ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El Lugarteniente General del Ejército Libertador cubano, Calixto García, junto al General William Ludlow. Foto: Archivo

El 25 de abril de 1898 Estados Unidos le declaraba formalmente la guerra al Reino de España, utilizando una serie de excusas, entre ellas la de proteger al pueblo cubano, a los residentes estadounidenses en la isla y a sus propiedades.

Sin embargo, desde hacía mucho tiempo el imperio deseaba apropiarse de Cuba de cualquier modo.

Primero, en junio de 1897  trataron de comprarla pero España no aceptó. Después el incidente diplomático protagonizado por Dupuy de Lome, representante ibérico en Washington y la voladura del acorazado USS Maine, en la Bahía de La Habana, apresuraron el estallido de la guerra.

Las operaciones militares acordadas por los estadounidenses  contemplaban  un férreo bloqueo naval de la isla para impedir  que los cubanos pudieran recibir  abastecimientos  desde el exterior.

Se efectuarían desembarcos de tropas cerca de Santiago de Cuba y de La Habana, la que sería tomada por el Mayor General Nelson A. Miles.

El obeso General William Shafter, montado en un mulo recorre la zona. Foto:Internet

En un memorándum enviado por el Subsecretario de Guerra J. G. Breckenridge al General Miles, luego de ser aprobadas por las Secretarias de Estado y de Marina, le relaciona las últimas instrucciones políticas sobre la forma en que debe procederse con la guerra en Cuba y Puerto Rico.

Es un descarnado documento que revela con toda claridad lo que pensaba el gobierno de Estados Unidos con respecto a su futuro aliado cubano, aunque se dice que no es auténtico*:

«Debemos destruir todo dentro del rango de fuego de nuestros cañones. Debemos imponer un duro bloqueo para que el hambre y su constante compañera, enfermedad, socaven a la población pacífica y diezmen al ejército cubano. El ejército aliado debe estar constantemente involucrado en acciones de reconocimiento y vanguardia para que el ejército cubano quede irremediablemente atrapado entre dos frentes y se vea obligado a tomar medidas peligrosas y desesperadas».

Cuando se llevó al Congreso de Estados Unidos el caso de Cuba, la prensa se encargó de hacerle creer al pueblo que Estados Unidos luchaba por el bienestar de Cuba y que no tenían interés en anexarse la Isla. Y eso no era cierto.

El Congreso aprobó la Resolución Conjunta el 18 de abril de 1898, anulando la cláusula Foraker, aprobada por el Senado tres días antes, donde se reconocía al Gobierno de la República de Cuba en Armas.

El documento disponía que:

«el pueblo de Cuba era y debía ser libre e independiente" y además que "Estados Unidos renunciaba a toda intención o propósito de ejercer soberanía sobre la isla, excepto para su pacificación, y que una vez realizada debía dejar el gobierno y dominio de la isla en manos del propio pueblo cubano».

Por supuesto, todo fue una cortina de humo, porque el gobierno de Estados Unidos incumplió lo que había aprobado su Congreso.

Entretanto, cuando el Gobernador General de Cuba, Ramón Blanco y Erenas se dio cuenta de lo inevitable de la guerra de España con Estados Unidos, trató de obtener la ayuda del ejército mambí.

El General Joseph Wheeler (izq.), Leonard Wood y Theodore Roosevelt. Foto:Internet

El alto militar español, dejando a un lado su habitual arrogancia presente en cartas anteriores donde simplemente se refiere a Gómez como «don», para no reconocerle su grado militar, ni al Ejército Libertador cubano su categoría, le escribe la siguiente carta:

«General Máximo Gómez.

«General en Jefe de las fuerzas revolucionarias.

«Señor:

«Con la sinceridad que siempre ha caracterizado todos mis actos, me dirijo a usted, no dudando por un momento que su clara inteligencia y nobles sentimientos, los que como enemigo honrado reconózcole, harán acoger mi carta favorablemente.

«No puede ocultarse a usted que el problema cubano ha cambiado radicalmente; españoles y cubanos nos encontramos ahora de frente a un extranjero de distinta raza, de tendencia naturalmente absorbente y cuyas intenciones no son solamente privar a España de su bandera del suelo cubano, sino también exterminar al pueblo cubano por razón de su sangre española.

«El bloqueo de los puertos de la isla no tiene otro objeto.

«No sólo es dañoso a los españoles, sino que afecta también a los cubanos, completando la «obra de exterminio comenzada en nuestra guerra civil».

