
Los Alpes suizos, en particular Davos, hacen gala mundialmente de su atractiva belleza matizada con la realización de deportes de invierno y, en enero de cada año, sede de un singular encuentro donde se dan cita, entre otros, los más acaudalados hombres de negocios, algunos jefes de Estado, empresarios de primera línea y uno que otro artista que se pueda pagar su participación.
Los organizadores del Foro reconocen que nunca Davos ha sido pensado como un evento accesible a las masas, por eso no es de extrañar que la tarifa anual para formar parte de su membrecía se ha elevado a 673 000 dólares.
Debe resultar, además de frío, decepcionante, que cuando se realizaba esta 45° edición del Foro Económico Mundial de Davos, distintos estudios advierten sobre la creciente brecha entre ricos y pobres junto a un galopante desempleo que caracteriza al mundo de hoy y no dejan de ser la perspectiva para el mañana.
El pasado año 2014 el uno por ciento más rico poseía el 48 % de la riqueza mundial, mientras que el 99 % restante tenía que compartir el 52 % de esos recursos.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) informaba, un día antes del comienzo de la reunión en Davos, que el desempleo mundial supera los 201 millones de personas y advirtió que en el 2019 la cifra se ubicará en 212 millones.
El propio informe de la OIT especifica que desde el año 2008 se han perdido 61 millones de puestos de trabajo.
Lo más dramático de esta situación es que son los jóvenes los más perjudicados y actualmente 74 millones de ellos están desempleados.
De acuerdo con la agenda, en la cita suiza se pasó revista a la ascendente crisis que afecta la economía mundial, sus componentes financiero, energético, alimentario y ambiental, entre otros.
Tampoco pudo ser ignorado lo relacionado con los precios de las materias primas y la baja en un 50 % de la cotización del petróleo.
Para todas esas problemáticas y para cada una en particular, Davos no aportó solución alguna, más que todo porque los ricos tratarán de seguir aumentando sus riquezas y los pobres, ni están invitados al Foro ni pueden siquiera acercarse por allí para que alguien hable a nombre de ellos.
Vale recordar que solo los 80 hombres más ricos del mundo tienen un capital superior al de 3 500 millones de personas. Esa aplastante verdad supera cualquier ficción en cuanto a un mundo en el que todos somos iguales.
Pero esta vez también Davos estuvo signado, en el primer día del encuentro, por el componente ucraniano, no económico ni financiero, sino como show propagandístico antirruso.
Uno de los primeros en arribar a la fría región suiza fue el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, de quien los despachos de prensa no aclaran si asistió como mandatario o como “rey del chocolate”, apelativo ganado por su multimillonaria fortuna.
Luego de hacer un ejercicio mediático, acusando a Rusia de haber invadido el territorio de su país, Poroshenko salió hacia Kiev para dirigir la guerra que lleva contra sus conciudadanos en la región de Lugansk.
Pero en Davos continuó el Foro, mientras el mundo conocía lo aparecido en la revista estadounidense Forbes, donde se dice que los multimillonarios han incrementado su riqueza a un ritmo más rápido en el último cuatrienio.
En muchos casos, estas personas, además de sus grandes negocios, influyen en sus lobby para determinar sobre políticas de gobiernos. Tanto en Estados Unidos como en Europa, esta minoría rica ha llegado a invertir hasta 550 millones de dólares en un año para financiar campañas políticas.
De eso no se habló en el Foro de Davos que concluyó; mientras el hielo continúa colmando los Alpes suizos, el mundo sigue su ritmo y el “rey del chocolate” regresó a Ucrania, donde en los últimos días han muerto cientos de personas —no de frío, sino por la metralla.
Otra noticia reciente refiere que Grecia eligió un nuevo primer ministro, cuando el voto por el partido de izquierda Syriza fue la respuesta del pueblo a tantos años de neoliberalismo y políticas de austeridad que han llevado a millones a la pobreza.
En sentido contrario, quizá esta última semana, luego de la reunión en Suiza, otros cuantos millones de dólares han engrosado los bolsillos ya abultados de los potentados que estuvieron presentes en esa cita.
Todo ello nos lleva a la conclusión de que Davos es un foro frío, frío… y sin soluciones para los acuciantes problemas que afronta la humanidad.














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Francisco Valdés Medina dijo:
1
31 de enero de 2015
08:18:44
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