ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Cuando esta mañana de septiembre las calles, carreteras, guardarrayas y caminos vecinales cubanos sean invadidos por niños y niñas con pañoletas azules o rojas o recién estrenados en círculos o escuelas primarias; adolescentes con uniforme de secundaria, tecnológicos o preuniversitario, y otros muchos miles que suben escalinatas o se adentran en alguna de las decenas de universidades cubanas, el orgullo de vivir en esta Isla hace más vital y esperanzadora nuestras vidas.

Así contemplo a mi país y recurro a diversas fuentes de información internacional, en busca de las realidades de este septiembre para millones de menores y otros tantos adolescentes y jóvenes, que desgraciadamente se debaten entre el hambre, la miseria, las más variadas enfermedades y la falta de medicamentos; las guerras y la migración; la trata y la explotación sexual; entre otros muchos flagelos.

No tengo vocación apocalíptica ni desconfianza en el presente y el futuro de la humanidad. Sin embargo, cuando conozco que cada 15 segundos muere de hambre un niño en el mundo; o que un menor se convierte en kamikaze y se inmola acabando con su vida y la de decenas de otros seres humanos, no puedo menos que mostrar la incertidumbre ante quienes constituyen el presente y el futuro por lógica generacional.

O será que es el porvenir el que peligra de continuar la sociedad arrastrando tantos lastres letales a consecuencia del hambre, las enfermedades, el cambio climático o las guerras.

Niños y jóvenes constituyen hoy una verdadera incógnita cuando analizamos reportes de organismos internacionales o despachos noticiosos de diversas agencias de prensa.

Una revista especializada como The Lancet asegura que no menos de tres millones de niños mueren cada año debido al hambre.

Mientras, un reporte de Europa Press recuerda que en el mundo hay 21 millones de víctimas de trabajos forzosos, de los cuales 11,4 millones son mujeres y niñas y 9,5 millones son hombres y niños.

El 98 % de las 4,5 millones de víctimas de la explotación sexual son mujeres y niñas, de acuerdo con un informe de la Organización Internacional del Trabajo.

Al respecto Notimex reportó que el negocio infantil se incrementó a nivel mundial en los últimos años, mientras que un 27 % de las víctimas del comercio humano son menores y jóvenes, de los que dos terceras partes son del sexo femenino.
Por su parte el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en un reciente informe citado por IPS, señala que los pequeños víctimas de redes de trata de personas, sufren abusos sexuales, son mutilados, asesinados para extraerles órganos y reclutados como soldados o esclavizados de alguna otra manera.

El propio documento cita un pronóstico hasta el 2030, según el cual 69 millones de criaturas morirán por causas que, en gran parte, podrían prevenirse, 167 millones serán pobres y 263 millones no irán a la escuela.

Y aquí me detengo: ¡263 millones de niñas y niños no asistirán a la escuela dentro de 14 años! No existe una vejación mayor que la de negar el derecho a estudiar a quienes serán o ya son, los artífices de las sociedades que se construyen. O es que el sistema imperante en la mayor parte del mundo prefiere una sociedad de analfabetos para hacer valer su sometimiento a las reglas del capital que imponen un poco de privilegiados multimillonarios.

La  UNICEF recuerda que África subsahariana sufre la peor parte: dos de cada tres menores viven en una pobreza multidimensional, privados de lo esencial que necesitan para sobrevivir y desarrollarse, y casi el 60 % de los jóvenes de entre 20 y 24 años solo asistieron a la escuela cuatro cursos como promedio.

De mantenerse la tendencia actual, la región africana concentrará casi la mitad de los 69 millones de niños que en el 2030 morirán antes de los cinco años por causas prevenibles. También serán africanos más del 50 % de los 60 millones de menores en edad escolar que no acudan a la escuela.

Al respecto, Ban Ki-moon, secretario general de la ONU ha dicho que “los niños y las niñas siguen sufriendo torturas, mutilaciones, abusos sexuales, hambre y son asesinados en conflictos armados”.

En relación con la situación de jóvenes y adolescentes, el panorama también compromete el presente y el futuro. De acuerdo con Azita Berar Awad, directora del departamento de Políticas de Empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “en la actualidad, alrededor de 70 millones de jóvenes buscan trabajo y 160 millones trabajan, pero son pobres. Estos números representan una enorme pérdida de potencial y pone en riesgo la cohesión social”.

Aunque el fenómeno del desempleo juvenil resulta endémico en muchas naciones del Tercer Mundo, se ha convertido en una pesadilla, principalmente en naciones desarrolladas de Europa donde, como en el caso de España, Portugal y Grecia, alcanza cifras extremadamente altas, en algunos casos superiores al 34 % de parados entre la masa juvenil, la misma que egresa de los centros educacionales, convertidos en profesionales y tienen que emigrar en busca de trabajo.

Niños y jóvenes, esos que por lógica de la vida tienen que ser la garantía del futuro de la humanidad, han sido convertidos en una incógnita a consecuencia del hambre, las guerras, la trata infantil, incluida la prostitución y la extracción de órganos, y más recientemente la explosión de migrantes, muchos de los cuales mueren al tratar de cruzar mares y fronteras inhóspitas, como refugio que les pueda salvar su existencia.

Septiembre, como vemos, resulta diferente en un mundo donde precisamente son las diferencias, las que flagelan el derecho a la vida de millones de sus hijos.

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