De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba. La contraofensiva estratégica. Fidel Castro Ruz

Agosto de 1958

Parte 1

El 6 de agosto de 1958 había concluido la Batalla de Las Mercedes. Los días subsiguientes fueron empleados en la devolución del segundo contingente de prisioneros de los últimos combates: 163. Solicité al mando superior enemigo el envío de un helicóptero para el traslado, rápido y seguro, de los heridos.

Fue necesario interpretar el a veces enrevesado vocabulario de los que dirigían la Cruz Roja Internacional y la nacional. En este caso, se trataba de una situación sui géneris. ¿Qué sabía el mando de un Ejército Rebelde brotado de la Sierra Maestra?

Concluida esa tarea, me ocupé inmediatamente de la guerra.

Tenía que comunicarme con los jefes rebeldes, hombres curtidos por la guerra y el sacrificio. Mi lenguaje con ellos era a veces áspero y duro, disponía del rico repertorio adquirido en Birán.

En este recuento sustituiré por puntos suspensivos las palabras, contenidas en los mensajes de entonces, que no deben ser trasladadas al papel.

JUEVES

14

Le envío carta al Che:

Agosto 14, 58, 5 p.m.*

Che:

Si no me das nombre ni seña alguna del hombre que se autotrasladó a la tropa de Camilo, ¿cómo lo voy a mandar a detener? Yo mañana pienso ver a Camilo y le hablaré del asunto para ver si lo localizo.

Te adjunto un papel para que se lo remitas a Ango [Sotomayor].**

Yo salgo temprano para ver la gente de Hubert [Huber] y Camilo.

Niño [Roberto Piñeiro Soto] preparó las dos pilas de 67V que mandaste, pero apenas dan chispa. Será mejor que yo mande a fabricar 3 de pilas de linternas y te las envíe ahí cuanto antes.

Temo que con la bazooca vaya a pasar igual que con el tanque. El ingeniero [Miguel Ángel Calvo] se comprometió a arreglar el magneto. Ahora mismo mandé a [Luis] Crespo para ver cómo estaba el asunto.

Yo llegaré hasta la Plata, arreglaré las cosas pendientes y volveré para acá. Sigue preparando tu viaje.

Procura que a partir de esta noche haya la menor concentración posible en Las Mercedes.

Fidel

* En los documentos citados se ha respetado la literalidad de los textos, solo con mínimas correcciones ortográficas, imprescindibles para su comprensión.

** Las notas entre corchetes son del editor. Las tachaduras son enmiendas al original.

SÁBADO

16

Este día le envié dos cartas a Camilo.

Camilo:

Hubiera deseado cambiar algunas impresiones antes de que te marcharas, para ver cómo andabas de balas y otras cosas.

El motivo de esta comunicación es el siguiente: William [Gálvez] tenía aquí unos papeles de interés que por su propia cuenta se dio a la tarea de guardar.

Ahora, con la irresponsabilidad habitual en ese señor, se ha marchado sin decirle a nadie dónde están los papeles y qué hago con ellos.

Esto naturalmente viene a sumar un dolor de cabeza y una preocupación más a los muchos que este señor me ha dado por haber sido defensor de él frente a muchas críticas.

Así que tan pronto recibas esta comunicación solicita de William informe sobre esto y la solución no puede ser otra, estén donde estén, que me manden los papeles en cuestión o me manden a William arrestado.

Te ruego entiendas esta orden al pie de la letra.

Fidel Castro Ruz

Agosto 16 de 1958

Camilo:

Tú como todos los demás tienes la tendencia a armar la mayor... [equivale a caos]* posible y dejarla como herencia por aquí.

No te has molestado siquiera en enviarme la lista de hombres, armas y balas que llevas. No sé tampoco si llevas una sola mina.

Imagino hayas dejado a cargo de alguien los rastrojos de los pelotones que quedaron por ahí.

Me gustaría aunque sea tener alguna noticia de todo eso.

Lamento no haber tenido tiempo de comunicarte una serie de planes muy importantes.

Si este mensaje te agarra todavía en Providencia, coge un caballo y ven a la Plata, aunque te retrases dos días.

Si ya has salido, sigue viaje, pero no dejes de mandarme los informes que te pido.

Apriétate los tornillos y no dejes de tener en cuenta que la fama, la jerarquía y los éxitos echan a perder un poco a la gente.

Si llegas a Pinar del Río tendrás un pelo de la gloria de Maceo, pero no te olvides que por todo el camino van a tratar de... [equivale a que fracase].*

Fidel

* Comentario del autor.

Envío carta dirigida al Che ese mismo día.

Che:

Esta mañana te mandé los hombres que tienen garands del pelotón de Crespo. Haz lo que creas mejor con los hombres y con los garands.

