Fidel en 1960

La Revolución es una gran maestra

Fragmentos del discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro en la CTC-R al recibir las actas con los compromisos obreros de aportar el 4% para la industrialización, en el teatro Blanquita (hoy Karl Marx), el 24 de febrero de 1960.

[...] Es posible que muchos empiecen ahora a comprender la Revolución en toda su significación y en toda su grandeza, porque, incluso, era una palabra muy en boga, muy repetida y que para muchas personas no tenía sino una significación sonora, una idea confusa, porque, incluso, se llamaba revolución a cualquier cosa y cualquiera se llamaba revolucionario. Y fácil parecía una revolución y, sin embargo, una revolución no es tarea fácil. Una revolución no es un acontecimiento sencillo en la historia de un pueblo. Una revolución es un hecho complejo y difícil, y que tiene, además, la virtud de ser una gran maestra, porque nos va enseñando sobre la marcha, y sobre la marcha va fortaleciendo, la conciencia del pueblo, y sobre la marcha nos va enseñando qué es una revolución.

Y para comenzar a darse cuenta de esto, es preciso que haya transcurrido un tiempo [...] Y lo más satisfactorio es tener la seguridad y la convicción de que la Revolución marcha bien; marcha bien, por encima de todos los obstáculos, de todas las zancadillas, de todas las trampas y de todas las maniobras contra ella [...].

[...] Para nosotros, es decir, para el pueblo, la tarea que tenía delante el día 1ro. de Enero de 1959, era una tarea grande y una tarea dura. En aquellos momentos era la alegría, la alegría de ver romperse aquellas cadenas, cadenas de oprobio y de sangre, cadenas de injusticias y de crimen, cadenas que ahogaban a un pueblo en la humillación y en la miseria y, sobre todo, en la falta de esperanza.

Era, en aquellos días primeros, la alegría general, aunque con una idea vaga de todo lo que teníamos por delante. La Revolución no había cobrado forma todavía; la Revolución era algo así como una silueta que no se definía claramente en la mente del pueblo. La Revolución era algo así como una esperanza, y aquella alegría posiblemente nos impedía pensar en todo lo que teníamos que hacer todavía; que el romper aquellas cadenas no significaba sino la oportunidad de empezar; de empezar a hacer esa obra compleja y difícil, cuando teníamos por primera vez la oportunidad, después que nuestro pueblo había estado luchando por ella más de un siglo, sin poder alcanzarla, tuvimos los de la generación presente la fortuna de alcanzar esa oportunidad por primera vez en la historia de nuestra Patria, porque, en otras ocasiones, factores más poderosos que los deseos y las aspiraciones y la fuerza de nuestro pueblo, lo habían impedido. Y en manos nuestras, es decir, de nuestro pueblo, cayó esa oportunidad. [...]

Por qué tenemos los gobernantes revolucionarios moral para pararnos ante el pueblo... (APLAUSOS), moral para responder a los enemigos de nuestro pueblo, sino porque venimos con la verdad en la mano, porque no le ocultamos nada a la nación y porque vamos a las raíces de los problemas y podemos probar hasta la saciedad, frente al coro de los enemigos, que la Revolución ha actuado correctamente, que la Revolución actúa correctamente, porque hay razones que son irrebatibles, hay hechos que son irrefutables, hay números que no se pueden contradecir. Y cuando se va a la verdad de esos números, cuando se va a esas realidades, es cuando tienen que callarse la boca los enemigos de la Revolución (APLAUSOS), porque ellos ni le dijeron nunca la verdad al pueblo, ni buscaron jamás remedios a nuestros males y frente a cuestiones trascendentales venían con fórmulas ridículas e inoperantes, que no servían más que para ir prorrogando nuestros males y para ir produciendo ese cúmulo de problemas y esa herencia negativa que, después de 50 años de república, le han dejado a nuestro pueblo.

   

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