Girón el primer capítulo de nuestra resistencia (IV Parte)

Los planes de atentados contra Fidel. La intensa actividad de la CIA, por mandato del presidente norteamericano “Ike” Eisenhower, para aniquilar a la Revolución cubana

Costoso y sangriento ha resultado para nuestra nación enfrentar la brutal agresión yanki, como lo evidencian los 549 compatriotas caídos en la lucha contra las criminales bandas contrarrevolucionarias, tal y como fue certificado, caso a caso, en la Demanda del Pueblo de Cuba al Gobierno de los Estados Unidos.

Los presidentes John F. Kennedy y Dwight D. Eisenhower encabezaron las dos primeras administraciones que iniciaron la guerra sucia contra la Revolución cubana. “El proyecto para derrocar a Castro se convirtió en la principal actividad de la Agencia con la aprobación de las altas esferas de la política”, aseguró el Inspector General de la CIA en el informe que sería desclasificado casi 30 años después.

Otro de los epicentros de la guerra contra Cuba es la realización de planes de asesinato contra los dirigentes de la Revolución y, sobre todo, contra el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Fidel, como dijo Roger Noriega, en pleno apogeo de su mandato como subsecretario de Estado, es el “obstáculo principal” para llevar adelante la “transición” del Plan Bush.

Los planes de asesinato contra la vida del Comandante en Jefe comenzaron a fraguarse desde antes del triunfo revolucionario y fueron intensos, como veremos en la siguiente muestra:

En septiembre de 1960, la CIA utilizó a elementos de la mafia, y organizó el asesinato del Comandante en Jefe, mediante la colocación de una carga explosiva cerca de la tribuna donde Fidel haría uso de la palabra en el Parque Central de Nueva York, en ocasión de su primer viaje a las Naciones Unidas.

El 28 de diciembre de 1958 fue descubierto y detenido por fuerzas rebeldes en la Sierra Maestra, el norteamericano Aller Robert Nye, a quien se le ocupó un fusil Remington calibre 30.06 con mira telescópica, con cuya arma pretendía asesinar al Comandante en Jefe.

Nye era agente del FBI y el Gobierno de Estados Unidos se lo facilitó a Batista y a su cúpula militar para que lo contrataran para esa misión. Esta historia fue revelada en enero de 1959 en la revista Carteles. Se disponen de algunas notas diplomáticas que la Embajada de Estados Unidos en La Habana envió a nuestras autoridades intercediendo por dicho agente.

El 2 de febrero de 1959, fue detenido el agente de la CIA y mercenario Allen Robert Mayer, quien ilegalmente penetró en nuestro territorio a bordo de una avioneta con el propósito de asesinar al Comandante en Jefe, lo cual no pudo ejecutar al ser descubierto y detenido por los entonces incipientes Órganos de la Seguridad del Estado.

El 28 de marzo de 1959, las fuerzas de la Policía Nacional Revolucionaria descubrieron y desarticularon un plan dirigido por la CIA para asesinar al Comandante en Jefe, a través del esbirro batistiano Rolando Masferrer, quien había huido hacia Estados Unidos al triunfar la Revolución y desde ese territorio, con el conocimiento y apoyo de dicha Agencia, preparó el plan.

En 1959, el agente de la CIA, Frank Sturgis, conocido también por Frank Fiorini, en 1958 aterrizó en la Sierra Maestra, por instrucciones de la Agencia, pilotando una avioneta cargada de armas para el Ejército Rebelde, con el objetivo de incorporarse a las fuerzas revolucionarias y cumplir diferentes misiones de Inteligencia. Esta misión logró cumplirla. Al triunfo de la Revolución, y dadas sus estrechas relaciones con Pedro Luis Díaz Lanz, entonces jefe de la fuerza aérea rebelde, fue designado para ocupar un cargo de responsabilidad en dicho mando, desde el cual preparó varios planes para asesinar al Comandante en Jefe, en ocasión en que el compañero Fidel concurriera a dicha unidad, planes que no logró materializar por diferentes razones.

Sintiéndose en peligro de ser descubierto huyó a Estados Unidos, desde donde continuó sus acciones contra nuestro país. Años después, en abril de 1977, revelaría al periodista Ron Rosenbanm, de la revista norteamericana High Times, que entre 1959 y 1960 preparó varios planes de atentado contra Fidel en la Base Aérea. Este mismo sujeto, además, participó conjuntamente con el traidor Pedro Luis Díaz Lanz en el bombardeo a la ciudad de La Habana el 21 de octubre de 1959.