El que no te convenga le das otra arma y lo devuelves. Tienes que decirme cuántos garands vas reuniendo y cuántos crees necesitar. Así mismo debes ir haciendo la lista de las demás armas. El incidente de ayer no es el mejor premio al entusiasmo mío por dotar a esa columna de las mejores armas, queriendo destinarle las trescientas mejores chocando el propósito con las exigencias tuyas, que se salían de nuestras realidades y dejaban de tener en cuenta todos los trastornos que ocasionan las campañas en el personal.

El cambio de lugar en lo de la Cruz Roja es la causa de que yo no hubiese podido reorganizar rápidamente todas las tropas pues yo las había concentrado en otra dirección y perdí el contacto durante estos días.

Tengo la sensación de que todo ha sido una... [equivale a basura],* después de la ofensiva.

Pepito me habla del asunto de los camiones. Que arregle eso contigo de acuerdo con tus planes. Que coja lo que necesita, donde sea y de quienes sean, pero que procure si es posible agarrarlos con comida.

Fidel

* Comentario del autor.

DOMINGO

17

Envío carta dirigida al Che.

Agosto 17, 58, 8 y 30 a.m.

Che:

Todos los esfuerzos del ingeniero eléctrico (y me consta que ha trabajado con mucho interés) para arreglar el magneto de la bazooca han sido inútiles. Se va hacer una adaptación para usarlas con pilas.

Le he dicho que invente un sistema sencillo y práctico, de modo que las pilas puedan ser sustituidas fácilmente.

Hoy sale de Santo Domingo el Vaquerito [Roberto Rodríguez] con los hombres que le quedan (1 garand, 3 cristóbal y 23 sprinfield). Te lo mando de acuerdo con tu última nota.

Sólo queda lo de la bazooca por resolver. Dile a tu bazooquero que regrese mañana a buscarla.

Los hombres que vayan a quedar por ahí desvinculados, mándaselos a [Roberto] Fajardo en las Vegas. Infórmame lo que queda de [José Ramón] Silva, Fonso [Alfonso Zayas] y Raúl [Castro Mercader].

Sería muy conveniente que fueras al alto de Mompié el martes 19 por la tarde y yo trasladarme allí para los últimos toques.

He decidido un cambio importante de estrategia que debes conocer, aunque no altera nada la parte tuya.

Estoy en la Plata remendando pelotones y atendiendo otras cosas.

Fidel Castro Ruz

* Comentario del autor.

LUNES

18

ORDEN MILITAR

Se asigna al Comandante Camilo Cienfuegos la misión de conducir una columna rebelde desde la Sierra Maestra hasta la Provincia de Pinar del Río, en cumplimiento del plan estratégico del Ejército Rebelde.

En primer plano, a la izquierda, el teniente Orlando Rodríguez Puertas frente a su tropa.

La Columna No 2, "Antonio Maceo", que así se de-nominará la fuerza invasora en homenaje al glorioso guerrero de la Independencia, partirá del Salto el próximo miércoles 20 de Agosto de 1958.

Al Comandante de la Columna Invasora se le otorgan facultades para organizar unidades de combate rebeldes a lo largo del territorio nacional, hasta tanto los comandantes de cada provincia, arriben con sus columnas a sus respectivas jurisdicciones; aplicar el Código Penal y las Leyes Agrarias del Ejército Rebelde en el territorio invadido; percibir las contribuciones establecidas por las disposiciones militares; combinar operaciones con cualquier otra fuerza revolucionaria que se encuentre ya operando en algún sector determinado; establecer un frente permanente en la Provincia de Pinar del Río que será base de operaciones definitiva de la columna invasora y designar para esos fines a oficiales del Ejército Rebelde hasta el grado de Comandante de Columna.

La Columna Invasora, aunque tiene como objetivo primordial llevar la guerra libertadora hasta el occidente de la Isla, y a él deberá supeditarse toda otra cuestión táctica, batirá al enemigo cuantas ocasiones se presenten durante el trayecto.

Las armas que se ocupen al enemigo serán preferentemente destinadas a la organización de unidades locales.

Para premiar, destacar y estimular los actos de heroísmo en los soldados y oficiales de la columna No 2 invasora Antonio Maceo, se crea la medalla al valor "Osvaldo Herrera", capitán de dicha Columna, que se arrancó la vida en las prisiones de Bayamo, después de gallarda y heroica actitud de resistencia frente a las torturas de los esbirros de la tiranía.

Fidel Castro Ruz

Comandante en Jefe

Sierra Maestra, Agosto 18, 58, 9 a.m.

A la cada vez más amplia audiencia de Radio Rebelde, en el ámbito nacional e internacional, trasmití una pormenorizada información sobre lo que había sido la ofensiva de verano de la dictadura contra el firme de la Maestra, cómo fue derrotada y, finalmente, cuál fue la postura del Ejército Rebelde ante los prisioneros de guerra.

