ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Dra.Mayrelly Manzano (izquierda) y los licenciados en enfermería Luis Peruyero y Arysleida Rosales, trabajando en la Unidad de Terapia Intermedia del Hospital General de San Fernando. Foto: Cortesía de la Brigada Médica

TRINIDAD Y TOBAGO.—Después de Puer­to España es San Fernando la ciudad de mayor importancia en la Isla de Trinidad, y no puede mencionarse sin que acto seguido alguien te interpele y diga: “allí bien cerca está el lago de La brea”, que viene a ser uno de los cinco depósitos naturales de asfalto más grandes del mun­do.

Con una profundidad media de 80 metros en su centro y una extensión de alrededor de 0,47 kilómetros cuadrados, el Pitch Lake, co­mo se nombra en inglés, se sitúa cerca de la costa sudoeste de la isla de Trinidad, en la localidad llamada La Brea, y aunque le dicen lago, nada tiene que ver con ello por sus curiosas características.

Dicen que en ese pueblo las aceras parecen estar hundiéndose en el suelo y que la alineación de las casas es irregular, como si fueran a desplomarse por su propio peso. Dicen también que la superficie de este lago es “sólida”, aunque accidentada, y que si no se dejan parados mu­cho tiempo en el mismo sitio, podría soportar sin dificultad el peso de un camión y otro equipo pesado.

Registros históricos dan cuenta de que el explorador británico Walter Raleigh echó an­clas allí en 1595; y aunque el lago se en­cuentra hoy en una depresión del terreno, en aquel entonces se hallaba en una llanura y de él fluían corrientes de asfalto hasta la costa. Ra­leigh se valió de este material para sellar las juntas de sus barcos, y dijo al mundo que era “de una calidad excepcional. No se derrite con el sol, como la brea de Noruega, por lo cual resulta muy provechoso para los barcos que navegan hacia el sur”, aseguró.

Pero fue con el descubrimiento de su utilidad para la pavimentación que el asfalto del lago de La Brea cobró verdadera importancia. En 1876 hubo ingenieros que lo recomendaron para usarlo en la avenida Pen­sil­vania, Was­hington, D.C., la cual a pesar del tránsito pesado, se mantuvo en buen estado durante 11 años. Ello contribuyó a afianzar la reputación del asfalto de Trinidad, que ha dado muy buenos resultados en las carreteras sometidas a temperaturas superiores a 40 °C en verano e inferiores a 25 °C bajo cero en invierno, así como en las pistas de los aeropuertos, a pesar de la tensión que soportan debido a los constantes despegues y aterrizajes.

Comentan además que es lo singular de su mezcla lo que permite que este asfalto aporte a las superficies resistencia, durabilidad, estabilidad y propiedades antideslizantes, así co­mo un acabado gris mate que facilita la visibilidad nocturna. Es una composición especial de químicos que lo hace sumamente viscoso y cementoso, y con propiedades termoplásticas, que lo hagan ablandarse y fluir con el calor, y endurecerse nuevamente al en­friarse.
 

El lago de Brea tiene una profundidad media de 80 metros en su centro y una extensión de alrededor de 0,47 kilómetros cuadrados. Foto: tomada de Internet


OTRA MEZCLA SINGULAR

Los trinitarios están orgullosos de su asfalto, y de este yacimiento del cual se calcula se han extraído más de 9 000 000 de toneladas desde fines del siglo XIX y que quedan otros 10 000 000, lo que, con el consumo actual, alcanzaría para 400 años.

Pero no son los únicos que mencionan este lugar como quien describe una maravilla. Por­que hoy en Trinidad y Tobago, y por su­puesto, allí bien cerca del Lago de la Brea, en San Fernando, trabajan y se mezclan con este pueblo del Caribe 48 colaboradores de la salud cu­banos, entre los cuales 18 son médicos y 23 enfermeros.

Y de esta otra alianza, aún más fuerte porque es la que salva vidas, nos habla la doctora Niorvis Martin, del hospital Agostinho Neto de Guantánamo, especialista en 1er. grado de neurología y máster en urgencias médicas, quien lleva ya un año y tres meses en esta isla, y es la jefa de la brigada médica en la región de San Fernando.

“Cuando llegamos acá había déficit de casi todas las especialidades de medicina General integral, terapia intensiva, Pediatría, Onco­lo­gía, cardiología, ginecología, Medicina Inter­na, neurofisiología…” De esta última comenta que no existía ningún especialista, aun cuando tenían un departamento, cerrado du­rante casi dos años, con todo el equipamiento en su interior para desarrollar esta especialidad. “No contaban con el personal para po­nerlos en marcha. Fue con la llegada de la brigada que empezaron a fluir al hospital los pacientes necesitados de estudios de este tipo, los cuales son muy costosos en el sector privado”.

