SOCIALES             

(18 de febrero de 2012)

Comisión Nacional de la Academia de Ciencias

Brújula de un despegue

ORFILIO PELÁEZ
pelaez@granma.cip.cu

Bajo el torrente de cambios ocurridos en la estructura socioeconómica de la nación en los tres primeros años del poder revolucionario, el 20 de febrero de 1962 quedó constituida mediante la Ley 1011, la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba.

Primera reunión de los miembros de la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias, en marzo de 1962.

La decisión desató opiniones encontradas, pues para algunos no tenía sentido crear una institución de ese tipo, sin apenas tener científicos. Y, en cierta medida, la realidad les daba la razón.

Baste recordar que en aquella época abandonaron el país miles de médicos, numerosos ingenieros, arquitectos, químicos, profesores universitarios y técnicos en general, sobre todo hacia los Estados Unidos.

Pero, finalmente, la perseverancia y la visión de futuro de la máxima dirección del país condujeron al surgimiento de la entidad, que se declaró heredera de la antigua Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, fundada en mayo de 1861. La voluntad de hacer primó sobre el escepticismo.

TRAZANDO EL CAMINO

Presidida por el geógrafo y capitán del Ejército Rebelde Antonio Núñez Jiménez, la Comisión Nacional (pronto se denominó solo Academia de Ciencias), quedó integrada por intelectuales y científicos con una obra reconocida, y definida proyección revolucionaria.

Antonio Núñez Jiménez dirigió durante sus primeros diez años a la nueva Academia de Ciencias de Cuba.

Sus miembros fundadores fueron José Altshuler, Julio Le Riverend, José López Sánchez, Juan Marinello, Salvador Massip, Abelardo Moreno, Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring y Gilberto Silva Taboada. La primera reunión tuvo lugar a comienzos de marzo de 1962, en el salón de sesiones de la Junta Superior de Gobierno de la Universidad de La Habana.

Dos años más tarde y por el decreto presidencial 3384, dado a conocer el 12 de marzo de 1964, también serían designados miembros de la Comisión Nacional Julián Acuña, Juan Tomás Roig, Carlos Ramírez Corría, Luis Larragoiti y Mario Rodríguez Ramírez.

Además de definir sus objetivos institucionales e instrumentar un sistema de acciones dirigidas a propiciar la puesta en práctica de las estrategias trazadas por el gobierno revolucionario, para desarrollar la ciencia y la tecnología acorde a las necesidades del momento, la nueva Academia tuvo entre sus misiones iniciales la de agrupar en su seno a un grupo de instituciones dispersas, como fue el caso del entonces Observatorio Nacional de la Marina de Guerra.

Según reseña el libro Historia de la Ciencia y la Tecnología en Cuba, obra escrita por un colectivo de autores encabezados por el doctor Pedro Pruna Goodgall, la naciente organización priorizó de manera particular el estudio de los recursos naturales del país, para lo cual impulsó el surgimiento de un conjunto de institutos especializados que mucho aportaron a tan estratégico objetivo.

Fruto de ese colosal esfuerzo fueron los trabajos que condujeron a la publicación en 1970 del Primer Atlas Nacional de Cuba, impreso en la extinta Unión Soviética, y dentro del cual algunos de sus 147 mapas fueron verdaderas primicias por su temática.

Más allá de ser una herramienta de sumo valor para la planificación física, la obra integró los aportes de las investigaciones efectuadas por casi todos los organismos de la Administración Central del Estado en la década de los sesenta del pasado siglo.

Otros resultados notables logrados bajo la guía de la Academia en aquella etapa fundacional son el Mapa Geológico de Cuba a escala 1:250 000, de especial importancia para la exploración geológico-minera, proyecto que contó con el apoyo material y el asesoramiento de especialistas soviéticos y del desaparecido campo socialista. También destacó el estudio de los suelos, que propició la aparición, en 1971, del Mapa Genético de los Suelos de Cuba, que colocó a la mayor de las Antillas a la vanguardia de los países de América Latina en el estudio de esa temática.

Imposible pasar por alto su papel en el impulso a la formación profesional y la difusión del conocimiento. Continuadora de ese legado, hoy la Academia de Ciencias de Cuba asume con rigor el compromiso de contribuir al desarrollo, divulgar los avances científicos nacionales y universales, elevar la ética profesional y prestigiar la investigación de excelencia.

El reto de garantizar la sostenibilidad irreversible del proyecto social que construimos así lo amerita.

Presidentes de la Academia de Ciencias a partir de 1962
Antonio Núñez Jiménez (1962-1972)
Zoilo Marinello (1972-1976)
Wilfredo Torres (1976-1985)
Rosa Elena Simeón (1985-1994)
Ismael Clark (1996- )

 

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