Sierra Maestra, Agosto 18, 1958

Al pueblo de Cuba y a los oyentes de América Latina.

Hace exactamente cuatro meses hice uso de los micrófonos de nuestra emisora Rebelde para hablarle al pueblo en un instante difícil. Fué después de la Huelga del 9 de Abril. En las ciudades los ánimos estaban caídos. Para muchos los días de las fuerzas revolucionarias estaban contados y el país quedaría sumido por muchos años en una noche sin esperanza. Junto al fracaso de la Huelga, el Estado Mayor de la Tiranía emitió una serie de partes mentirosos anunciando que también en el campo militar las fuerzas rebeldes también habían sido batidas. La Tiranía una vez aplastada la Huelga, consideraba llegado el momento oportuno de lanzar todas sus fuerzas militares para destruir los núcleos rebeldes que habían mantenido enhiestos desde hacía más de un año los pendones de la rebeldía.

Respondiendo a la campaña del enemigo y expresando nuestra inquebrantable determinación de resistir, dije entonces:

El pueblo de Cuba sabe que la lucha se está li-brando victoriosamente; el pueblo de Cuba sabe que a lo largo de 17 meses, desde nuestro desembarco con un puñado de hombres que supieron afrontar la derrota sin cejar en el patriótico empeño, la Revolución ha ido creciendo incesantemente; sabe que lo que era chispa hace apenas un año, es hoy llamarada invencible; sabe que ya no se lucha solo en la Sierra Maestra, desde Cabo Cruz hasta Santiago de Cuba, sino también en la Sierra Cristal, desde Mayarí hasta Baracoa, en la Llanura del Cauto, desde Bayamo hasta Victoria de las Tunas, y en otras provincias de Cuba; pero sobre todo, sabe el pueblo de Cuba, que la voluntad y el tesón con que iniciamos esta lucha se mantiene inquebrantable, sabe que somos un ejército surgido de la nada, que la adversidad no nos desalienta, que después de cada revés la Revolución ha resurgido con más fuerza; sabe que la destrucción del destacamento expedicionario del Granma no fue el fin de la lucha sino el principio; sabe que la Huelga espontánea, que siguió al asesinato de nuestro compañero Frank País, no venció a la Tiranía pero señaló el camino de la Huelga organizada; que sobre el montón de cadáveres con que la Dictadura ahogó en sangre la última Huelga no se puede mantener en el poder ningún gobierno, porque los centenares de jóvenes y obreros asesinados y la represión sin precedentes desatada sobre el pueblo, no debilita la Revolución sino que la hace más fuerte, más necesaria, más invencible; que la sangre derramada hace más grande el valor y la indignación, que cada compañero caído en las calles de las ciudades y en los campos de batalla despierta en sus hermanos de ideal un deseo irresistible de dar también la vida, despierta en los indolentes el deseo de combatir, despierta en los tibios el sentimiento de la Patria que se desangra por su dignidad, despierta en todos los pueblos de América la simpatía y la adhesión.

Y terminé aquel discurso con las siguientes palabras:

Al pueblo de Cuba la seguridad de que esta for-taleza no será jamás vencida y nuestro juramento de que la Patria será libre o morirá hasta el último combatiente.

Hoy vuelvo a hablar al pueblo desde esta emisora que no dejó de salir al aire ni en los días en que los morteros y las bombas estallaban a su alrededor, no con una promesa por cumplir, sino con toda una etapa de aquella promesa cumplida.

El Ejército Rebelde después de 76 días* de incesante batallar en el Frente número Uno de la Sierra Maestra, rechazó y destruyó virtualmente a la flor y nata de las fuerzas de la Tiranía, ocasionándole uno de los mayores desastres que pueda haber sufrido un ejército moderno, adiestrado y equipado con todos los recursos bélicos, frente a fuerzas militares no profesionales circunscriptas a un territorio rodeado de tropas enemigas, sin aviación, sin artillería y sin vías regulares de abastecimiento de armas, parque y víveres.

Se libraron más de 30 combates y seis batallas de envergadura. La ofensiva enemiga comenzó el 24 [25] de mayo. Desde Semana Santa la tiranía había estado concentrando tropas a todo lo largo de la Sierra Maestra, que se iban acercando paulatinamente a las estribaciones de la cordillera. El mando enemigo había logrado reunir para esta ofensiva 14 batallones de Infantería y 7 compañías independientes consistentes en las siguientes unidades:

