ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Keylor Navas. Foto: FIFA

Comienza a cerrarse el cerco sobre la Copa del Mundo. Solo ocho aspirantes se mantienen con vida, y desde hoy inician otra ronda de vida o muerte en pos de alzar la corona del fútbol universal, por lo que resulta oportuno analizar algunos de los protagonistas que estarán en el centro de atención.

En este grupo, inevitablemente incluimos a un representante de Costa Rica, escuadra centroamericana que ha materializado sus éxitos sobre la base del rendimiento colectivo y la cohesión, aunque su proyecto lo lideran va­rios hombres que marcan el paso y rigen los destinos del once.

Uno de ellos es el guardameta Keylor An­tonio Navas Gamboa (San José, 1986), el “Hal­­cón” que controla los ataques rivales a puro reflejo, con fantásticas estiradas, una habilidad innata en los mano a mano y buen juego con los pies, cualidades que lo encumbraron como el portero con mayor porcentaje de atajadas (80,1) en la última Liga Española, donde defiende el marco del Levante.

“Esto del fútbol inició por mi papá, cuando me llevó a ver un partido en un barrio de San Isidro. Observé a un portero hacer una gran parada. Esa imagen me marcó de por vida porque yo apenas tenía 5 años y el portero 12, y me propuse ser como él.  Es una imagen que nunca olvidaré”, comentó el arquero en su biografía.

Desde entonces trabajó para conseguir el objetivo, y a partir de los 15 años tuvo la dicha de entrenar bajo las órdenes de otro guardameta histórico del fútbol ‘tico’, Luis Gabelo Conejo, uno de los héroes en su clasificación a octavos en el Mundial de Italia 1990.

De hecho, ya muchos comparan la trayectoria y brillantez de ambos, porque se consolidaron como estrellas en el mismo club, el Albacete español, aunque Navas, natural del pequeño distrito San Isidro de El General, ha impulsado aún más su carrera en el Levante y se presume que puede recalar en alguno de los grandes clubes europeos tras el Mundial.

Lo cierto es que de la seguridad de sus guantes depende el futuro de Costa Rica en Brasil, donde enfrentarán otra prueba gigante frente a Holanda en cuartos, luego de eliminar a dos campeones del mundo (Italia e Inglaterra) y un titular europeo (Grecia).

EL DIABLO ROJO

Eden Hazard. Foto: FIFA

Creatividad, velocidad, explosividad, carácter… magia. El belga Eden Hazard (La Lou­vière, 1991) lleva el fútbol en la sangre y vivió en una cancha desde que nació, pues sus padres practicaban el más universal en mo­destos clubes locales de las divisiones de as­censo, como el Royal Stade Brainois y el Tu­bize, donde después su hijo dio los primeros pasos.

Su madre, Carine, era delantera, y su padre, Thierry, un rocoso mediocampista, por lo que Hazard —en un terreno que había a tres metros de su casa— desarrolló un estilo híbrido, que hoy lo distingue como un hombre habilidoso y muy fuerte: “Realmente me gus­ta pensar que como jugador soy una mezcla de lo mejor de ellos”, explicó respecto a la he­rencia.

Fanático de Zinedine Zidane, Thierry Henry, Ronaldinho, Ro­binho y Juan Román Ri­quel­me, el belga cautivó con solo 14 años al Lille francés, donde se desarrolló hasta obtener un contrato profesional tres temporadas después. Tan solo tenía 17 abriles, pero sus destellos encandilaron a todos los entendidos, maravillados por la mezcla del dinamismo europeo con la gambeta sudamericana, cualidades que lo llevaron a debutar con la selección absoluta de su país a temprana edad.

“Hazard es el crack del futuro: es muy bueno y va a serlo aún más”, lo elogió el propio Zidane, quien de momento ha dado en la diana, pues el Diablo Rojo ha recalado en el poderoso Chelsea inglés, donde es la estrella indiscutible a las órdenes de José Mourinho.

Uno de los nuevos locos bajitos del fútbol europeo —mide apenas 1,70 metros— evoluciona a paso de gigante, y cada vez se torna más complicado detenerlo por su vertiginoso cambio de ritmo, su poder goleador y su visión, detalle que lo ubica como uno de los mejores pasadores de Europa.

“Prefiero dar una asistencia a anotar”, señaló la joven perla, padre de dos hijos y con una familia involucrada por completo en el fútbol, pues sus hermanos Thorgan (19 años), Kylian (17) y Ethan (8) están vinculados a equipos profesionales. “Podríamos hacer un equipo de fútbol cinco. Mis hermanos, mi papá sigue en la cancha y yo. Y mi mamá podría ser la entrenadora”, bromea Hazard, la esperanza belga para derrotar a Argentina en cuartos.

La mejor “bicicleta” de Francia

Mathieu Valbuena. Foto: FIFA

Al contrario que muchos de sus compañeros, a Mathieu Valbuena (Bruges, Francia, 1984) le costó un mundo alcanzar el estrellato, pese a que desde bien temprano mostró cualidades excepcionales con el balón en los pies.

