
Un total de 61 senadores aprobaron la destitución de su cargo de la presidenta Dilma Rousseff y consumaron así el golpe parlamentario contra la mandataria constitucional de ese país. Con 61 senadores a favor, y 20 en contra, de 81 en total, la destitución de Rousseff es un hecho.
La votación final sobre el juicio político estuvo dividida en dos rondas, una para decidir sobre la destitución de la mandataria, y otra sobre la inhabilitación política por un lapso de ocho años.
El presidente interino Michel Temer permanecerá al frente de Brasil hasta el 1 de enero de 2019, más allá de la poca popularidad ante la implementación de políticas económicas profundamente marcadas por recortes presupuestarios y privatizaciones de servicios y beneficios para el ciudadano común.
Rousseff fue suspendida de sus funciones el pasado 12 de mayo, por presunta manipulación de las cuentas públicas en 2014 (año de su reelección) y a inicios de 2015. Sin embargo, muchos han catalogado el proceso llevado contra la mandataria constitucional como un golpe blando.
El premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel dijo: “Los golpes blandos ya se pusieron en práctica en el continente en países como Honduras (con Manuel Zelaya) y Paraguay (con Fernando Lugo). Ahora, la misma metodología, que no necesita a las Fuerzas Armadas, se está utilizando aquí en Brasil”, manifestó.
Durante el proceso, se filtraron grabaciones secretas en las que se desprendía la premisa de que el impeachment solo fue un intento de frenar las investigaciones del megaescándalo de corrupción en la estatal Petrobras, que golpeó tanto al partido de Rousseff como al de Temer.
En diciembre de 2015 el proceso fue abierto, y luego de recolección de pruebas y presentación de testimonios por parte de una comisión especial del Senado; Rousseff fue hallada culpable y destituida definitivamente por más de 54 votos.
Por su parte, el abogado de defensa de Rousseff, José Eduardo Cardozo, ha calificado el proceso judicial como “una gran farsa” y un golpe contra la democracia.
Movimientos sociales y políticos, activistas y sectores de la sociedad civil acusan al líder del Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de golpista y de retrógrado, por echar marcha atrás las reivindicaciones sociales alcanzadas por los más desfavorecidos, refrendadas por los líderes del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula Da Silva y Dilma Rousseff.

















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Julio S. López Cuesta dijo:
1
31 de agosto de 2016
14:31:21
Amigo Respondió:
31 de agosto de 2016
17:05:17
Felix Enrique Respondió:
31 de agosto de 2016
17:18:55
Lázaro Tito Valdés León dijo:
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31 de agosto de 2016
15:40:19
Mario Martínez López dijo:
3
31 de agosto de 2016
16:19:15
Abeld dijo:
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31 de agosto de 2016
17:21:19
Camila Mayo Respondió:
31 de agosto de 2016
22:04:21
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