Batallón 10, Comandante Nelson Carrasco Artiles; batallón 11, Tte Coronel Ángel Sánchez Mosquera; batallón 12, Capitán Pedraja Padrón; batallón 13, Comandante Triana Tarrau; batallón 14, Comandante Bernardo Guerrero Padrón; batallón 15, Comandante Martínez Morejón; batallón 16, Capitán Figueroa Lara; batallón 17, Comandante Corzo Izaguirre; batallón 18, Comandante José Quevedo Pérez; batallón 19, Comandante Suárez Fouler [Fowler]; batallón 20, Comandante Caridad Fernández; batallón 21, Comandante Franco Lliteras; batallón 22, Comandante Eugenio Menéndez Martínez; batallón 23, Armando González Finalés; Compañía I, Capitán Modesto Díaz Fernández; compañía K, Comandante Roberto Triana Tarrau; compañía L, Capitán Noelio Montero Díaz; Segunda compañía Regimiento 5, Primer Teniente, Miguel Pérez Lallama; Primera compañía, regimiento 3, Capitán Luis Vega Hernández; Segunda compañía, regimiento 3, Primer Teniente Adriano Coll Cabrera; compañía C de Tanques, regimiento 10 de marzo, Capitán Victorino Gómez Oquendo, una fuerza aérea al mando del Teniente Coronel Armando Soto Rodríguez y una fuerza de la Marina de Guerra al mando del Capitán J. López Campo y fuerzas de la Guardia Rural al mando del Tte. Coronel Arcadio Casillas Lumpuy.

La Plana Mayor enemiga estaba integrada por el Teniente General Eulogio Cantillo Porra, el General de Brigada Alberto del Río Chaviano, el Brigadier Dámaso Sogo Hernández, el Coronel José Manuel Ugalde Carrillo, el Tte. Coronel Merob Sosa, los Comandantes Raúl Sáenz de Calahorra, Juan Arias Cruz, Bernardo Perdomo Granela, J. Ferrer Da’ Silva, Timoteo Morales Villazón, Raúl Martín Trujillo, los capitanes M. Llinás-Valdés, F. Ball-Llovera, Ricardo Montero y Duque, Lorenzo Tundidor, Rodolfo Ugalde Carrillo, Julio Roldán Cid, Miguel J. López Naranjo y los segundos Tenientes Heriberto M. Ruiz Segredo y Agustín G. Padrón y Rivero.

La estrategia de la dictadura fué concentrar el grueso de sus tropas contra el Frente número Uno de la Sierra Maestra, sede de la Comandancia General y de la Emisora Rebelde. El mando rebelde, después que el enemigo hubo dispuesto sus fuerzas y suponía divididas las nuestras, movió secretamente todas las columnas del Sur y Centro de la provincia hacia el Frente número Uno. La Columna 3, al mando del Comandante Juan Almeida que operaba en la zona de El Cobre; la Columna número 2, al mando del Comandante Camilo Cienfuegos, que operaba en el centro de la provincia; la Columna número 4, al mando del Comandante Ramiro Valdés, que operaba al Este del Turquino; la Columna número 7, al mando del Comandante Crescencio Pérez, que operaba en el extremo Oeste de la Sierra Maestra; fueron movilizadas hacia el Oeste inmediato del Pico Turquino.

Estas columnas, la columna número 8, al mando del Comandante Ernesto Guevara y la Columna número Uno, al mando de la Comandancia General, formaron un frente defensivo compacto de unos 30 kilómetros de extensión cuyo eje principal era el Alto de la cordillera Maestra.

La estrategia rebelde estaba sintetizada en las siguientes palabras de las instrucciones dirigidas por la Comandancia General a los Comandantes de Columnas, en los primeros días del mes de Junio, que decía textualmente, entre otras cosas:

Tenemos que estar conscientes del tiempo mínimo que debemos resistir organizadamente y de cada una de las etapas sucesivas que se van a presentar. Más que en este momento estamos pensando en las semanas y meses venideros. Esta ofensiva será la más larga de todas. Después del fracaso de ésta, Batista estará perdido irremisiblemente; él lo sabe y por tanto hará el máximo esfuerzo. Esta es una batalla decisiva que se está librando precisamente en el territorio más conocido por nosotros. Estamos dirigiendo todo el esfuerzo por convertir esta ofensiva en un desastre para la Dictadura. Estamos tomando una serie de medidas destinadas a garantizar: Primero: la resistencia organizada, Segundo: desangrar y agotar al Ejército adversario, Tercero: la conjunción de elementos y armas suficientes para lanzarlos a la ofensiva, apenas ellos comiencen a flaquear.

Están preparadas una por una, las etapas sucesivas de defensa. Albergamos la seguridad que haremos pagar al enemigo un precio altísimo. A estas horas es evidente que están muy retrasados en sus planes, y aunque presumimos que hay mucho que luchar, dados los esfuerzos que deben hacer para ir ganando terreno, no sabemos hasta cuándo les dure el entusiasmo.

La cuestión es hacer cada vez más fuerte la resistencia y ello será así a medida que sus líneas se alarguen y nosotros vayamos replegándonos hacia los sitios más estratégicos.

