ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Seily Mendoza celebra su triunfo en la final de la espada femenina en la Esgrima de los 23 Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018, con sede en el Centro de Eventos Puerta de Oro el sábado 28 de Julio de 2018, en Barranquilla, Colombia Foto: Calixto N. Llanes

BARRANQUILLA, Colombia.–Seily Mendoza conversaba por teléfono con su tío en Cuba cuando le pedí dialogar un rato. Hablaron de lo humano y lo divino. Como para que no quedara nada en el tintero, la revalidada campeona de Veracruz en espada, le contaba las peripecias de la prueba antidoping, para la cual precisó tomarse cinco botellas de agua.

El sábado no pude capturarla, porque tan pronto dio el último toque a la jamaicana Nicolle Chang en el asalto por el oro, sus compañeros subieron a la plataforma, la abrazaron y danzaron en redondo mientras gritaban ¡Cuba, Cuba!, una y otra vez.

Ahora, en la paz –si se le puede llamar paz– fuera de la acción, a un lado del escenario estupendo de la Puerta de Oro, no tenía escapatoria, había esperado por ella, solo que el tráfico y los «trancones», como le dicen aquí a la congestión de las vías (aun en domingo), la retardaron algo.

–¿Esta competencia fue más o menos fuerte que Veracruz?

–En la región todas las tiradoras nos conocemos, hemos competido en varios eventos, especialmente frente a la zurda Chang sufrí un revés aquí en las rondas preliminares, pero no influyó ni constituyó una presión para ganarle 15-10 en la final.

–Me dices que cuando eras niñas te veías gordita.

–Bueno, por considerarme así, quienes asistieron a captarme para el voleibol cuando estudiaba en la primaria me descartaron y apareció la opción de entrar en la esgrima. Ya ves, aquella «gordita» es medalla de oro de Veracruz y Barranquilla.

¿Dónde naciste?

–¡Ah, soy de Pogolotti, tierra de grandes deportistas! Nací allí hace 28 años y allí vivo, por lo regular en casa de mi padre, rodeada de vecinos muy agradables, a pesar de que no tengo mucho contacto con ellos, porque soy una persona casera.

–Cuéntame esa peripecia en la prueba antidoping.

–Nada, demoré más de media hora en ir al baño para entregar la muestra, y para lograrla debí tomarme cinco pomitos de agua. Pero lo bueno vino después, cuando la especialista que recepciona la orina decía que tal vez no sirviera. Sin embargo, salí sin problemas del asunto. Esto lo cuento ahora y me da risa.

A tus 28 años y con una pareja estable desde hace cinco, ¿piensas en la maternidad?

–Todo a su tiempo. Todavía hay cosas que como joven quiero alcanzar, porque estoy en plenitud de condiciones, prueba de ello es que gané hace un par de meses la Copa Satélite, en Costa Rica. No hay comparación entre la esgrimista que soy hoy y la que compitió en Veracruz 2014, en aquel momento asistí a ese evento en México ilusionada con una medalla que no pudo ser y, a pesar de ello, sentí alegría por haber participado.

–¿Es fuerte Pedro Enríquez, tu entrenador?

–Se pone nervioso cuando compito, se sienta, se levanta de la silla a un costado de la plataforma; me abre los brazos en señal de júbilo o de desaprobación. Sin embargo, más allá de su rigor, siempre lo tengo a mi lado cuando estoy en dificultades.

–Se me acabaron las peguntas, entonces, ¿qué viene ahora?

–Entrenar para los Panamericanos 2019, en Lima.

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