ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Más de 160 millones de niños menores de cinco años tienen una altura inadecuada para su edad, debido a una alimentación insuficiente. Foto: TELESUR

La esperanza que sin duda resurgió a partir de los logros alcanzados a través del seguimiento a los Objetivos de Desarrollo del Mi­lenio (ODM), dejó el camino abierto para que los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus 169 metas, se parezcan más a un sueño posible que a una utopía.

La disminución en más de la mitad de la cantidad de personas que viven en pobreza extrema desde el año 1990 hasta el 2015, el incremento de los niños que acceden a la enseñanza primaria y el hecho de que la tasa mundial de mortalidad de menores de cinco años haya disminuido también en más de la mitad durante este tiempo; hablan de todo lo que es posible alcanzar.

Y parecería que es fácil lograrlo, si juzgamos únicamente por el hecho de que los ODS fueron aprobados por los 193 países miembros de la ONU, lo cual entrañaría un compromiso con su cumplimiento. La voluntad política de los gobiernos —y Cuba es un excepcional ejemplo de ello— es uno de los baluartes imprescindibles para la consecución de estos propósitos.

Nuestro país ha demostrado que en condiciones de subdesarrollo, con un férreo bloqueo económico, comercial y financiero apretando fuerte en la garganta, enfrentando como cualquier otra nación —o más— las consecuencias de las crisis económicas, el azote de fenómenos naturales y otros contratiempos; ha sido posible, sobre todo a fuerza de voluntad, conquistar parámetros de calidad de vida que hoy están muy distantes para millones de personas en el planeta.

La voluntad es clave, y aun así, no es lo único que se precisa.

Pueden los gobiernos de las naciones estar de acuerdo en la necesidad de poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición; promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible; el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, por solo citar algunos ejemplos; son demasiados los intereses que hay que poner de acuerdo para lograrlo, especialmente cuando se involucran asuntos económicos.

Un reparto más equitativo de la riqueza no es precisamente la prioridad para el 1 % más rico de la población mundial, que posee más que el 99 % restante de las personas del planeta; y que, a partir del apoyo financiero a proyectos políticos, muchas veces termina comprometiendo esa voluntad necesaria a la que hacíamos alusión anteriormente.

Hay cifras que ponen en evidencia cuán distantes estamos de lo que se precisa. La propia ONU recogía en su informe sobre el cumplimiento de los ODM que la asistencia oficial para el desarrollo por parte de países desarrollados había aumentado en un 66 % en términos reales entre los años 2000 y 2014, alcanzando los 135 200 millones de dólares. Sin embargo, el informe del Ins­tituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo señala que los gastos militares en el mundo durante el 2014, aun cuando estos se redujeron, constituyen el 2,4 % del PIB mundial, con 1,77 billones de dólares.

Que se emplee más dinero en una maquinaria de guerra que invariablemente conduce a la pérdida de miles de seres humanos, que en cambiar las condiciones de vida de la humanidad es solo una parte de ese gran rompecabezas, en el cual se suman otros absurdos como el hecho de que bajen los precios de los alimentos y estos sigan siendo inalcanzables para muchos, o que se estime que 21,8 millones de lactantes de todo el mundo aún no reciban las vacunas básicas, cuando estas existen.

Fuente: informe de la ONU sobre el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio

El capitalismo es el principal enemigo que tiene la Agenda 2030 del desarrollo sostenible, pues es un sistema diseñado para el egoísmo y la desigualdad, no para la solidaridad. Las transnacionales y los ricos continuarán defendiendo con uñas y dientes el espacio que han alcanzado, es por ello que mientras más ambiciosos —para bien— sean los propósitos trazados por la ONU, mayores obstáculos encontrarán para su concreción.

El respeto a las decisiones soberanas de cada nación es uno de los principios que sostiene a las Naciones Unidas, de modo que para llevar adelante los ODS, tendrá que, como nunca, convertirse en un centro que armonice los esfuerzos.

Pero tendrá sobre todo que convencer de que no se trata solamente de desarrollo, sino de supervivencia. Debe hacer entender que el ritmo de producción y consumo del mundo de hoy pone en riesgo el único planeta que tenemos; y que, cuando hablamos de combatir el cambio climático y sus efectos, o de proteger los ecosistemas terrestres y los océanos, no hablamos de algo que solo afecta a las naciones pobres, o que discrimina de acuerdo con el dinero en nuestros bolsillos.

Y es supervivencia de la especie también, porque el mundo no será nunca el mismo si dejamos morir una parte de la humanidad por la desidia.

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cesar valdivieso dijo:

11

5 de septiembre de 2017

15:44:23


Saludos. SALVEMOS AL MUNDO, DISEÑEMOS UN NUEVO MODELO DE SOCIEDAD. Si queremos construir una sociedad mundial que sea sostenible en el tiempo, debemos llevar su diseño a los extremos requeridos por la gravísima situación ambiental y social planteada en la actualidad, cuyo empeoramiento puede culminar en la destrucción de la especie humana. La solución para esta problemática potencialmente aniquiladora de nuestra “civilización”, representada por las guerras, las hambrunas, la explotación del hombre por el hombre y la destrucción del ecosistema, nunca llegará como resultado de aplicar simples paliativos dentro de un sistema de cosas esencialmente malo, por muy bien intencionados que éstos sean. Nuestra idea consiste en esbozar un prototipo de sociedad ideal realista y factible que rompa con los defectuosos parámetros actuales, y cuya difusión propicie la realización de cambios en el orden mundial establecido hasta que se logre la instauración en todo el planeta de un estado de bienestar generalizado y permanente. Este novedoso modelo de colectividad estaría representado por una ciudad sostenible y autosuficiente, que sería exhibida en forma de maquetas, video juegos, historietas, producciones fílmicas y parques temáticos, la cual poseería, entre otras, las siguientes características : Uso prioritario de materiales y tecnologías de punta amistosos con el medio ambiente; autosuficiencia tecnológica total; limitación del crecimiento económico y poblacional; supresión de la manipulación proveniente de factores de poder económicos, religiosos y políticos; desaparición de toda forma de reverencia entre seres humanos; eliminación del dinero en efectivo; gratuidad total de la salud y la educación; verdadero respeto a las libertades; y democracia real. En concreto, la convocatoria es para diseñes por tu cuenta un conglomerado urbano con esas características y la compartas con la humanidad, o te unas a nosotros en nuestro sitio web https://elmundofelizdelfuturo.blogspot.com/ donde estamos trabajando en ese sentido. Atentamente, César Emilio Valdivieso París