Como consideramos posible que en algunos puntos ellos logren flanquear la Maestra, en documento adjunto se comunican las instrucciones precisas para cada caso.

Los objetivos fundamentales de estos planes son:

Primero: disponer de un territorio básico donde funcione la organización, los hospitales, los talleres, etc.

Segundo: mantener en el aire la Emisora Rebelde que se ha convertido en factor de primera importancia,

Tercero: ofrecer una resistencia cada vez mayor al enemigo, a medida que nos concentremos y ocupemos los puntos más estratégicos para lanzarnos al contraataque.

El plan contenido en estas instrucciones se cumplió rigurosamente.

La guerra de guerrillas había dejado de existir para convertirse en una guerra de posiciones y de movimientos. Nuestros pelotones fueron situados en todas las entradas naturales de la Sierra por el Norte y por el Sur. Fue necesario cubrir con nuestras escasas fuerzas 30 kilómetros al Norte y 30 kilómetros al Sur de la Maestra.

El 24 y 25 de mayo el enemigo atacó simultáneamente por las Minas de Bueycito y por Las Mercedes. Desde el primer instante encontró tenaz resistencia. Para tomar Las Mercedes, defendido solamente por 14 rebeldes, el enemigo, apoyado por tanques y aviones, se vio obligado a luchar durante 30 horas, mientras en Las Minas de Bueycito, las fuerzas de [Ángel] Sánchez Mosquera tenían que pagar muy caro cada metro de terreno que avanzaban logrando progresar solo 10 kilómetros en 15 días de lucha. El día 5 de Junio el ataque enemigo comenzó también por el Sur desde la costa, al desembarcar en Las Cuevas el batallón 17 [Batallón 18] de Infantería. El curso posterior de los acontecimientos ha sido relatado día a día, en los partes de guerra sobre la situación militar, trasmitidos por Radio Rebelde y sería demasiado extenso reproducirlo detalladamente.

Durante 35 días el enemigo fue ganando terreno paulatinamente. A mediados de Junio los batallones 11 y 22, que habían estado presionando desde las Minas de Bueycito, cortaron diagonalmente las estribaciones de la cordillera y avanzaron hacia Santo Domingo.

Todas las fuerzas enemigas giraban así sobre el Oeste del Turquino.

El día que marcó el momento más crítico fue el 19 de Junio. En el curso de esas 24 horas las fuerzas enemigas penetraron combatiendo simultáneamente en Las Vegas de Jibacoa, Santo Domingo y avanzaban hacia Naranjal, en La Plata, desde Palma Mocha, amenazando con aislar los pelotones más avanzados de nuestras fuerzas. Días más tarde avanzaron por Gaviro [Gabiro] y franquearon la Maestra por el Alto de San Lorenzo. Fue la rapidez con que nuestros incansables combatientes se movieron de unas posiciones a otras, de acuerdo con los movimientos enemigos, lo que permitió afrontar en cada caso la situación difícil.

Los puntos más avanzados que lograron establecer las fuerzas enemigas fueron: Naranjal, hasta donde llegó el batallón 18 del Comandante Quevedo, avanzando desde la desembocadura de La Plata, y Meriño, donde penetró el batallón 19 del Comandante Suárez Fouler [Fowler].

El territorio Libre había quedado reducido considerablemente.

Por el Norte y por el Sur el enemigo había penetrado a fondo. Entre las tropas que atacaban desde ambas direcciones apenas quedaba una distancia de 7 kilómetros en línea recta, pero la moral de nuestras tropas estaba intacta, y se mantenía casi completa la reserva de parque y de minas de alto poder destructivo. El enemigo había tenido que invertir mucha energía y tiempo para ganar terreno en el interior de las montañas.

El 29 de Junio se asestó en Santo Domingo a las fuerzas de la tiranía al mando del Tte. Coronel Sánchez Mosquera el primer golpe anonadante, contra una de las tropas más agresivas que contaban. Con las armas y el parque ocupado en esa acción que duró 3 días, se inició el fulminante contraataque que en 35 días arrojó de la Sierra Maestra a todas las fuerzas enemigas, después de ocasionarles casi mil bajas, entre ellas más de 400 prisioneros. Las batallas de Santo Domingo, Meriño, El Jigüe, segunda batalla de Santo Domingo, Las Vegas de Jibacoa y Las Mercedes se sucedieron ininterrumpidamente. La etapa final de la lucha se convirtió en un intento desesperado de la tiranía por retirar de la Sierra Maestra lo que le quedaba de las fuerzas que había empleado en la ofensiva, para evitar que todas absolutamente fuesen cercadas y aniquiladas por nuestro Ejército. Hasta el campamento de Pino del Agua lo evacuaron sin esperar el ataque. Fue una fuga vergonzosa del frente de batalla, que en cualquier lugar del mundo habría sido suficiente para que un ejército con sentido de su honor y su prestigio, hubiese exigido en pleno la renuncia de su Estado Mayor completo por el número de vidas sacrificadas y el equipo bélico perdido torpe y criminalmente, porque los soldados que fueron víctimas de los errores del Mando Militar no tienen la culpa del desastre. Puede decirse que en el Puesto de Mando el pánico cundió primero que en las tropas y la retirada consecuentemente se convirtió en fuga precipitada.

