos y desaparecidos. Primero clamaban por la aparición con vida de sus hijos, después castigo, memoria y justicia contra los represores.
Desde el mismo 1977 las Abuelas marchaban junto a las Madres, como un mismo bloque, aunque preocupadas también por los nietos que habían desaparecido dentro de los vientres de sus hijas secuestradas. Después de varias acciones, las primeras 12 madres-abuelas se decidieron a luchar por recuperar a los niños que, nacidos en cautiverio, eran entregados a familias adoptivas, relacionadas con los torturadores, para que los criaran bajo falsas identidades.
En 1980 aceptaron el nombre de Abuelas de Plaza de Mayo y tras crear un Banco Nacional de Datos Genéticos y batallar incansablemente en busca de los nietos, el 18 de abril de 2017 se informó del hallazgo del nieto número 122, nacido en 1977 en una de las mazmorras de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
Gracias a la chispa encendida por ellas, así como al liderazgo de Estela de Carlotto, ahora sigue habiendo esperanzas para los más de 300 hombres y mujeres argentinos que todavía no saben sus verdaderas identidades.
La historia, impredecible y caprichosa, ha vuelto a hacer de las suyas. En lugar del descanso, de la sabia remembranza, de la paz, les ha trazado el campo de otra batalla. El mundo mira con sorpresa y la especie humana se estremece ante los límites que se violan todavía hoy en nombre del odio.
Después de 40 años de bregar, la guerra se extiende y las armas se aceitan para una nueva embestida. No sabría decir qué historia pretenden escribir los nuevos cipayos del terror, pero les será muy difícil borrar las líneas más fuertes de la impronta de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, esas que por cuatro décadas han estado signando el honor de lo inalienable: nunca más… memoria, verdad, justicia. La historia es impredecible y caprichosa, pero sigue resistiéndose a olvidar.














COMENTAR
Matu dijo:
1
8 de mayo de 2017
04:09:47
Guillermo Respondió:
10 de mayo de 2017
22:02:22
Fernando Acosta Riveros dijo:
2
8 de mayo de 2017
13:57:48
Hector Bonnet dijo:
3
8 de mayo de 2017
14:03:46
Guillermo Respondió:
10 de mayo de 2017
22:03:34
leonardo dijo:
4
8 de mayo de 2017
19:13:03
Leonardo Castañeda dijo:
5
8 de mayo de 2017
20:16:00
Responder comentario