ULTRAJE A LAS MILES DE VÍCTIMAS DEL TERRORISMO INTERNACIONAL

14 de enero de 2007

Caso Posada Carriles

Fidel siempre tuvo la razón

ORLANDO ORAMAS LEÓN

El Comandante en Jefe siempre tuvo la razón. El terrorista Luis Posada Carriles entró en el Santrina a territorio norteamericano, y eso lo denunció Fidel desde los primeros días en que el criminal gozaba de refugio en Estados Unidos, aunque Washington siempre evadió la verdad.

Para los cubanos no es noticia, pero aquella afirmación del líder de la Revolución, que personeros de la administración de Bush y de la mafia anticubana trataron de desmentir o desvirtuar, hoy es confirmada por el Departamento de Justicia del país que contrató, entrenó y fue cómplice de quien ahora reconoce como una amenaza para la seguridad pública.

Un gran jurado federal de Texas presentó acusación formal contra Luis Faustino Clemente Posada Carriles, por siete cargos que incluyen fraude en el proceso de naturalización y seis por dar información falsa durante las entrevistas ante oficiales de inmigración.

Una nota oficial del Departamento de Justicia afirma que Posada mintió varias veces acerca de su ingreso a Estados Unidos, ocurrido en marzo del 2005, en particular respecto a las rutas de transporte, los métodos utilizados y sobre quiénes le acompañaron en la travesía.

"Sabemos que entró en el Santrina con cuatro individuos", afirma el texto de la fiscalía, que demoró casi un año en reconocer públicamente el emplazamiento del Presidente cubano al gobierno de la potencia que se ufana de lanzar guerras a nivel global contra el terrorismo.

El diario yucateco Por Esto les estropeó la impunidad al dar la noticia. Posada viajó en el Santrina, embarcación que ha estado al servicio de la mafia de Miami, la misma que organiza tráfico humano y de drogas a través de las aguas y territorio mexicanos. Santiago Álvarez Fernández-Magriñá y Osvaldo Mitat, de extenso expediente terrorista, fueron anfitriones en el Santrina y le dieron cobija en Miami.

El 11 de abril del 2005, cuando el asesino de Barbados tenía 19 días de haber entrado ilegalmente a Estados Unidos, Fidel emplazó a la Casa Blanca a responder si escondía o no a Posada.

Fue en el Palacio de las Convenciones, donde el Comandante recordaba al presidente George W. Bush sus palabras del 26 de agosto del 2003: Si alguien protege a un terrorista, si alguien apoya a un terrorista, si alguien alimenta a un terrorista, es tan culpable como los terroristas.

Que el gobierno de Estados Unidos responda si esconde o no a Posada Carriles, exigía Fidel en esa y otras comparecencias, mientras el terrorista estaba refugiado en Miami, allí donde se han organizado incontables planes de agresión y muerte contra nuestro país.

¿Qué clase de presidente tiene los Estados Unidos que permite que un monstruo terrorista que hizo estallar en pleno vuelo un avión con 73 personas a bordo y llevó explosivos para hacer volar el Paraninfo de la Universidad de Panamá, con lo cual hubieran podido morir cientos de personas, esté en su país a buen recaudo?

¿Qué seguridad puede tener el pueblo norteamericano con un presidente así? ¿Para qué sirven todos los cuerpos de seguridad, todos los órganos de inteligencia, la maquinaria que cuesta cientos de miles de millones de dólares, si no sabían que allí estaba Posada Carriles?, eran las preguntas de Fidel.

No fueron las únicas, pero todas quedan sin respuesta oficial. Posada Carriles encara siete cargos, pero ninguno por las vidas truncadas en el vuelo de Barbados, tampoco por la de Fabio di Celmo, amén de otros crímenes cometidos en su largo prontuario bajo la sombrilla protectora de Estados Unidos.

Aun si lo procesan por los cargos presentados, y aun si lo condenaran a las penas que, según las leyes, de ese país corresponden por esos delitos, Fidel seguiría teniendo la razón.

Estados Unidos no va a enjuiciar nunca a Posada Carriles por terrorista, porque tendría entonces que poner ante el fiel de la justicia sus crímenes contra Cuba.

De la mentira al silencio

La denuncia realizada por Fidel sobre la entrada ilegal a Estados Unidos del terrorista Luis Posada Carriles provocó histeria en Washington.

La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, afirmó que su gobierno no tenía evidencia de la presencia de Posada en Estados Unidos y que ello presumiblemente era un invento de la inteligencia cubana. Para entonces el criminal cumplía su primer mes de estancia en Miami.

Su adjunto de entonces, el subsecretario para asuntos del hemisferio, Roger Noriega, dijo que se trataba de una maniobra de manufactura cubana, mientras el portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, evadía responder los emplazamientos de Fidel y ante cada pregunta de los periodistas los remitía a otras carteras, en especial a las de Seguridad Interna y de Justicia, cuyos voceros también hacían mutis.

Por aquellos días, Boucher respondía lacónicamente: "hay algunos informes de que se encuentra en Estados Unidos, pero sobre el lugar exacto donde está es cuestión de otras autoridades competentes". Sin embargo, Posada ya había comparecido ante la prensa de Miami.

Kevin Whitaker, responsable del Buró Cuba del Departamento de Estado, respondió al jefe de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington, Dagoberto Rodríguez, que no tenía información sobre la presencia de Posada Carriles en ese país y repetía la tesis de que las afirmaciones del Comandante en Jefe eran poco confiables. Estos y otros personajes fueron al final parte del complot, junto con la mafia de Miami, que acogió al criminal, y hoy guardan silencio. (Mariela Pérez Valenzuela)

¿Y Fox qué?

"Pienso que el Gobierno de México debe hablar sobre el caso", decía Fidel por aquellos días, tras revelarse que el Santrina había estado en Isla Mujeres, en territorio azteca. Y al presidente Vicente Fox le reclamaba: "solo le pido que me explique, que esclarezca, que dé todos los detalles, horas exactas, quiénes fueron, qué tiempo estuvieron¼ " Posada y sus compinches en el Caribe mexicano. La administración de Fox hizo poco honor al prestigio de su nación, con respuestas cantinflescas que llegaron incluso a desmentir al entonces secretario de Marina, quien reconoció la estancia del terrorista en su país.

   

SubirSubir