Fue aniquilado el batallón 22 de Infantería, fue diezmado el batallón 11, el batallón 19 perdió en Meriño todas las arrias con las mochilas, víveres y parque, el batallón 18 fue obligado a rendirse por hambre y sed, la compañía G-4 fue destruida en Purialón, la compañía de la división de infantería fue aniquilada cerca de la desembocadura del río La Plata, la compañía 92 fue cercada y rendida en Las Vegas, junto con el Jefe de la compañía C de Tanques, la compañía P fue destruida en El Salto, el batallón 23 fue diezmado en Arroyones, el batallón 17 y tres batallones más de Infantería con fuerzas de tanques que fueron en su rescate, sufrieron severo castigo abandonando el campo de batalla después de 7 días de lucha, virtualmente en pleno llano.

En poder de las fuerzas rebeldes quedaron un total de 507 armas, incluyendo dos tanques de guerra de 14 toneladas con sus respectivos cañones, dos morteros 81, dos bazookas de 3 pulgadas y media, 8 morteros calibre 60, 12 ametralladoras trípode, 2 fusiles ametralladoras, 142 fusiles Garand, cerca de 200 ametralladoras Cristóbal y el resto Carabinas M-1 y fusiles Sprinfields, más de cien mil balas y cientos de obuses de morteros y bazookas, 6 Minipak y 14 microondas PRC-10.

Las fuerzas rebeldes sufrieron un total de 27 [31, registradas hasta la actualidad] muertos y medio centenar de heridos, algunos de los cuales murieron y están incluidos en la cifra de muertos señalados entre los que se encuentran: un Comandante Rebelde, René Ramos, Daniel, 4 Capitanes: Ramón Paz, Andrés Cuevas, Angelito Verdecia y Geonel Rodríguez, cada uno de los cuales escribió páginas de heroísmo que la Historia no olvidará. Este número elevado de Oficiales caídos revela el profundo sentido que del deber tienen los Oficiales rebeldes, combatiendo en primera línea en los puestos de mayor peligro.

Si el Ejército de la dictadura no estuviera también bajo el terror de la tiranía que no permite el menor enjuiciamiento de sus actos, habría motivos más que suficientes para someter a Consejo de Guerra, a los que desde sus cómodos despachos a muchas leguas del fragor de la batalla, en un terreno que quizás si han visto alguna vez desde un avión, jugaron con la vida de los Comandantes, Capitanes, los Tenientes, las clases y soldados, que a fuerza de adversarios honestos, debemos reconocer que combatieron tenaz, aunque inútilmente. ¿Qué explicación puede dar el Estado Mayor Conjunto, el General Cantillo, Jefe de Operaciones, el Coronel Ugalde Carrillo, Oficial Ejecutivo y toda la Plana Mayor de los cientos de soldados que han muerto por la imprevisión, la insensibilidad y falta de capacidad de los flamantes estrategas de la tiranía?

Yendo más lejos aún, qué justificación pueden tener ahora las miles de bombas incendiarias de Napalm, explosivas de alto poder y cohetes, amén de los ametrallamientos incesantes a que fueron sometidos todos los caseríos de la Sierra Maestra, porque si desde el punto de vista humano jamás tendrían justificación, desde el punto de vista militar la derrota sufrida los justifican menos y hacen más criminal y canallesca sus técnicas vergonzosas y fallidas de guerra. ¿Para eso han sacrificado a sus propios soldados? ¿Para eso han sacrificado al pueblo? Como hecho demostrativo del desprecio que siente la tiranía por la vida de sus propios soldados, está el caso de que en Las Vegas de Jibacoa ametrallaron el Hospital de sangre donde estaban recluidos los prisioneros heridos, a pesar de la bandera de la Cruz Roja.

Lo que no hacemos nosotros con los soldados adversarios, a los cuales brindamos toda la asistencia posible, lo hicieron ellos con sus propios compañeros de armas, que yacían heridos en los hospitales rebeldes por defender la tiranía, ametrallándolos despiadadamente. En otra ocasión, durante la batalla de Las Mercedes, el mando militar enemigo, en vez de enviar los tanques Sherman delante de la Infantería para proteger a los soldados, envió la Infantería a la Vanguardia para proteger los tanques de las minas eléctricas rebeldes, siendo barrida por nuestros fusileros. En el afán de engañar a las tropas acerca de la realidad, el mando militar ha incurrido en hechos criminales de los que somos testigos presenciales. La compañía G-4, del 18 de Infantería, fue ordenada a avanzar desde la playa de La Plata hacia el Jigüe, sin advertirle siquiera que dicha posición estaba cercada, cayendo la misma en mortal y aniquiladora emboscada. Otro tanto ocurrió con la compañía L, de Infantería, siendo destruida en el propio sitio donde cayó la compañía G-4 por no ser advertida de la derrota sufrida por aquella dos días antes.