Los planes antes citados demuestran que al contrario de lo que señaló William Colby, director de la CIA entre 1973 y 1976, ante el Comité Selecto del Senado (conocido como Comité Church, apellido del senador que lo presidió) creado para investigar las actividades de la comunidad de Inteligencia estadounidense y en particular los planes de asesinatos a dirigentes políticos, no fue a mediados de los 60 cuando comenzaron los esfuerzos por asesinar a nuestro Comandante en Jefe.

En el descalificado Memorando del 24 de abril de 1959, John Hill, ayudante especial del Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, redactó después de regresar a Estados Unidos de un viaje realizado a La Habana, que las opiniones recibidas sobre qué pasaría si Castro fuese asesinado o incapacitado de otra manera, coincidían en “que la situación (en Cuba) se desintegraría con probabilidad peligrosamente... ya que no existiría ninguna fuerza capaz de resistir cualquier histeria masiva que pudiera sobrevenir”.

En la parte final del documento, Hill señala: “considero, además, que existe una necesidad urgente para la Embajada y las Agencias en Washington, en cuanto a enfocar más cuidadosamente lo que haríamos si: a) Castro fuera asesinado; b) Llegáramos a la conclusión de que él pondría en peligro nuestros intereses esenciales; o, c) la situación en Cuba se desintegra”, y añade: “De manera particular, debiéramos examinar cómo podríamos, en la medida en que la situación se desarrolle, identificar y promover una alternativa aceptable para nosotros”.

Lo anterior prueba que desde el propio año 1959, no solo la CIA, sino también el Departamento de Estado, manejaban la posibilidad del asesinato de Fidel y evaluaba las posibles consecuencias que ello podría traer.

También lo prueba el conocido Memorando de la CIA fechado el 11 de diciembre de 1959 y firmado por J. C. King, entonces jefe de la División del Hemisferio Occidental de dicha Agencia y que aparece entre los documentos desclasificados citados en la Demanda, en el cual propuso “considerar la eliminación física del Comandante en Jefe”, también mucho antes de la fecha citada por Colby.

Lo cierto es que a partir de 1960, la CIA intensificó la dirección de planes para asesinar al Comandante en Jefe y a partir de esa fecha son la mayoría de los planes revelados en el informe de la Comisión Church y los que aún no se han revelado.

Lo que también es cierto es que contra ningún otro dirigente político en el mundo se han gestado tantos planes de asesinato, ni ninguno ha sido sometido a tal persecución, tanto dentro como fuera de su país.

En 1960, los oficiales de la estación de la CIA en la embajada norteamericana en La Habana, Mayor Robert Van Horn y Coronel Jack Nichols, quienes encubrían sus acciones subversivas y terroristas bajo el manto de agregados militares, utilizaron a la también agente de la CIA Geraldine Shamma, para organizar un plan de asesinato al Comandante en Jefe en ocasión de una de las visitas que asiduamente hacía a la casa de otro dirigente de la Revolución. El plan, previamente aprobado por James Noel, jefe de la referida estación CIA, y supervisado por Lois Herbert, responsable de la CIA para el área de Centro América y el Caribe, consistió en dispararle desde un lugar cercano por parte de elementos terroristas de la organización contrarrevolucionaria Milicias Anticomunistas Obreras, con quienes Geraldine Shamma mantenía el enlace.

Este peligroso plan fue descubierto y neutralizado oportunamente por la Seguridad del Estado, sus actores detenidos, entre ellos la mencionada Shamma y las armas ocupadas.

También en 1960, los terroristas Leonel Pérez Bernal; José A. Martí Rodríguez, Francisco Pujols Someillán; Javier Someillán Fernández y Roger Hernández Ramos, concibieron asesinar al Comandante en Jefe durante su probable desplazamiento por una carretera de la capital. Para ello planearon hacer estallar una poderosa carga explosiva y a la vez dispararle con potentes armas. Fueron descubiertos y neutralizados durante la preparación del plan.

En 1960, un grupo de elementos contrarrevolucionarios vinculado con ex miembros del Ejército de la tiranía, planearon asesinar al Comandante en Jefe, mediante la colocación de cargas explosivas en un lugar por donde suponían que pasaría, la cual harían estallar por control remoto desde la casa del ex batistiano Raúl Nieves Sosa. Dicho plan, oportunamente descubierto, pudo ser neutralizado.