«Ha llegado por lo tanto el momento supremo, en que olvidemos nuestras pasadas diferencias y que unidos cubanos y españoles, para nuestra propia defensa, rechacemos al invasor.

«España no olvidará la noble ayuda de sus hijos de Cuba, y una vez rechazado el enemigo de la isla, ella, corno madre cariñosa, abrirá sus brazos a otra nueva hija de las naciones del Nuevo Mundo: que habla su lengua, profesa su religión y siente correr por sus venas la noble sangre española.

«General, por estas razones propongo a usted una alianza de «ambos ejércitos en la ciudad de Santa Clara».

«Los cubanos recibirán las armas del ejército español y al grito de ¡Viva España! y ¡Viva Cuba! rechazaremos al invasor, y libraremos de un yugo extranjero a los descendientes de un mismo pueblo.

«Su afectísimo servidor,

«Ramón Blanco»

Tropas mambisas desembarcando en la playa de Daiquiri, Cuba. © Theodore Roosevelt Collection, Harvard College Library.

Y esta es la respuesta que, cual una carga al machete, recibió el general español.

«General don Ramón Blanco.

«General en jefe del ejército español en Cuba.

«Señor:

«Me asombra su atrevimiento, al proponerme nuevamente. términos de paz, cuando usted sabe que cubanos y españoles, jamás pueden vivir en paz en el suelo de Cuba.

«Usted representa en este continente una monarquía vieja y desacreditada y nosotros combatimos por un principio americano; el mismo de Bolívar y Washington.

«Usted dice que pertenecemos a una misma raza y me invita a luchar contra un invasor extranjero, pero usted se equivoca otra vez, porque no hay diferencias de sangre ni de razas.

«Yo sólo creo en una raza: la humanidad; y para mí no hay sino naciones buenas y malas; España habiendo sido hasta aquí mala, y cumpliendo los Estados Unidos, hacia Cuba, un deber de humanidad y civilización, en estos momentos.

«Desde el atezado indio salvaje, hasta el más refinado rubio inglés, un hombre es para mí, digno de respeto, según su honradez y sentimientos cualquiera que sea la raza a que pertenezca o la religión que profese.

«Así son para mí las naciones, y hasta el presente sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos.

«He escrito al Presidente Mac Kinley y al general Miles, dándoles las gracias por la intervención americana en Cuba.

«No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos, a que' usted se refiere en su carta. Si así fuese: «la historia lo .juzgará».

«Por el presente sólo tengo que repetirle que es muy tarde para una' inteligencia entre su ejército y el mío.

«Su atento servidor,

«Máximo Gómez»

Soldados estadounidenses desembarcan en la playa de Daiquiri, Cuba. © Theodore Roosevelt Collection, Harvard College Library.

Mientras tanto el gobierno estadounidense continuaba concentrando hombres y equipos bélicos al sur de la Florida para un inminente desembarco en costas cubanas.

Pero estaban conscientes de que sin la ayuda de las tropas cubanas no podrían poner un pie en tierra firme. Sabían que los mambises llevaban mucho tiempo combatiendo a las fuerzas españolas, y que habían derrotado a un numeroso grupo de sus experimentados jefes militares, además, conocían el terreno palmo a palmo y estaban acostumbrados a la crudeza del clima en la manigua.

Esta situación quedaría salvada por Tomás Estrada Palma, a la sazón Delegado de la República de Cuba en el extranjero, quien en una carta dirigida al presidente de Estados Unidos William McKinley le asegura que daría instrucciones a sus generales para que siguieran y ejecutaran los planes de los generales yanquis en campaña.

Trinchera española, probablemente en la loma de San Juan, Cuba. © Theodore Roosevelt Collection, Harvard College Library.

Con esta entreguista acción, una vez más, el Delegado se arrogaba el derecho de tomar decisiones que únicamente le correspondían al Consejo de Gobierno, además de ignorar al General en Jefe del Ejército Libertador, entre otras violaciones. Y estaba consciente de ello.

El Delegado mantenía poca comunicación con el Consejo, al que desinformaba y no le trasladaba aspectos importantes que se discutían en el norte sobre la situación en Cuba. En concreto: le estaba serruchando el piso.

Soldado muerto durante el combate, Cuba. © Theodore Roosevelt Collection, Harvard College Library.

Carta enviada por Estrada Palma al presidente McKinley sobre la cooperación del ejército cubano con el estadounidense.

«A su Excelencia el honorable William McKinley,

«Presidente de los Estados Unidos de América.

