ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Conocí a Gerardo Abreu (Fontán) en la Universidad de La Habana a finales del año 1953, años después dijo su compañero en las acciones revolucionarias, Benito Peña González.

«En aquella ocasión estábamos desilusionados por la actitud mantenida por Aureliano Sánchez Arango en la organización auténtica llamada Triple-A, que dirigía, y de la cual Gerardo, en una oportunidad, formó parte.

«A mí me lo presentaron con el nombre de Fontán, que creo era un nombre artístico, pues uno de sus trabajos fue el de declamador.

«Yo pertenecía a la Brigada el del 26 de Julio del barrio de La Punta, de la cual Fontán era el jefe.

«Gerardo crea las Brigadas del 26 de Julio por orientación de Ñico López, quien era el responsable por el 26 de Julio. Ñico López le encarga la constitución de las Brigadas en La Habana, mientras que él lo haría, a su vez, en el interior de la República».    

Fueron tan intensas las actividades revolucionarias que realizó Fontan, que lo convirtieron en uno de los combatientes más buscados por la policía batistiana. Foto: Archivo

De escondites y otras anécdotas

«Durante las actividades revolucionarias utilizamos muchos lugares para escondernos. La policía nos sorprendió, en una ocasión, en una casa de la calle Consulado número 64, donde vivía mi novia Rosa Valdés y donde con frecuencia nos reuníamos.

«Esa fue la primera vez que él cayó preso. Dio un nombre falso: Roberto Rodríguez Abreu, por el cual fue fichado.

«Antes de dejarnos en libertad nos llevaron para el despacho del comandante Mariano Faget, quien, entre otras cosas, dijo que nos soltaba porque no estábamos fichados como revolucionarios. Y que, en definitiva, si nosotros lo éramos, tendríamos que verlo a él de nuevo, porque más tarde o más temprano, volveríamos a caer presos.

Fontán con un grupo de integrantes de la Juventud Ortodoxa, donde aparece también Ñico López. Foto: Archivo

Señaló, además —refiriéndose con desprecio a Fontán—, que quien no tenía cara de ser revolucionario era «el negro ese».

«También estuvimos escondidos en un pequeño apartamento en la calle Genios, entre Consulado e Industria, al que le pusimos por nombre el «Palomar», porque era el último apartamento del edificio y hasta tenía una pequeña azotea.

«El lugar como escondite no era seguro, pues tenía una sola salida. Pero a nosotros nos gustaba, y a pesar de que muchas veces pensamos que sería asaltado por la policía, nunca sucedió. Fue el mejor que tuvimos; nunca se «quemó».

«En este sitio estuvo oculto también Juan Pedro Carbó Servia y Fontán le facilitó la salida disfrazándolo.       

Por su valentía, capacidad de dirección y sacrificio, al poco tiempo de partir Ñico López para México, fu designado para asumir la dirección de las Brigadas del 26 de Julio en La Habana. Foto: Armand

Historias explosivas

«Gerardo participó en la organización de la colocación de más de 100 bombas en una noche en La Habana. Él estuvo entre quienes les entregaron la dinamita a los diferentes distritos, y recuerdo que también facilitó cartuchos a la célula a la que yo pertenecía, que era la de «La de Punta».

«Esas bombas se fabricaron en diversos lugares, allí donde más se facilitaba el modo de hacerlas, puesto que, dada la represión desatada por las fuerzas de la tiranía, nos veíamos precisados a tomar muchas medidas de seguridad.

«La Brigada nuestra colocó 48 de esas bombas. Fontán participó personalmente en la colocación de tres de ellas: una en la casa de un político que vivía en la calle Refugio, entre Industria y Crespo, vivienda que era frecuentada por el alcalde Justo Luis del Pozo, pues el individuo que en ella residía era su secretario. Una segunda en la tienda «El Collar», situada en calle Águila y Neptuno; y la tercera en la esquina de Colón y Consulado, al lado de una farmacia.

En el Malecón habanero a Gerardo le fue tomada esta foto. Foto: Archivo

¿Cómo era Fontán?

«Fontán era un compañero intachable. A primera vista, no era fácil descubrir en él quien realmente era: un dirigente de pies a cabeza. Gustaba mucho de las manifestaciones artísticas. Su género preferido era la declamación. Pero, así como recitaba una poesía, ponía también una bomba. O desarmaba a cualquier policía. O llevaba a cabo las más arriesgadas acciones.

«No tenía un gran nivel de escolaridad, pero poseía una innata capacidad de organización y de mando. De carácter jovial y alegre, era a la vez enérgico en cuanto a la disciplina. Supo ganarse el respeto y el cariño de todos los compañeros.

«Cuando alguien le preguntaba por qué no llevaba armas, él contestaba que, yendo desarmado, se le escaparía más fácil a la policía ya que, si lo registraban, y no le encontraban nada, lo soltarían enseguida.

«Algún tiempo después, cuando la situación se hizo más difícil y la represión aumentó, Gerardo comenzó a usar armas.

En el libro donde se registran las autopsias se hace constar que la misma fue realizada el 8 de febrero de 1958, alrededor de las once y quince de la mañana. Foto: Archivo

«En una ocasión fue a la Plaza del Vapor a entrevistarse con Sergio González (El Curita), que tenía allí una imprenta. Cuando Gerardo llegó, la policía estaba adentro. Los habían delatado.

