AMBIENTE             

(20 de julio de 2013)

Oficina Técnica del Ozono

Empeño por la salud del planeta

Orfilio Peláez

Bajo los auspicios del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en marzo de 1985 más de veinte naciones suscribieron el Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono.

Mediante la reconversión tecnológica de sus respectivas plantas, en Cuba dejaron de emplearse los clorofluorocarbonos en la fabricación de aerosoles industriales y farmacéuticos.

El propósito de lo acordado en la capital austriaca era alentar las investigaciones y la cooperación internacional sobre tan importante tema, a fin de aunar los esfuerzos de la comunidad científica mundial en la preservación de esa suerte de escudo natural de la Tierra.

Resulta conveniente puntualizar que el ozono es un gas que está presente de forma natural en la atmósfera y constituye una forma inestable del oxígeno. Se le nombra capa a la zona de la estratosfera (entre los 12 y 50 kilómetros de altura) donde su concentración es mayor.

Tiene la función de absorber las radiaciones ultravioletas emitidas por el Sol, que en dosis elevadas y acumulativas, pueden ser muy perjudiciales para la salud del hombre, los animales y las plantas. Incluso, si llegaran con toda su magnitud a la superficie harían imposible cualquier forma de vida en el planeta.

Dos años y medio después de lo ocurrido en Viena, el 16 de septiembre de 1987 los gobiernos de 46 naciones firmaron en Canadá el Protocolo de Montreal, dirigido a la eliminación gradual de las Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono (SAO), en particular los clorofluorocarbonos (CFC) y halones.

Entró en vigor en enero de 1989 y estableció compromisos para reducirlas y erradicarlas en diferentes plazos de tiempo, básicamente mediante la introducción de nuevas tecnologías.

Hoy constituye el acuerdo multilateral en materia ambiental más respaldado del orbe, al ser ratificado por unos 195 Estados, y el más exitoso en su ejecución, pues hasta el presente ha logrado eliminar más del 90 % de las sustancias químicas comprendidas en la mencionada clasificación.

Como la mayoría de las SAO son asimismo potentes gases de efecto invernadero, el Protocolo de Montreal figura entre los principales contribuyentes a la lucha contra el cambio climático.

PELDAÑOS DE UN MERITORIO ESFUERZO

Signataria de ambos instrumentos internacionales, Cuba cumple de forma estricta los compromisos asumidos en esa dirección, y bajo la guía de la Oficina Técnica del Ozono (OTOZ), implementa desde hace más de tres lustros un programa nacional para dejar de usar paulatinamente las sustancias agotadoras de la capa de ozono en diferentes sectores productivos y de servicios, labor reconocida por organismos del Sistema de Naciones Unidas.

El doctor en Ciencias Nelson Espinosa, director fundador de esa entidad creada en 1995 y subordinada a la Agencia de Medio Ambiente, del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, explicó a Granma que entre los principales aportes de los últimos dieciocho años aparece el prescindir definitivamente del empleo del bromuro de metilo en la agricultura, tanto en los cultivos protegidos, como para la fumigación en almacenes y silos.

También se eliminaron completamente los CFC en la fabricación de aerosoles industriales y farmacéuticos, a través de la reconversión tecnológica de las plantas encargadas de producirlos, que pasaron a elaborarlos con propelentes ecológicos, y el consumo de halones y tetracloruro de carbono.

Dentro de los esfuerzos nacionales encaminados a proteger la capa de ozono y mejorar la salud ambiental del planeta, constituye un verdadero hito haber suprimido los clorofluorocarbonos en la refrigeración doméstica, algo no logrado hasta ahora por ningún país en el mundo.

Lo anterior, manifestó el doctor Espinosa, tuvo lugar durante la Revolución Energética emprendida en la primera década del actual siglo, y propició un significativo ahorro anual de combustible debido al menor gasto de electricidad de los nuevos equipos distribuidos a la población, y la disminución notable de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Asimismo se fortaleció el marco legal dirigido a garantizar el cronograma nacional de erradicación de las SAO, y el sistema de licencias y exportaciones.

Uno de los proyectos inmediatos más importantes es el referido a recuperar las sustancias dañinas a la capa de ozono contenidas en los refrigeradores y aires acondicionados del sector comercial, para reciclarlas o destruirlas.

Se trata de la puesta a punto de un sistema en el cual participarán todas las entidades que trabajan el tema de la refrigeración en Cuba, incluidos los cuentapropistas, cuya aplicación conlleva la capacitación y entrenamiento de unos seis mil técnicos y mecánicos.

El doctor Espinosa manifestó que cada provincia dispondrá de un centro especializado donde los gases trasladados hasta allí serán valorados para determinar si pueden aprovecharse quitándole los compuestos nocivos contenidos en ellos (al usarse de nuevo se sustituyen importaciones), o si el destino final consistirá en destruirlos.

Para la última variante se trabaja en el acondicionamiento de una planta en la fábrica de cemento de Siguaney, en Sancti Spíritus, la cual debe estar lista en el venidero año 2014.

Si el cronograma no sufre atrasos, para esa fecha Cuba será el primer país de Latinoamérica en acometer tal labor. Ambas acciones eliminan el riesgo de que las SAO acumuladas puedan emitirse a la atmósfera.

Otra de las líneas priorizadas es la eliminación progresiva de los hidroclorofluorocarbonos (HCFC), compuestos muy extendidos en la climatización y refrigeración doméstica e industrial; reto que demanda la búsqueda de gases refrigerantes alternativos amigables con el medio ambiente, y la introducción de nuevas tecnologías.

El director de la Oficina Técnica del Ozono resaltó que cuando se escucha hablar de toneladas consumidas de determinado gas refrigerante, es porque realmente ello obedece a la presencia de escapes que no fueron detectados a tiempo por la falta de revisión y mantenimiento periódico.

Vale entonces fomentar una cultura de la sistematicidad en ese tipo de trabajo, que evite "botar" al entorno productos altamente costosos de adquirir para el país, y destructores del bien llamado escudo de la vida.

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