Hoy se reanudan en Astaná, capital Kasaja, las conversaciones intersirias, terceras de su tipo, con una meta clara, facilitar las negociaciones entre los actores de un conflicto que acumula ya casi seis años de muertes y destrucción del patrimonio histórico y cultural de Siria.
En la ciudad se darán cita desde hoy y hasta mañana representantes del gobierno y la oposición siria, además de los enviados de los países garantes, Rusia, Turquía e Irán y observadores Estados Unidos y Jordania.
ACUERDOS Y DESACUERDOS
Hasta la fecha, luego de dos citas en Kazajistán y una bajo auspicios de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, en lo único que las partes parecen coincidir es en la necesidad de continuar con estas conversaciones para desarrollar una estrategia que encamine al país hacia la paz y en la no negociación con las células extremistas y los grupos terroristas asentados en la región.
Pero aún persisten hondas diferencias derivadas sobre todo de que tanto los grupos no gubernamentales como la coalición de occidente que combate a los grupos terroristas liderada por EE.UU. demandan un cambio político a Damasco.
Los opositores han dejado claro en las anteriores rondas de conversaciones que la transición política en Siria se traduzca en la salida del ambiente político nacional del presidente constitucional Bashar al Assad, postura que obviamente el gobierno considera inaceptable, bajo el argumento de que solo el pueblo puede tomar tales decisiones.
Por otro lado, el gobierno sirio reclama que se priorice la lucha contra el terrorismo promovido desde el exterior y la presencia en la mesa de diálogo de una representación unificada de la oposición, sin injerencia ni imposiciones.
CONVERSACIONES EN UN CLIMA TENSO
La prensa local siria publica a diario reportes y estadísticas de violaciones del alto el fuego vigente desde finales de diciembre en el país levantino, haciéndolo ver débil a pesar de la creación conjunta de un Mecanismo de Control para el Alto al Fuego entre los países garantes.
Por otro lado, EE.UU. hasta el momento había limitado sus tropas terrestres a unos 500 comandos en Siria, cuya labor era simplemente entrenar y asistir a las fuerzas de la alianza árabe-kurda que lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico, pero esta semana hubo un giro de la situación cuando de manera inesperada aumentó su presencia militar y envió una batería de artillería del Cuerpo de Marines compuesta por más de 100 activos a la ciudad de Raqqa.
Desde el inicio de las conversaciones EE.UU. mostró una posición colaborativa al diálogo pero ha dejado claro en reiteradas ocasiones que actuarán de manera egoísta en lo concerniente a la protección y promoción de sus intereses.
Por otro lado, las tensiones existentes entre EE.UU., miembro observador e Irán, garante, también amenazan contra el éxito de las pláticas.
Justo ayer altos funcionarios del gobierno iraní hicieron público que el sistema de defensa antiaérea iraní Bavar-373 se encuentra en etapa de pruebas.
Varios analistas coinciden en que esta aseveración podría ser una respuesta a las declaraciones anti-iraníes hechas por el presidente estadounidense Donald Trump.
A todo esto se suman las declaraciones de hace algunos días de Anas al Abde, jefe de la Coalición Nacional Siria, principal componente de la oposición cuando dijo: «Iremos para discutir una solución política (…) pero nada se resolverá mientras Assad siga en el poder».
A pesar de los desacuerdos y del tirante contexto en el que iniciarán las consultas, existen tres puntos claves sobre los cuales las partes deberán debatir: el proyecto de la nueva Constitución siria, la continuación y fortalecimiento de la tregua y sobre todo facilitar los diálogos entre las fracciones en conflicto.














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