«Con una extraordinaria serenidad, Abreu Fontán fingió que visitaba la imprenta porque necesitaba de una propaganda para sus actividades artísticas. Los esbirros que no lo conocían, razón por la cual en esta oportunidad lo dejaron marchar sin problemas.

«Después, mientras relataba lo sucedido, señalaba que, si hubiera ido armado, ya estaría preso.

«El día que detuvieron a Gerardo por última vez estábamos en el «Palomar» un grupo de compañeros: José Valladares (mártir), Eugenio Noa, Mario Gil (hoy traidor) y yo. Discutíamos algunas acciones que teníamos que realizar.

Se hace constar en el folio 380 que le fue extraído del hombro izquierdo un proyectil con camiseta blindada de bronce. Foto: Archivo

«Fontán debía ir a una reunión —creo que a la Escuela Normal, que se encontraba en la calle de Infanta— para entregar a los compañeros de esa célula estudiantil unas proclamas y un paquete de tachuelas, que se utilizarían en unos sabotajes. Pero ya desde noviembre de ese año la policía conocía su verdad identidad.

«Yo debía ir a la Víbora para otra misión y solamente contábamos con una pistola. Entonces decidimos que él la llevara y que fuera con otro compañero, como medida de seguridad.

«Le propuse acompañarlo y que el otro compañero fuera a la Víbora, pero no aceptó. Me dijo que me llevara la pistola, y que él se iría con Gil. Que no me preocupara, que no tendría problemas.

«Según relató Gil, en el momento en que ellos descendían de un ómnibus en la calle Infanta, subía a este Pablo Nurque, el agente del Buró de Investigaciones que había detenido a Fontán con anterioridad.

«Gerardo le dio un empujón y lo tiró al suelo, instantes que aprovecharon ambos para tratar de escapar. Corrieron en distintas direcciones, pero el agente, que sabía perfectamente a quien perseguía, le siguió el rastro a Fontán, disparándole hasta capturarlo.

Aparecen las firmas de los médicos que practicaron la autopsia. Foto: Archivo

«Casualmente pasaba por el lugar un carro de la policía perteneciente a la Novena Estación, y en él lo conducen a ese centro represivo.

«Gil logró escapar y enseguida nos informó lo ocurrido. En esos momentos no contábamos con medios de ningún tipo. Es decir, no teníamos ni dinero ni carros en qué movernos y menos un lugar adonde ir.

«Ante situación tan difícil, decidimos permanecer en el «Palomar» y, con algunas armas que conseguimos, atrincherarnos por si venía la policía. Nuestra consigna era resistir hasta el final. Teníamos sintonizado el radio para conocer noticia referente a su detención.

«Por otro lado, la gente que no estaba tan «quemada» trataba de salvarlo. Presentaron un Hábeas Corpus ante los tribunales y movilizaron a la prensa. Sin embargo, todos los esfuerzos resultaron infructuosos. Los esbirros no perdieron tiempo: lo asesinaron cobardemente.

«Al día siguiente de su detención, el 7 de febrero de 1958, su cadáver apareció tirado en los terrenos del antiguo Palacio de Justicia, hoy sede del Comité Central del Partido. En él, se advertían claramente las huellas de las más horrendas torturas.

Placa que recuerda uno de los lugares donde se ocultó Fontán, en La Habana. Foto: Archivo

«Más tarde se supo que el conocido asesino Miguelito (El Niño), traidor al movimiento revolucionario, se ensañó disparándole en los brazos y el pecho con un arma de pequeño calibre. Después, su cuerpo fue acribillado con 15 balazos.

«Tenía, además, 57 punzonazos. Le habían cortado la lengua. Y sus órganos genitales estaban despedazados.

A pesar de haber sufrido tan cruentas torturas, Fontán ni habló, ni delató a nadie. Los esbirros no pudieron arrancarle ninguna confesión, ni siquiera reconoció que él era Gerardo Abreu (Fontán)».

Demostró, así, su estirpe genuina de revolucionario.

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GUILLERMO SAAVEDRA dijo:

1

7 de febrero de 2018

06:42:30


HÉROES COMO FONTAN .DIFÍCIL QUE QUEDEN ¡¡ESTA INFORMACIÓN .ES BUENA PUBLICARLA Y HACERLA MASIVA..PARA QUE TENGAMOS CONOCIMIENTO Y EJEMPLOS DE VERDADEROS LUCHADORES .REVOLUCIONARIO..

Andrachi dijo:

2

7 de febrero de 2018

09:46:31


Eterna gloria a su recuerdo. En paz descanse. Estará entre los buenos.

Miguel Angel dijo:

3

7 de febrero de 2018

10:39:21


Tremendo coraje, hay que ser hombre o mujer de verdad para resistir tanto sufrimiento sin delatar a sus compañeros de lucha. Esa es la estirpe de nuestros héroes revolucionarios. La lucha clandestina era muy peligrosa. Gloria eterna a Gerardo Abreu Fontán !!!!!

Gustavo González Rodríguez dijo:

4

9 de febrero de 2018

09:32:12


Gloria eterna a Gerardo Abreu Fontán, su ejemplo seguirá vivo en nuestro pensamiento y actuar cotidiano, su sangre no cayó en vano. !Viva Fontán! !Viva Cuba libre!. Hasta la victoria siempre, patria o muerte, venceremos.