INVESTIGACIONES     

(3 de marzo de 2012)

Premia la ciencia, la economía apremia

Luego de 12 años, Cuba retomó el proyecto de la producción nacional de combustibles de aviación a partir de un diseño experimentado en el Centro de Investigaciones del Petróleo

ROBERT TORRES BARBÁN y CAMILA ACOSTA RODRÍGUEZ

La aplastante llegada de los finiseculares 90, también mostró su señal de PARE a la producción nacional de turbocombustibles para la aviación. La caída del campo socialista, la deprimida producción de crudo cubano y el acrecentado bloqueo, entre otros factores, serían los causantes del vacío en la fabricación de combustibles para la aviación en el país, desde 1993 y hasta el 2005.

foto: josé manuel correaPara concretar el proyecto se adquirieron en el país varios equipos de medición y análisis.

En un resumen sobre el tema —publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI)— se evidencia este apagón en la obtención de combustibles de turbinas.

Este imprescindible derivado del petróleo para el transporte aéreo resalta entre sus similares porque a pesar de ser el de menor costo de producción y distribución, destaca entre los de más alto precio en el mercado mundial; por ello la necesidad de retomar producciones que durante 12 calendarios engrosaron la abultada lista de productos a importar.

El nuevo Programa Energético implantado en el país durante el primer lustro del siglo XXI también favoreció el proyecto, pues buena parte del queroseno se pudo entonces transformar en turbocombustibles, recuerda Antonio Rodríguez Moltó, especialista principal en el Ministerio de la Industria Básica.

No hacen falta alas...

Fue entonces cuando el reto de concretar una tecnología que retomara la producción de combustibles para la aviación reactiva tocó a las puertas del Centro de Investigaciones del Petróleo (CEINPET). Desafío multiplicado al conocerse que se imponían nuevas formulaciones que tuvieran en cuenta la posible utilización de crudos cubanos.

Y aunque para el primer lustro de la pasada década ya se contaba con esa materia prima, todavía no estaban instaladas las capacidades tecnológicas necesarias, no existían compuestos químicos imprescindibles, y la línea tecnológica requerida había envejecido. Tampoco se contaba con algunos componentes auxiliares necesarios en el proceso de depuración del combustible, comenta a Granma el máster Alberto Cavado, líder del equipo que dio vida al proyecto.

"Para dar respuesta a esta necesidad hizo falta renovar el parque analítico del CEINPET y de las tres refinerías del país convocadas a elaborar el producto, capacitar al personal que pondría manos a la obra y mucho empeño por parte de los investigadores."

Con tal propósito fueron adquiridos e instalados algunos equipos industriales, novedosos sistemas de filtración y tanques especializados de gran capacidad. El país también invirtió en una moderna base analítica que certifica el producto desde su respuesta energética ante cualquier circunstancia, hasta la sincronización de la combustión en las turbinas. Equipamiento que también fue instalado en los centros productivos y en las terminales distribuidoras de CUPET en todo el país.

Para retomar las producciones de combustibles de aviación se utilizaron las refinerías de La Habana, Santiago de Cuba y Cienfuegos. Instituciones hasta las que llegaron especialistas del CEINPET y de la Unión Cubapetróleo, con el objetivo de capacitar a los trabajadores que luego se encargarían de producir, preparar, operar, almacenar, transportar y manejar estos turbocombustibles. "CUPET también preparó a los profesionales escogidos para promover acciones de medición y control de calidad entre los analistas de laboratorio y operadores de bases de almacenamiento y turboductos", acotó.

Rodríguez Moltó destacó que el equipo de investigadores del proyecto introdujo en el proceso de investigación una arcilla nacional para la filtración y depuración final del turbocombustible, lo que evitó la importación de nuevos aditivos.

...Basta con las manos y el empeño

Estas investigaciones se realizaron con la perspectiva de determinar la proporción óptima en caso de necesitar el uso de crudos de la Franja noroccidental de la Isla, en mezclas con otros de importación, los que de conjunto serían refinados a partir de las capacidades industriales instaladas.

Los resultados de la investigación pudieron concretarse varios meses después de asumido el reto, aunque no fue hasta el 2011 que sus resultados fueron reconocidos por los ministerios de la Industria Básica (MINBAS) y el de Ciencia, Tecnología y Medioambiente (CITMA) entre los más importantes del país.

Sin dudas, el mayor premio no lo recibió la comunidad científica cubana, o los investigadores que participaron en el proyecto, sino la propia economía de la nación.

La producción nacional de turbocombustibles, certificada y avalada por autoridades internacionales, se erige en una contribución a la disminución de la demanda de importaciones y un significativo logro científico-técnico.

Razones suficientes, que sustentan los lauros otorgados por el CITMA y el MINBAS a este proyecto concretado. Premios de la ciencia que no solo se otorgan por los méritos del programa, sino por su aporte concreto en estos tiempos, cuando la economía apremia.

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