En El Salto, durante la segunda batalla de Santo Domingo, interceptamos una comunicación del Oficial Ejecutivo, que desde el avión ordenaba a la compañía P que avanzara sin preocupación hacia Santo Domingo que el camino había sido reconocido por él y estaba limpio. Media hora después la compañía era destruida. El batallón 22 fue ordenado [a] moverse de Santo Domingo a Pueblo Nuevo, sin advertirle que 4 días antes había ocurrido un combate con fuerzas rebeldes apostadas en dicho camino donde encontró su destrucción.

La compañía 92, situada en Las Vegas, fue ordenada a salir por el Oficial Ejecutivo desde el avión, informándole que no tenía dificultades pues los firmes que dominaban la ruta estaban tomados por mil soldados del ejército, siendo la verdad que dichas posiciones estaban ocupadas por fuerzas rebeldes.

Como adversario leal, con sentido humano de la guerra, en muchas ocasiones he sentido verdadera pena por la forma criminal y estúpida con que esos soldados eran engañados y sacrificados por el mando militar.

Desde el primer combate de Santo Domingo el equipo de microonda de la compañía N del batallón 22 de Infantería, compuesto por un Minipak y un PRC-10, con sus claves de guerra, cayeron en poder de nuestras fuerzas. El mando enemigo ni siquiera se percató de ese detalle y desde entonces todas las batallas se libraban con perfecto conocimiento nuestro de todas las disposiciones tácticas y las órdenes del enemigo. La clave secreta del 5 de junio, del mando militar, que cayó en poder nuestro el 29 de ese propio mes, no fue sustituida hasta el 25 de Julio en que se dispuso una nueva clave que cayó en nuestro poder ese mismo día con nuevos equipos de micro-ondas al ser destruida la compañía P, en El Salto. En ocasión de encontrarse una unidad enemiga sin comunicación por habérsele descompuesto el Minipak, los propios rebeldes dimos órdenes por radio a la aviación enemiga de bombardear la posición del ejército.

La técnica de engañar a los soldados ocultándoles las dificultades y las derrotas que afectaban a cualquier unidad dio los naturales frutos que la mentira tarde o temprano produce. Cualquier tropa caía fácilmente en los mismos errores que habían costado serias consecuencias a otras tropas; caían en las mismas trampas y hasta en las mismas emboscadas donde habían caído otras días antes. Ningún oficial al mando de una unidad recibía la menor noticia de la experiencia ocurrida a otros Jefes de unidades.

Ahora mismo, al finalizar la ofensiva, el Estado Mayor de la dictadura, acaba de emitir los más fabulosos partes de guerra que se han escuchado en Cuba, hablando de cientos de muertos rebeldes. Pero el simple hecho de dar tan elevado número de bajas rebeldes, que por supuesto son las propias bajas del ejército, indican el reconocimiento de la magnitud de las batallas que se han librado. Ha sido tan grande el cinismo del Estado Mayor que el mismo día que nosotros entregábamos a la Cruz Roja en Sao Grande, 163 prisioneros y heridos del Ejército, de todo lo cual se levantó acta firmada por los oficiales de la Cruz Roja, que en total suman con los anteriores 422, emitió un parte diciendo que los rebeldes se estaban presentando en Manzanillo, Bayamo y otros puntos. Siendo así que en los 76 [74] días que duró la ofensiva las fuerzas de la dictadura no han hecho un solo prisionero, ni ha habido ni un solo desertor rebelde.

¿Qué les dirá el Estado Mayor a los soldados cuando estos presencien el desbordamiento de las tropas rebeldes a lo largo y ancho de la Isla? ¿No opina el Estado Mayor que en ese instante sus soldados se van a llevar la más terrible sorpresa y la más amarga de las decepciones sobre su mando militar, que después de haberlos llevado a la derrota les miente descaradamente diciendo que el enemigo ha sido destruido, un enemigo que en cualquier instante puede aparecer a las puertas desprevenidas de sus cuarteles?

Cabe repetir aquí con más razón que nunca lo que decíamos hace 4 meses:

Cuando se escriba la historia real de esta lucha y se confronte cada hecho ocurrido con los partes militares del régimen, se comprenderá hasta qué punto la tiranía es capaz de corromper y envilecer las instituciones de la República, hasta qué punto la fuerza al servicio del mal es capaz de llegar a extremos de criminalidad y barbarie; hasta qué punto los soldados de una dictadura pueden ser engañados por sus propios Jefes. ¿Qué les importa, después de todo, a los déspotas y verdugos de los pueblos la desmentida de la Historia?

