BIOTECNOLOGÍA        

(23 de junio de 2005)

Soñadores con los pies sobre la tierra

Entrevista a Eulogio Pimentel Vázquez, director del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Camagüey

MIGUEL FEBLES HERNÁNDEZ

Habla tan rápido que a duras penas se puede atrapar todo cuanto dice. Lo cierto es que, una vez en poder de la palabra, deja escaso margen a sus interlocutores, quienes se ven envueltos, por obra y gracia de su especial simpatía, en el fascinante mundo de las ciencias y su implicación socio-económica.

Foto: Rodolfo Blanco CuéLa vacuna Gavac constituye hoy el producto líder del centro científico camagüeyano.

Sucede lo mismo ahora, cuando Granma le solicita a Eulogio Pimentel Vázquez, director del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Camagüey, su criterio acerca de los resultados de la gestión investigativa, productiva y comercial de la institución durante el año 2011.

"Nuestro centro, inaugurado por el compañero Fidel el 25 de julio de 1989, es decir, hace poco más de 22 años, tiene como misión fundamental la fabricación de productos biotecnológicos para aplicarlos con posterioridad en la rama agropecuaria, lo que no niega que incursionemos en la esfera biomédica.

"Como el resto de las instituciones del país, dirigimos los principales esfuerzos a cerrar el ciclo de investigación, desarrollo, producción y comercialización, con el propósito no solo de crear valores científicos, sino generarlos también en el orden financiero, enfocados con especial énfasis hacia el tema de las exportaciones".

Foto: Orlando Durán Hernández“El empeño y la motivación de nuestros trabajadores ha estado fuera de todo cálculo”, asegura Eulogio Pimentel Vázquez, director del CIGB de Camagüey.

—Hasta el 2004, ustedes solo se dedicaban a la investigación y al desarrollo tecnológico, ¿cómo ha transcurrido el proceso de ampliación de su objeto social?

Nuestro crecimiento en términos de facturación ha sido exponencial. El año pasado asumimos un plan productivo cinco veces superior al del 2010 y lo cumplimos, con los mismos recursos humanos y la misma infraestructura, además de cerrar las operaciones con favorables niveles de rentabilidad.

Hoy se puede afirmar que el CIGB se ha convertido en uno de los primeros sectores exportadores de bienes de la provincia de Camagüey, algo que significó un reto muy grande, pero el empeño y la motivación de los trabajadores estuvo fuera de todo cálculo.

—En esos resultados tuvo mucho que ver su producto líder, la vacuna Gavac, ¿no es así?

En efecto. La vacuna recombinante para el control de la garrapata en el ganado bovino ha pasado a estar entre los primeros productos del Sistema CIGB, de acuerdo con los niveles de exportaciones alcanzados. Es decir, ha comenzado a formar parte ya del mapa de productos esenciales de la institución.

Los niveles de producción de Gavac, como se le conoce comercialmente, cubren también la demanda nacional, lo que posibilita la sustitución de importaciones de plaguicidas destinados a disminuir la vulnerabilidad de los animales ante enfermedades provocadas por ese tipo de parásito.

—Otro producto que ha demostrado su eficacia en la agricultura es el Hebernem, ¿podría ofrecer detalles sobre este?

El Hebernem es un bionematicida ecológico cubano muy efectivo en el control de nemátodos (gusanos parásitos), especialmente en casas de cultivos protegidos, aunque también atacan las plantaciones al aire libre, con un impacto significativo en la reducción de los rendimientos agrícolas.

Para combatir dichas plagas, la herramienta por excelencia a la que se acude está basada en el uso de productos tóxicos al hombre y al ambiente. Este tipo de productos es de los primeros en las listas negras por su potencial ecotóxico.

El destino fundamental del Hebernem son las casas de cultivo intensivo de hortalizas. En estos momentos está en fase de ejecución una nueva planta de producción, que debe propiciar un mayor empleo del nematicida a instancia nacional.

—Usted se refería al comienzo de la entrevista a que no descartaban la incursión en la esfera biomédica¼

A partir, precisamente, de un proyecto para una vacuna con fines veterinarios, surgieron evidencias preclínicas de un posible efecto sobre la próstata.

Trascurrieron diez años de investigaciones en diferentes modelos de animales, hasta reunir suficiente información experimental que permitió a la autoridad regulatoria cubana dar la aprobación, en el 2007, para un primer ensayo de seguridad en seres humanos y seis meses después concluyó el esquema de inmunización.

Al no ser un ensayo diseñado para evaluar la eficacia terapéutica, los efectos clínicos positivos obtenidos no son suficientes para dar criterios de las posibles bondades terapéuticas del producto. El estudio dio luz verde para el largo camino de investigaciones clínicas que son necesarias realizar en este tipo de proyecto. Desde el 29 de septiembre del 2011 estamos enfrascados en la segunda fase del ensayo, que tiene lugar en tres sitios clínicos del país y con un mayor número de pacientes.

—¿Hacia qué otras direcciones encaminan hoy el quehacer investigativo en esta institución?

En el centro se labora actualmente en un amplio programa de investigaciones —muchas de ellas en etapa de desarrollo tecnológico—, que permitirán lograr nuevos productos y beneficiar a sectores puntuales de la economía, como la ganadería y la acuicultura.

Vale mencionar, por citar apenas dos ejemplos, los candidatos vacunales contra la fiebre hemorrágica del conejo y contra la peste porcina clásica, ambos en fase de desarrollo y con prometedoras perspectivas, una manera de favorecer, a través de la ciencia, el desarrollo económico del país.

—Finalmente, ¿cuál considera que es la principal fortaleza de la institución que usted dirige?

Sin lugar a dudas, su capital humano. Son 112 trabajadores entregados en cuerpo y alma a la labor investigativa y de producción.

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