«A fin de evitar cualquier equívoco sobre la actitud de la República de Cuba, por la presente doy a usted la seguridad más completa de la cooperación del Ejército cubano con las fuerzas militares de los Estados Unidos.

«La República de Cuba dará instrucciones a sus Generales para que sigan y ejecuten los planes de los Generales americanos en campaña, y aunque mantengasu organización propia, el Ejército cubano estará siempre dispuesto a ocupar las posiciones y a prestar los servicios que los Jefes americanos determinen.

«Nuestro único fin es el de arrojar de Cuba a nuestro enemigo común, lo más pronto posible. A fin de no exponer la vida de los soldados americanos no aclimatados, los cubanos están dispuestos con tal que se les suministren armas y municiones rápidamente, a afrontar lo más rudo de la lucha en Cuba.

«Si la escuadra americana tomase ciertos puertos poco fortificados para descargar por ellos armas y municiones de guerra y de boca, los cubanos, con la cooperación de un número limitado de soldados americanos, mantendrán esos puertos, como depósitos y desde ellos se comunicarían con el interior y equiparían millares de hombres que sólo esperan armas y pertrechos, poniendo así al Ejército cubano en pie de operar según los planes que más convengan a los Jefes americanos.

«Sería conveniente que en los depósitos hubiere fuerza de artillería americana, formando los cubanos el resto  de la guarnición.

«Las fuerzas cubanas hasta la fecha han vivido del país, pero para operar en grandes masas como ahora se requiere para cooperar con las fuerzas americanas necesitarán pertrechos de boca.

«Sugiero este plan de campaña dispuesto por los Jefes americanos.

«Tomo estos compromisos en mi carácter de representante autorizado de la República de Cuba, que dará las órdenes e instrucciones necesarias a los Jefes cubanos para que se pongan en ejecución.

«Por comisionado especial que sale de New York hoy, envío duplicado de esta carta al Presidente Masó.

«T. Estrada Palma»

Fortín en la loma de San Juan, Cuba. © Theodore Roosevelt Collection, Harvard College Library.

Y la guerra comenzó. El 10 de junio de 1898 se efectuó el primer desembarco de infantes de marina estadounidenses, cerca de Guantánamo.

Cuatro días después son atacados intensamente en la playa del este y en El Cuzco. Tienen muchas bajas. Fuerzas mambisas al mando del Coronel Enrique Thomas acuden en su auxilio y logran restablecer el orden en una tropa yanqui presa de pánico.

El Lugarteniente General Calixto García se entrevista el día 20 de junio, en el lugar conocido como El Aserradero, cerca de Santiago de Cuba, con El Almirante Sampson y el General Shafter. Allí, luego de algunas discusiones se aprobó el  Plan General  Estratégico para la campaña de Santiago de Cuba, presentado por el Lugarteniente General Calixto García.

Consistía el Plan en trasladar cerca de 3 000 soldados cubanos en cuatro naves estadounidenses desde El Aserradero, y desembarcarlos en la playa de Siboney, al este de la ciudad. Así quedaría asegurado el desembarco, por el mismo lugar de los efectivos  el 5to. Cuerpo del Ejército estadounidense para atacar conjuntamente la ciudad de Santiago de Cuba por el Este.

Fortín en la loma de San Juan, Cuba. © Theodore Roosevelt Collection, Harvard College Library.

Ese mismo día fuerzas mambisas iniciaron una operación de distracción bajo el mando del mayor general Agustín Cebreco, al comenzar a ocupar posiciones al Oeste y al Noroeste de Santiago de Cuba, para engañar al mando español en relación con el lugar del desembarco, y el desembarque de las tropas cubano-americanas.

El día 21, cerca de Guantánamo, tropas cubanas protegen y apoyan el desembarco del Coronel González Clavel, con 530 soldados cubanos  que toman el caserío de Daiquirí. Son la vanguardia de los 6 000 estadounidenses que desembarcarían al siguiente día.

Por primera vez los yanquis combaten en las Guásimas (Caney), cerca de Siboney. Se enfrentan a una fuerte concentración de más de 3 000 soldados españoles que se habían retirado sucesivamente de Daiquirí y  Siboney, por la presión de las tropas cubanas bajo el mando del Coronel González Clavel.

Trincheras del ejército yanqui en la loma de San Juan, Cuba. © Theodore Roosevelt Collection, Harvard College Library.

El general Wheeler se ve obligado a pedir refuerzos porque los españoles rechazan una y otra vez los ataques y son duramente castigados. Pero, increíblemente, en lo más intenso del combate el enemigo se retira, y quedan en poder de los yanquis las Guásimas, Sevilla y Redondo.