En 1960, los agentes de la CIA Armando Cubría Ramos y Mario Tauler Sagué, dirigidos desde Miami por el también agente Eladio del Valle Gutiérrez, se infiltraron por la costa norte de la provincia de Matanzas para asesinar al Comandante en Jefe. Descubiertos y perseguidos, fueron capturados ocupándoseles las armas, granadas, detonadores y equipos de control remoto que traían.

En septiembre de 1960, la CIA utilizó a elementos de la mafia, y organizó el asesinato del Comandante en Jefe, mediante la colocación de una carga explosiva cerca de la tribuna en que Fidel hacía uso de la palabra en el Parque Central de Nueva York, en ocasión de su viaje a las Naciones Unidas. Dicho plan quedó neutralizado al ser detenido su autor, el mafioso Walter Martino, por la policía de seguridad que custodiaba el acto. Este sujeto era hermano de otro mafioso nombrado John Martino, quien meses antes había sido detenido en Cuba por sus actividades subversivas.

En 1961, los contrarrevolucionarios Nobel Goderich Rodríguez, José René Martínez Carratalá, Abelardo González Fernández, conocido por “El Manquito”, todos con antecedentes gansteriles durante anteriores gobiernos, conjuntamente con Roberto Manuel Pérez Dulzaides, Roberto Rubio Ferres y otros, planearon asesinar al Comandante en Jefe en ocasión del recibimiento del dirigente argelino Ahmed Ben Bella durante su visita a nuestro país. El plan consistió en hacer estallar una carga explosiva en un lugar por donde suponían debían pasar los dirigentes. Descubierto oportunamente el plan, pudo ser neutralizado por la Seguridad del Estado.

En marzo de 1961, la CIA, a través de Rafael Díaz Hanscom, designado coordinador civil del “Frente Interno de Unidad Revolucionaria” organizado para dirigir las acciones contrarrevolucionarias en apoyo a la invasión mercenaria que se gestaba, planeó el asesinato del Comandante en Jefe en ocasión de una de sus frecuentes visitas a las obras en construcción por el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas. El plan consistía en hacer estallar un potente artefacto explosivo. En apoyo a este plan se produjo la infiltración de un comando de la CIA encabezado por el traidor Humberto Sorí Marín y otros, quienes introdujeron los explosivos y un número considerable de armas que serían, además, utilizadas en otras acciones. Este peligroso plan fue frustrado al ser descubiertos y detenidos todos los terroristas y ocupadas las armas.

En 1961, en víspera de la invasión mercenaria por Playa Girón, los terroristas Reynold González, jefe de la organización contrarrevolucionaria MRP (Movimiento Revolucionario del Pueblo), Antonio Veciana Blanch, Bernardo Paradela Ibarrichi y otros agentes de la CIA, planearon asesinar al Comandante en Jefe, en unión de los principales dirigentes de la Revolución reunidos en la terraza norte del antiguo Palacio Presidencial, en ocasión de estar celebrandose un multitudinario acto. El plan consistía en disparar contra la tribuna con armas automáticas y una bazuka, a la vez que serían lanzadas granadas contra el pueblo allí concentrado.

En apoyo a esa acción serían incendiadas las tiendas Sears, Fin de Siglo, J. Vallés y otras, y la realización de otros actos terroristas, como parte de la Operación Liborio, código con que la CIA denominó este vasto plan subversivo. La única tienda que lograron destruir totalmente fue El Encanto, donde pereció la compañera Fe del Valle Ramos.

Este plan, se ubica entre los de mayor peligrosidad que se han concebido, pues los terroristas ocuparon un apartamento próximo y situaron en él las armas, en espera del día del acto. Días antes de este, la Seguridad del Estado detuvo a la terrorista Dalia Jorge Díaz, miembro del grupo, al ser sorprendida cuando colocaba una petaca explosiva en la tienda Sears. También fue descubierto otro artefacto explosivo ya colocado en la tienda Fin de Siglo. Se intensificaron las investigaciones y se logró neutralizar los planes que estaban ya en sus comienzos de ejecución y la Seguridad del Estado pudo ocupar las armas y granadas situadas en el citado apartamento, deteniéndose a la mayoría de los terroristas.

