[...] Nosotros, antes que nada, sentimos los
intereses de nuestra patria y de nuestra América, que es también una
patria grande de todos nosotros. Queremos defender los intereses de
nuestro pueblo, queremos la independencia política y la
independencia económica, que cese la explotación y establecer
regímenes de justicia social dentro del más amplio cuadro de
libertades humanas. iLas libertades humanas por encima de todo y,
con ello, la justicia social! [...]
[...] No existen en Cuba los mismos problemas que
existen en ese caso, por ejemplo, en el sur de los Estados Unidos.
Hay discriminación racial en Cuba, aunque en mucho menor grado.
Consideramos que nuestra Revolución ayudará a
eliminar esos prejuicios y esas injusticias que aún quedan latentes.
Por lo pronto, nosotros en nuestra lucha
revolucionaria, hemos dado pruebas de una absoluta identificación y
hermandad entre los hombres de las distintas pieles. En ese sentido,
somos continuadores de los pensamientos de Martí, el Apóstol de
nuestra independencia. Y no seríamos revolucionarios ni seríamos
demócratas, si no estuviéramos despojados de todo tipo de
discriminación [...].
[...] Ya nosotros, por ejemplo, tenemos la tradición
de haberle inculcado al Ejército Rebelde ese respeto, como cosa
sagrada, a la persona humana. Sí, a un hombre se le puede castigar a
la pena capital y se le puede fusilar sin torturarlo, sin arrancarle
una confesión a base de golpes, sin someterlo a ningún tipo de
sufrimiento, porque eso es odioso, eso es bajo, eso es ruin, la
justicia tiene que castigar sin odio y sin venganza. Y esa enseñanza
la hemos inculcado nosotros a nuestros soldados. Y en plena guerra
la practicaron.
¿Qué queremos? Que en la paz se practique y, sobre
todo, que se practique no por unos años, sino para siempre. Sentar
una verdadera tradición.
Ya esa tradición se ha sentado por la conducta de
nuestros soldados en la guerra. Ahora, ¿qué tenemos que hacer en la
paz? Castigar ejemplarmente a los que cometieron actos contra los
derechos humanos, contra la persona humana. O sea, anatematizarlo no
solo con el castigo, sino también con la condenación moral. [... ]