Para la doctora Martin, este fue un paso de avance, “un escalón alto a subir porque los estudios neurofisiológicos los necesitan los ortopédicos, los neurocirujanos, los clínicos, los neurólogos y los reumatólogos. Al principio, ellos quizá no sabían todo lo que se podía lograr realizando estas pruebas, de las cuales se obtiene un elevado por ciento de diagnóstico para en­fermedades neurológicas y neuroquirúrgicas. Ahora tanto los médicos cubanos como los trinitarios se han integrado a este departamento y constantemente recibimos indicaciones de los propios profesionales de este país, lo cual de­muestra la confianza en nosotros”.

“Este es un país de alrededor de un millón 600 000 habitantes, pero que tienen muchas enfermedades neurológicas. Las epilepsias por ejemplo, son muy frecuentes en pacientes de edad avanzada, así como la trombosis de seno venoso, la cual se aprecia en personas de cualquier edad, de causa vascular o por infecciones secundarias; u otros padecimientos mostrando manifestaciones neurológicas como la amiloidosis o el lupus eritematoso sistémico, que han sido diagnosticados justamente por los profesionales cubanos”, refiere la especialista.

Los médicos y enfermeras de nuestro país saben de la importancia de la prevención, porque es esa la verdadera medicina, y por ello insisten en transmitir esta experiencia. “Aquí he­mos tenido que trabajar además con los facto­res de riesgo, porque hay un alto índice de obesidad, hipertensión, diabetes, debido a los malos hábitos de alimentación. Los profesionales trinitarios han aceptado esta información y han aprendido. Nosotros tenemos ahora dos epidemiólogos desarrollando un protocolo para las enfermedades cardiovasculares, de alta incidencia en la población, con todo el arsenal de factores de riesgo; el cual se va a tratar de llevar a toda la población de San Fer­nando, para lograr además que el médico que trabaje en los Health
Center (centros de salud) sea capaz de hacer todas estas encuestas y planificar su trabajo en la comunidad”, explicó.
Para la doctora Marelly Manzano Serrano, de Matanzas, especialista de 1er. grado en Me­dicina Interna y 2do. grado en Terapia In­ten­siva y Emergencia, trabajar en el servicio de la terapia intensiva del Hospital General de San Fernando ha sido un valioso reto en su condición de ser además la única intensivista que tiene la brigada en este hospital.

“Es una institución muy grande, con servicios de maternidad, pediatría, intervenciones quirúrgicas, y donde hay muchos pacientes que demandan los cuidados de la terapia in­tensiva. Desde nuestra llegada hemos atendido en la sala de terapia intermedia más de 1 200 pacientes y en la intensiva más de

500, además de las interconsultas a las pacientes en salas abiertas y emergencia”.
Preguntamos entonces del vínculo con los especialistas del hospital. “Intercambiamos mucho sobre la interpretación o cómo diagnosticar las diferentes patologías, tener la idea del diagnóstico solo con hacer el examen físico, lo cual no es lo más frecuente aquí. En­tonces ya les he enseñado que lo primero es auscultar al paciente, mirarlo, tocarlo, palparlo, y tener una idea de qué patología tiene y luego llegar a una conclusión con los medios diagnósticos. Se utiliza mucho la tomografía, por ejemplo, y son muchas radiaciones innecesarias, cuando con solo el método clínico ya puede formarse un criterio de la patología”.

“Me siento feliz, realizada, porque ha sido un intercambio de trabajo donde ellos han aprendido y yo también. Reconocen el trabajo de los doctores cubanos porque dicen que so­mos trabajadores, humanitarios, sencillos… En estos países la distancia entre médico pa­ciente se nota un poco, y nosotros tratamos de acercarnos, con mucho amor tratamos a la gente y eso las personas lo reconocen”.

No difiere en ello el doctor Gabriel González Jiménez, especialista de 2do. grado en Gine­cobs­tetricia, con más de 40 años de experiencia y el único que tiene la brigada médica cubana en esta isla.

El hospital de San Fernando, refiere, tiene más de 5 000 partos al año y es una de las ma­ternidades más grandes del país. Aquí, cuenta, los colaboradores cubanos han tenido que enfrentarse a las consecuencias de un sistema de salud con una atención prenatal que no está lo suficientemente consolidada, lo cual hace que muchas veces las embarazadas lleguen de manera tardía presentando malformaciones en el feto, y es frecuente además la diabetes.

“Falta estructuración en los servicios de ultrasonidos, las consultas especializadas de la red cardiopediátrica, hay una gran multiparidad (varios partos) en las pacientes de riesgo y no existe un espacio intergenésico entre un embarazo y otro, por ejemplo”. Es por ello que los médicos cubanos aquí se empeñan además en entrenar a ginecólogos y obstetras para arribar a mejores diagnósticos y poder evaluar los casos que pudieran presentar mayores complicaciones, refiere.

Más de un año en esta tierra le permite asegurar, además, que es un pueblo agradecido, y la muestra es cuando se acercan y dicen: “Quie­ro ver al médico cubano”.

Son apenas algunas pinceladas de la labor de nuestros médicos en una isla, en una región, de la cual podría decirse ha sido doblemente bendecida.
Porque así como el asfalto en el lago de La Brea ha penetrado en miles de casas, calles y edificios en el mundo, los médicos cubanos, en San Fernando, han conquistado el corazón y la gratitud de mucha gente.

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