EL PLAN DE INVASIÓN DE LA CIA

La desclasificación en los Estados Unidos del informe del inspector general de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Lyman Kirkpatrick, elaborado en octubre de 1961, en el que se evalúan las razones del fracaso de la invasión que los norteamericanos llaman de Bahía de Cochinos, prueba que las operaciones encubiertas organizadas desde Washington contra Cuba comenzaron en el verano de 1959, algunas semanas después de la firma de la Ley de Reforma Agraria. En su informe, el Inspector General de la CIA describe los pasos que a partir de agosto de 1959 había comenzado a dar un grupo paramilitar de la Agencia que cuatro meses más tarde, en diciembre de 1959, había elaborado “un plan para el entrenamiento de un grupo de exiliados cubanos como instructores paramilitares que serían usados en el entrenamiento de otros reclutas cubanos en un país de América Latina para su posterior infiltración clandestina en Cuba con el objetivo de proporcionar un líder a los disidentes anticastristas”. Y más adelante dice: “El 18 de enero de 1960, la División WH organizó el Buró 4 (WH/4), un grupo de tareas expandibles para llevar a cabo la propuesta operación cubana. La Mesa de Organización inicial tuvo un total de 40 personas, con 18 en el Cuartel General, 20 en la Estación Habana y dos en la Base Santiago”.

Así nació la Operación 40, que tomó el nombre en honor a la designación que recibía el Grupo Especial formado en el seno del Consejo Nacional de Seguridad para el seguimiento del caso cubano, presidido por el entonces vicepresidente Richard Nixon e integrado, entre otros, por Allen Dulles, el director de la CIA. El alto mando de la Agencia designó al experimentado oficial Tracy Barnes como jefe de la Fuerza de Tarea Cubana. Barnes convocó a una reunión ese propio 18 de enero al equipo que tuvo bajo su responsabilidad dirigir los planes para derrocar en 1954 al régimen de Jacobo Arbenz, en Guatemala.

Fuentes norteamericanas revelaron años después que Nixon en persona era el “oficial de caso” para Cuba, y había reunido a un importante grupo de hombres de negocios, encabezados por George Bush y Jack Crichton, ambos petroleros de Texas, para la recaudación de los fondos necesarios para la Operación. Nixon era un protegido del padre de Bush, Preston, que en 1946 apoyó su promoción al Congreso. De hecho, este era el ideólogo de la campaña electoral que llevó a Eisenhower a la presidencia y a Nixon a la vicepresidencia de los Estados Unidos.

Ya en mayo de 1959 había tenido lugar una reunión secreta en Washington con la participación de Nixon y los directivos de la Pepsi Cola International, la Standard Oil, la United Fruit Company y representantes de la mafia. Los asistentes sellaron un pacto mediante el cual el primero se comprometía a derrocar al Gobierno Revolucionario cubano a cambio de su próxima elección como presidente.

La actividad del Grupo Especial fue intensa durante las semanas siguientes: iniciaron conversaciones para un sitio de entrenamiento en Panamá; hicieron un reconocimiento del Caribe en la búsqueda de un sitio para una poderosa estación de radio de onda corta y onda media y, al mismo tiempo, el Cuartel General y la estación de la CIA en La Habana realizaron un estudio de las principales figuras de la oposición cubana para prepararlos con vistas a la creación de un frente político unificado, incluidos los batistianos, que sirviera como instrumento de cobertura para las operaciones clandestinas y como punto de unión para los cubanos anticastristas.

Dice el informe de Kirkpatrick:

“La adopción formal del proyecto por parte del Gobierno de los Estados Unidos tuvo lugar el 17 de marzo de 1960 cuando, después de preparativos preliminares por parte de la Agencia, el presidente Eisenhower aprobó un documento titulado `Un programa de acción encubierta contra el régimen de Castro' y mediante esto autorizó a la Agencia a poner en práctica:

a) La formación de una organización cubana en el exilio para atraer a los leales a Cuba, dirigir las actividades de oposición y proporcionar cobertura a las operaciones de la Agencia;

b) desatar una ofensiva propagandística en nombre de la oposición;

c) crear dentro de Cuba un aparato clandestino de recopilación de datos de Inteligencia y de acción que respondiera a la dirección de la organización en el exilio;

d) desarrollar fuera de Cuba una pequeña fuerza paramilitar para introducir en Cuba con el objetivo de organizar, entrenar y dirigir a los grupos de la resistencia.”

Por su parte, el presidente Eisenhower cuenta en sus memorias: “El 17 de marzo de 1960 yo le ordené a la Agencia Central de Inteligencia que comenzara a organizar el entrenamiento de los exiliados cubanos, principalmente en Guatemala, para un posible día futuro en que ellos pudieran regresar a su país. Otra idea fue que comenzáramos a construir una fuerza anticastrista en la propia Cuba. Algunos pensaron que debíamos poner la Isla en cuarentena, argumentando que si la economía declinaba bruscamente los propios cubanos derrotarían a Castro”.

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