La causa palestina vuelve a ser por estos días foco de atención en la palestra mediática de las principales fuentes de información internacionales, pero no por buenas razones. Y es que Estados Unidos, quien hasta la fecha intentaba mantener su papel «negociador» entre las partes en conflicto, dígase el gobierno sionista y Palestina, ha decidió tomar partido públicamente a favor de Israel.
Donald Trump ya lo había prometido en su campaña presidencial en repetidas ocasiones: «trasladaré la embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, la capital eterna del pueblo judío».
Actualmente la capital israelí es Tel Aviv y así es internacionalmente reconocida, pero el gobierno de ese país declaró Jerusalén como su capital «única e indivisible».
La comunidad mundial no aprueba esta posición porque la parte oriental de la ciudad, según el derecho internacional, es la capital de los palestinos, aunque está ocupada por los israelíes como resultado de la guerra de 1967.
El hecho de que EE.UU. mude su sede diplomática a Jerusalén es un claro ejemplo de injerencia en la región y un intento de dinamitar las negociaciones que iniciaron la semana pasada en Francia, luego de estar en punto muerto desde el 2014.
El pueblo palestino reclama en cada oportunidad en la arena de debate internacional, una y otra vez, el derecho al retorno para los refugiados, la liberación de sus presos políticos, el cese de la ocupación por los colonos y el ejército sionista, el regreso de las fronteras de 1967, y quizá la más importante, la creación de un Estado independiente con Jerusalén Oriental como capital.
Estados Unidos, por su lado, sistemáticamente usa su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU en favor de Israel y en contra de estas justas reclamaciones del pueblo palestino, al tiempo que públicamente incentiva el diálogo entre las partes.
El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, reafirmó su rechazo a este posible traslado de la casa diplomática, al recordar que esta ciudad es parte de los territorios ocupados.
«Advertimos a todas las partes contra iniciativas unilaterales, contra cualquier incentivo a la ocupación», dijo Abás al intervenir en la 34 sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Saeb Erekat, quien durante años ha liderado el proceso negociador con Israel por parte de Palestina, cree que si Trump cumple su palabra, supondría una puñalada en el corazón de los palestinos, por lo que los analistas de la zona entienden que prendería la mecha de más indignación, humillación y violencia. El riesgo de disturbios o de una nueva intifada sería alto, puesto que habría poco que perder.
El embajador palestino en la ONU, Riad Mansour, expresó que si se lleva a la práctica esto, lo que él clasifico de «ataque directo», nadie podrá culpar a su Gobierno de «usar todas las armas que tiene a su alcance en Naciones Unidas y otros organismos internacionales».
«Tenemos un as en la manga: la posibilidad de llevar a Israel ante la corte por crímenes de guerra», concluyó.
Además, existe un alto riesgo de disturbios en solidaridad con los palestinos. El pasado domingo, Abás y el rey Abdalá de Jordania conversaron y elaboraron, según los medios locales, una lista de medidas que pueden tomar si Trump traslada la embajada finalmente.
Solo queda esperar y ver. Si finalmente Trump decide aprobar la petición y la sede diplomática cambia de ciudad, seguramente generará conmoción en la región, con un alcance que puede ser impredecible.














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Miguel Angel dijo:
6
1 de abril de 2017
03:47:57
Miguel Angel dijo:
7
1 de abril de 2017
09:51:36
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