Se decide tomar el poblado de El Caney el 1 de julio. El general Shafter le confía esa misión al general Lawton, quien asegura que lo hará en dos horas. Pero se equivoca, le tomó 12.  Esta posición desde el punto de vista militar no es estratégica porque se encuentra alejada de la ruta a Santiago de Cuba. Se dice que lo más acertado hubiera sido flanquearla para evitar bajas innecesarias.

En El Caney se encuentra el fuerte de El Viso y cuatro fortines de madera que se comunican entre sí por trincheras. Desde aquí el general español Vara del Rey dirige las operaciones. Cuenta con unos 520 hombres.

Lawton, luego de desobedecer la orden de retirada, sobre las 3 de la tarde tuvo que pedir refuerzos urgentes al Lugarteniente General Calixto García y a la Brigada de Miles. Además de aceptar las indicaciones del general cubano de variar las formas de atacar.

Imagen de un grupo soldados estadounidenses. Solo 4 hombres sobrevivieron. Foto: Internet

De inmediato los batallones de infantería de Lawton y de Shafter fueron reforzados por fuerzas mambisas. Los combatientes cubanos del batallón Caonao, después de un violento ataque, son los primeros que asaltan y toman el fuerte El Viso.

A las seis y quince de la tarde, con las fuerzas cubanas en la vanguardia, caía el poblado de El Caney.

Posiblemente si el general Shafter hubiera utilizado la artillería como le había orientado Calixto García, las bajas hubieran sido menores.

Simultáneamente con el ataque a El Caney, comenzó también la batalla por la fortaleza de la loma de San Juan. Las tropas yanquis estaban formadas por cinco brigadas con unos 8 000 hombres a las que se sumaron las tropas mambisas bajo el mando del Coronel Carlos González Clavel, con 600 combatientes.

Los españoles defendían sus posiciones con extraordinario valor, y causaban numerosas bajas, a tal punto que en uno de los ataques, el Regimiento 71 de Voluntarios de Nueva York, quedó paralizado, desorientado y comenzó a retirarse.

Mambises cubanos combatiendo cerca de Santiago de Cuba Foto: Internet

Al percatarse el oficial cubano de esta situación, ordenó avanzar a las fuerzas mambisas a flanquear al Regimiento yanqui. Restableció  la línea de fuego y logró que los soldados yanquisregresaran y prosiguieran  su avance.

Apoyadas por el fuego de las baterías que se  habían emplazado, poco a poco la resistencia española fue cediendo hasta que las tropas cubano-americanas alcanzaron el firme de la loma de San Juan y su fortaleza

De los 450 soldados españoles que participaron en la batalla, solo se salvaron 90. Los yanquis perdieron 1 612 soldados, de su fuerza atacante. Por su parte, se calcula que las bajas mambisas fueron más de 200 combatientes.

Mientras tanto, los fuerzas mambisas iniciaron una ofensiva general al oeste de la ciudad para completar el cerco. Fueron tomados sucesivamente los poblados de San Vicente, Dos Bocas, Boniato y Cuabitas, además de la Loma de Quintero, desde donde se dominaba la ciudad.

El cerco estaba completo pero el General Shafter, dominado por el pánico y el derrotismo por las pérdidas sufridas, estimó que no podía tomar la ciudad y solicitaba retirarse a 5 millas. La oficialidad no lo aceptó.

[Carta del lugarteniente Calixto García Iñiguez al General Shafter]

Ante la presión de las tropas cubano-americanas y al cerco a que estaba sometida la ciudad, los españoles se entrevistan con las autoridades yanquis, a espaldas de las cubanas,  para negociar la rendición de la plaza.

El día 16 se firma el acta de capitulación de la ciudad entre las autoridades yanquis y españolas, excluyendo a las cubanas. Y al siguiente día, solo las tropas yanquis entraron a la ciudad de Santiago de Cuba. Nuevamente los cubanos fueron excluidos por sus aliados.

*Raíces en el tiempo, de Rolando Rodríguez, página 261.

Fuentes:

Cronología crítica de la guerra hispano cubanoamericana,

Felipe Martínez Arango

Historia de Cuba, Dirección Política del MINFAR

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Francisco Rivero dijo:

6

18 de julio de 2018

08:19:58


Gracias al Sr. Delfin Xiqués Cutiño por este trabajo que es acompañado ademas por un valioso registro fotografico. Un saludo fraterno.