ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
En todo el mundo los jóvenes reclaman una educación gratuita y de calidad. / Foto: EFE

Las universidades en el mundo, además de constituir ejes de conocimiento y desarrollo económico de los países, significan hoy un negocio que pone barreras al progreso de muchas naciones, sobre todo al cierre del 2013.

Existe una paradoja complicada referente a las universidades en el orbe, en particular las latinoamericanas, y se refiere a que por una parte deben ser ejes de cultura, conocimiento y desarrollo de los países, cuando en la actualidad cada vez más son un negocio.

En particular en Latinoamérica los estudios superiores se constatan como tradicionalmente elitistas, lo que admiten rectorados de muchas de ellas.

Los principales impactos dolorosos para los estudiantes, los que logran terminar estudios a ese nivel, está en las deudas acumuladas y el desempleo profesional, mientras los claustros constituyen cada vez más un jugoso negocio por las altas cifras a pagar, tanto en el tema de los ingresos, como en libros.

Estos problemas llevan a muchos economistas a preocuparse por el tema de si la educación debe ser gratuita o continuar por la senda del dinero, tal y como lo reconoce BBC Mundo en una de sus ediciones digitales, luego de encuestar a algunas autoridades, tanto en el Reino Unido como en otras partes del planeta.

Y la primera respuesta recibida por este medio alude a que depende cada vez más de que los estudiantes actúen como consumidores, muy bien informados para escoger el lugar donde cursar estudios y la especialidad para su futuro.

Sin embargo, tal consideración pone en el tapete otro problema acuciante, como es el caso del derecho de los seres humanos a la educación desde los niveles primarios hasta los superiores, de ahí los reclamos mediante manifestaciones de una universidad gratuita y de calidad.

Pero este reclamo no solo aparece en Chile y Colombia, por solo mencionar algunos, sino en muchas otras partes del mundo, sobre todo de cara a una sociedad más necesitada de información y cultura.

Algunas rectorías reconocen que ahora es más fácil entrar a las universidades públicas, pero (aquí está el debate adicional) la educación de esos centros es de baja calidad y, por lo tanto, sus egresados jamás serán recompensados con altos sueldos, aspiración principal de los graduados y sus familias.

Endeudados y sin trabajo, son dos categorías que pululan en la actualidad y, por lo tanto, pone a la universidad en una balanza de mercados, con precios altos si de una buena enseñanza se trata.

Un graduado de ingeniería en Chile, Oscar Cortés, consultado por la prensa señaló que su deuda es mucho más alta frente a la de quienes compran un auto o una casa, y este es un buen ejemplo de la causa que puso en el tapete en ese país las protestas estudiantiles, desde mayo del 2011.

Los medios de difusión también mencionan a Paola Vergez, una periodista colombiana que tiene un crédito pendiente de nada menos que de 10 mil dólares, luego de graduarse, y estar sin empleo.

Y es el caso que durante años enviar a un hijo a la universidad solo estaba en manos de elites latinoamericanas.

Tal sueño se logra a costa de un fuerte ahorro en cuanto incluso a familias de clase media obligadas a cifras bastante elevadas, pero al final, esos estudiantes —en algunos casos debido a sus procedencias—, pueden encontrar con más facilidad empleo, y empleo a gusto.

Por un lado existe realmente una mayor necesidad de profesionales en el mundo, crear potencialidades a partir del intelecto y permitir un amplio margen a toda la sociedad, mientras por otro aparecen barreras financieras, para ver, simple y llanamente, un negocio.

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