Lo que les preocupa es salir del paso y aplazar la caída inevitable. Yo no creo que el Estado Mayor mienta por vergüenza: el Estado Mayor del Ejército de Cuba ha demostrado no tener pudor alguno. El Estado Mayor miente por interés; miente para el pueblo y para el ejército; miente para evitar la desmoralización en sus filas; miente porque se niega a reconocer ante el mundo su incapacidad militar, su condición de jefes mercenarios, vendidos a la causa más deshonrosa que pueda defenderse; miente porque no ha podido, a pesar de sus decenas de miles de soldados y los inmensos recursos materiales con que cuenta, derrotar a un puñado de hombres que se levantó para defender los Derechos de su pueblo. Los fusiles mercenarios de la tiranía se estrellaron contra los fusiles idealistas que no cobran sueldos; ni la técnica militar, ni la academia, ni las armas más modernas sirvieron de nada.

Es que los militares cuando no defienden a la Patria, sino que la atacan, cuando no defienden a su pueblo, sino que lo esclavizan, dejan de ser Institución para convertirse en pandilla armada, dejan de ser militares para ser malhechores, y dejan de merecer, no ya el sueldo que arrancan al sudor del pueblo, sino hasta el sol que los cobija en la tierra que están ensangrentando con deshonor y cobardía.

Los que creíamos al Mayor General Eulogio Cantillo un Oficial de distinta calaña que los Ugalde Carrillo, Salas Cañizares, Chaviano, Tabernilla, Cruz Vidal, Pilar García, etc., hemos estado variando de opinión, pues si bien al principio de la campaña guardó cierto discreto silencio sobre el curso de las operaciones, y dictó pautas más humanas a los jefes de batallones sobre el trato con la población civil, aunque ya muy tardíamente para compensar los crímenes horribles que se habían cometido anteriormente, los últimos partes del Ejército más cínicos y más falsos que nunca constituyen una verdadera prostitución del carácter y un deshonor para cualquier hombre recto. Los bombardeos que estos días ha ordenado contra los caseríos de vecinos indefensos, como una cruel venganza producto de un pánico desmedido, los desalojos de campesinos ordenados por medio de miles y miles de volantes lanzados desde el aire, de los crímenes que perpetra el sanguinario Morejón en los alrededores de Bayamo y otros hechos, van siendo más que suficientes para incluir al Mayor General Eulogio Cantillo no sólo entre los pusilánimes que han contemplado indiferentes el rosario de cadáveres que sus colegas Chaviano, Ventura, Pilar García y otros han regado por las ciudades y pueblos de Cuba, sino también, entre los hombres que han prostituido a la tiranía su honor y su carrera militar.

Dada la extensión del tema y el deseo de no abusar de la atención de los oyentes, continuaré mañana a esta misma hora para exponer la actual situación militar, nuestra actitud respecto al Ejército y a las fuerzas Armadas de la República, nuestra posición frente al golpe de Estado posible, el próximo avance del Ejército Rebelde hacia el resto del territorio nacional y el papel del pueblo en la nueva etapa de lucha.

Durante estos días me dirigí, a través de la radio, a los pueblos de América Latina para analizar el proceso de la ofensiva lanzada por la tiranía contra la Sierra y que el Ejército Rebelde acababa de derrotar.

Me referí a la estrategia desarrollada por el mando rebelde y a la actitud moral con que había dirigido la guerra.

Analicé también el fracaso y descrédito del régimen de Batista, que había enviado contra la Sierra Maestra batallones y compañías independientes —apertrechados con tanques, aviones, artillería y marina—; fuerza militar que el Ejército Rebelde resistió primero, concentrándose en los puntos más estratégicos de la cordillera, y rechazó después para lanzarse finalmente en una violenta contraofensiva que desalojó al Ejército batistiano de la Sierra.

A la vez, comenté la desmoralización de la alta jerarquía del Ejército y consideré la posibilidad de un golpe militar que el Movimiento 26 de Julio rechazó categóricamente.

Anuncié la inminente invasión rebelde y expresé que las columnas de combatientes revolucionarios avanzarían en todas direcciones hacia el resto del territorio nacional, sin que nada ni nadie las pudiera detener.

Finalmente, pronuncié las siguientes palabras: "[...] antes moriremos todos, que abandonar la meta por la que está luchando nuestro pueblo desde hace seis años, y está anhelando hace medio siglo".

* En su libro La Victoria Estratégica, el Comandante Fidel Castro considera el inicio de las acciones de la ofensiva a partir del 25 de mayo, por lo que serían 74 días (n. del e.).

   

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