El 8 de mayo de 1959, en el acto de recibimiento que el
pueblo le tributa, Fidel pronuncia un discurso en la Plaza de la
Revolución.
Aquí estamos de nuevo, otra vez, con nuestro pueblo. Y
aunque ha sido larga la jornada y tremendo el esfuerzo realizado, aún
queda un poco de energía para cerrar, con este acto, la gira por todo el
continente.
No fue un paseo al extranjero. Fue una necesidad. Fuimos
a llevar el mensaje de nuestra Revolución a todos los pueblos del
continente americano. Fuimos a reunirnos con otros pueblos, y hablarles
a otros pueblos; a hacer, en otros lugares del continente, lo que
hacemos aquí: hablarle al pueblo, exponer los ideales de nuestra
Revolución, los propósitos que la animan. Y ganar para nuestra justa
causa, el corazón de otros pueblos.
Nuestra Revolución es un acontecimiento histórico, que
no solo interesa a los cubanos; le interesa a otros pueblos. Como
verdadera Revolución que es, ha despertado el interés de los pueblos en
todo el continente.
[... ] Cuando se sale de la Patria y se mira el panorama
de otros pueblos de nuestro continente es cuando se siente más
íntimamente la satisfacción de la obra que nuestro pueblo está
realizando. Cuatro cosas tiene nuestra Revolución, que es precisamente
lo que constituye los motivos de admiración por los cubanos. Esta es en
primer lugar una Revolución que tiene pueblo. Es una Revolución donde el
gobierno de la república puede decir que tiene ejército; es una
Revolución que tiene doctrina y es una Revolución que hace leyes
extraordinariamente revolucionarias. Otros pueblos están sumidos en
grandes problemas, problemas al revés de nuestra Patria, no cuentan con
los elementos con que afortunadamente contamos nosotros para llevar
adelante esta obra, porque nunca como hoy, nunca en ningún pueblo de
América se reunieron como se reúnen en Cuba todos los ingredientes para
hacer marchar adelante una Revolución.
[... ]El pueblo y los hombres que tienen las armas en la
mano son una sola cosa porque en otros sitios ha ocurrido que tenían el
pueblo pero no tenían el ejército. Otros gobiernos han tenido el
ejército, pero no han tenido el pueblo; otras revoluciones han tenido
doctrina, pero no han tenido mayoría; y, entonces, necesitan implantar
los cambios revolucionarios mediante el terror.
[... ] Fácil camino es el de llevar a un pueblo a una
lucha a muerte, difícil camino es el de conducir a un pueblo al triunfo,
y nuestra misión como gobernantes es conducir al pueblo al triunfo y no
a la muerte, nuestro deber como gobernantes es conducir nuestro pueblo
al éxito y no al sacrificio. Yo sé, y todos sabemos que con nuestro
pueblo podemos contar en cualquier hora, en cualquier circunstancia y
para cualquier sacrificio, eso lo sabemos, pero nosotros estamos muy
conscientes de que nuestro deber es conducirlo al triunfo [...]
Hablando más claro, existe algo contra lo que tenemos
que luchar: el temor; existe algo que debemos recalcar aquí hoy, y es un
sentimiento que queremos inculcar a todos los cubanos, hay una palabra
que debemos pronunciar aquí: de nuestra Revolución nadie tiene nada que
temer; de nuestra Revolución podemos decir que es la Revolución más
generosa que haya existido en el mundo.
[... ] Si a la Revolución se le teme, será por sus
razones; si a la Revolución se le teme será por la justicia que lleva
consigo porque no existe ninguna razón para temerle a una Revolución que
se realiza sin el empleo de la fuerza, sin dictadura, sin interés, no
existe otra razón para temerle a una Revolución que se lleva adelante
bajo un cielo libre, en un régimen de opinión pública, donde todo el
mundo tiene derecho a hablar y a exigir libremente. Y con una mayoría de
pueblo que la respalda.
[... ] Las ideas y los fines de nuestra Revolución son
bien claros. La ideología de nuestra Revolución es bien clara: no solo
que le ofrecemos libertades al hombre, sino que le ofrecemos también el
pan. No solo les ofrecemos a los hombres pan sino que les ofrecemos
también libertades y esta es nuestra posición ideológica, clara y
terminante. Nosotros respetamos todas las ideas; nosotros respetamos
todas las creencias, porque no tememos a ninguna idea, porque no tememos
a nada, porque podemos confiar en nuestro pueblo, porque no tememos a
ninguna idea, porque tenemos confianza en nuestro propio destino y
porque tenemos la concepción de que la democracia no admite otra cosa.
Sé que las ideas no se consiguen con la fuerza y que solo las ideas
creadoras triunfan, solo las ideas que son capaces de resolver los
grandes problemas del hombre triunfan, todas las ideas que satisfacen al
hombre material y espiritualmente triunfan. Pensarán algunos que una
revolución no se puede llevar adelante con este criterio generoso y
humano, pensarán otros que una revolución no se puede llevar adelante en
estas condiciones porque las armas que pueden emplearse contra ella sean
superiores a las armas morales e ideológicas con que cuenta la
revolución [...]
[... ]¿Por qué los pueblos no van a tener derecho a su
propia ideología nacida de la entraña de la tierra, nacida de las
necesidades del pueblo, nacida del corazón de los pueblos, nacida de la
esperanza de los pueblos, y nacida de las aspiraciones de los pueblos?
¿Y por qué nuestro pueblo ha de temer a ninguna idea si tiene la suya?
[...]