Sucede que a la edad de 17 años el Bordeaux lo rechazó por su baja estatura (mide 1,67) y el menudo extremo tuvo que buscarse la vida jugando con equipos amateurs en las categorías inferiores de la Liga francesa.

Donde otros hubieran hallado una razón para retirarse acomplejados del deporte, sin embargo, Valbuena encontró un reto, recordando acaso algo que aprendiera de niño, cuando su padre —de origen español— lo llevaba a Barcelona para ver al Dream Team de Cruyff. Contemplando jugar entonces a tipos como Romario o Guardiola —para nada dos portentos físicos—, había comprendido que el éxito en el fútbol tiene que ver menos, muchísimo menos, con la fuerza y el tamaño que con la pelota.

Y refugiado en esa noción, aguantó y perseveró. Hasta que el Olympique de Marsella se fijó en su talento y poco a poco, con el mote de le petit vélo (la pequeña bicicleta), comenzó a labrarse la titularidad en el equipo que ganó su primer campeonato en 18 años.

Los comienzos de Valbuena, no obstante, nunca fueron fáciles y su ascenso en la selección francesa no resultó distinto —aunque el llamado de Raymond Domenech hace cuatro años lo tomase por sorpresa—, pues le tocó vivir el naufragio de Les Bleus en Sudáfrica y luego con Laurent Blanc apenas tuvo oportunidades.

Así que ha acabado siendo Didier Des­champs, quien en su día estuvo a punto de pres­cindir de él en el Marsella, con el que Valbuena ha terminado asumiendo los galones que Franck Ribéry dejó vacantes. Y el habilidoso e infatigable jugador ha respondido en el campo. El otro día, de sus botas nacieron las dos jugadas que sellaron el triunfo sobre Nigeria, y Francia confía más que nunca en sus “ruedas” para llegar en Brasil lo más lejos posible.

James, ¿la revelación Rodríguez?

James Rodríguez. Foto: FIFA

La sabiduría de los dioses del fútbol, si es que existen, afloró nuevamente en la Copa del Mundo de Brasil. Y se posó sobre Colombia, es­pecíficamente sobre el medio punta James Rodríguez.

Los cinco años marcaron el primer contacto de James con un terreno de fútbol, justo cuando su padrastro, Juan Carlos Restrepo, lo inscribió en la Academia Tolimense. Nacido el 12 de julio de 1991 en Cúcuta, al norte de Santander, por ese entonces James, contrario a la fluidez y virtuosismo con que descollaba en el deporte, tenía problemas de tartamudez y no era muy expresivo.

El Envigado sería su primera casa en el fútbol profesional colombiano. Recaló allí en una era turbulenta, incluso, soportó la caída del once naranja a la categoría Primera B en el 2006. Allí comenzó a tejer su historia: Su brillo atrajo al club Banfield argentino y James probó fortuna en tierra albiceleste.

Sería el comienzo de una estela indeleble. Velocidad, visión para asistir y capacidad de asociación endemoniada, son algunas de las virtudes de este crack en ciernes, aderezadas con excelente olfato definidor de cara al gol. Muy pocos presagiaron entonces que con Banfield, huérfano de trofeos en clásicos ar­gentinos, James se agenciaría el torneo Aper­tura en el 2009. Un año antes, con 17 de edad, se convirtió en el jugador extranjero más joven en debutar y anotar en la Primera División contra Godoy Cruz de Mendoza.

Su siguiente destino, el Porto portugués en el 2010, marcó su primera era de convivencia con Radamel Falcao. También dejaría una estela de calidad, al imponerse en Liga, dos Copas de Portugal y la Europa League del 2011. Fue tanto su brillo que mereció la nominación al Golden Boy (premio al mejor futbolista sub-21 de Europa).

A fines del 2011 constituyó el AS Mónaco francés su nuevo destino. Los frutos no se hicieron esperar, pues con apenas 22 años James fue, junto al sueco Zlatan Ibrahimovic, a la postre ganador, y los brasileños Thiago Motta y Thiago Silva, nominado al mejor ju­gador de la Liga francesa en la campaña 2013-2014.

Con 1.80 metros y 79 kg de peso, el ariete cafetero llegó a Brasil tras 16 años de ausencia de su nación en Copas del Mundo. Y con el peso adicional de suplir la ausencia del ‘Tigre’ Falcao en rol de bujía ofensiva. Los botines del diez han borrado de golpe todo asomo de nostalgia, pues marcha de líder goleador con cinco perforaciones, además de exhibir dos asistencias en 310 minutos de accionar.

Por si fuera poco, Rodríguez ingresó al selecto club de jugadores capaces de anotar en sus primeros cuatro desafíos mundialistas: Probst, Austria y Kocsis, Hungría (1954), Fontaine, Francia (1958), Bene, Hungría (1966), Gerd Müller, Alemania y Cubillas, Perú (1970) y Vie­ri (1998).

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Martha Maria Henrique da Silva dijo:

1

4 de julio de 2014

09:52:44


São grandes futebolistas!