Publicadas el 5 de agosto de 2011

Los principales responsables son los administradores

Creo que en uno de los aspectos en que más hay que trabajar es en la protección al consumidor en los servicios. No creo que la protección al consumidor sea solo el derecho a reclamar como tanto se dice, porque la gente se cansa de reclamar y lo único que pasa, en el mejor de los casos, es que te den la razón; por ejemplo, cada vez que voy a Coppelia sé que cuando me traigan las bolas de helado las voy a virar, siempre lo hago y siempre me traen el plato mejor servido, no sé si es lo que está normado porque no hay forma de comprobarlo, pero se nota el cambio; cuando voy al agro y hay pesa de comprobación, compruebo el peso y si reclamo, me reponen el peso, o sea, casi nunca te discuten porque saben que están robando. Está comprobado que la solución no está en los inspectores, ya que hace tiempo están ahí y la cosa sique igual.

Considero que los principales responsables de la situación son los administradores, mientras se sigan solidarizando más con sus trabajadores que con la población, no se van a resolver los problemas. Muchas veces se hacen las reclamaciones delante de los administradores y el dependiente repone el faltante y no pasa nada, solo lo ven como un acto de reclamación justo, no lo ven como que su empleado le está robando al cliente.

Un buen administrador debe estar gran parte del tiempo fuera de su local, velando por el buen trato y que se cumpla lo establecido, comprobar si sus empleados no le están robando al cliente, y cuando tenga que sancionar que las sanciones aparezcan en los expedientes laborales; en la actualidad, por lo general lo botan y luego van para otro lugar, y siguen haciendo lo mismo. Los inspectores no solo deben poner multas, sino llevar un récord de las sanciones que se han puesto para después verificar qué medida ha tomado el administrador, en fin, buscar la forma para que la exigencia mayor sea sobre el administrador, no sobre el dependiente; se deben hacer más controles sorpresivos a las entidades —como muchas veces han hecho los periodistas en sus reportajes y siempre encuentran muchos problemas—, y aplicar sanciones ejemplarizantes.

Si las pesas están mal calibradas, si el precio del producto no corresponde con la calidad, la responsabilidad es del administrador no del dependiente; si las bolas de helado —porque no es solo en Coppelia— no tienen el tamaño normado, la responsabilidad debe ser del administrador o jefe de área, no del dependiente o el bolero. Lo mismo en los restaurantes, que en la carta dice la cantidad de gramos de las raciones, pero como no puedes comprobarla, muchas veces te sirven de menos.

En fin, la solución está en crear los mecanismos necesarios, ya sea de control o de cualquier tipo, para que el administrador se sienta presionado a cumplir sus funciones y sepa que es el máximo responsable de todos los problemas, que no pase como ahora que casi nunca están o no se interesan por los problemas. Usted va a una panadería y ve que dice comité de protección al consumidor y el primero que aparece es el administrador, entonces, los panes no tienen el peso requerido, los dulces con mala calidad y uno dice, a quién voy a reclamar si todo está hecho a la cara del administrador. Claro está que para que todo esto funcione se debe trabajar para que la remuneración, tanto del dependiente como del administrador, sea atractiva a partir de los resultados del trabajo, ya que si no al administrador le cuesta trabajo conseguir un sustituto cuando bote a alguien, sin contar que se pueden ir sin que los boten cuando le empiecen a exigir al administrador para que no caiga en soborno con los dependientes.

L. Fleites Rivero

Lo que pasa cuando hay una economía mal planificada

Parodiando el título del reportaje de Ronald Suárez Rivas, publicado el viernes 15 de julio, quisiera hacerles llegar la otra cara de la moneda de lo expresado.

Toda mi infancia y parte de la adolescencia las viví en el barrio Santa Damiana, del Consejo Popular Río Seco, municipio de San Juan y Martínez. Desde siempre han existido los mimos pozos de agua potable (2). ¿Quién asumía el gasto de esto? En las reuniones de la extinta CPA Antonio Guiteras Holmes o de la propia CCS Francisco Blanco, frecuentemente se trataba el tema, pero al "no existir" quien asumiera el gasto de combustible en el suministro de agua potable a la población (Acueducto), todo seguía igual. Nacionalmente, en muchas zonas rurales del país debe existir igual situación.

A la población de dicho lugar se le suministra agua dos veces por semana. Allí viven mis padres todavía y el suministro de agua se efectúa los martes y sábados, siempre y cuando haya combustible o los motores no estén rotos. Pero si "doloroso es el gasto indebido y mal planificado de petróleo, que en mi barrio asciende a 1 300 litros", peor es la pérdida de agua que ocurre cada vez que se ponen a funcionar dichos motores. Calculo que sea entre un 60-80 % la cantidad de agua potable bombeada que se derrocha por salideros y roturas de las tuberías con una vida de uso de más de 30 años, sin ser reparadas por entidad alguna ni cooperativa.

Todo esto "poniendo el parche antes de que surja el ponche" o que se tome la solución análoga al cuento de marras "quemar el sofá", no vaya a ser que la solución a esta "mala planificación de la economía" sea suprimir el abasto del preciado líquido a la población.

De tener en la actualidad una situación económica parecida a la vivida a finales de los 70 o los 80 del pasado siglo, se repara-rían o sustituirían las conductoras de agua, las que actualmente a grandes "gritos" de chorros de agua están pidiendo se les hagan estos arreglos.

Pero, ¿quién asumiría esta inversión?

Otro tema al que quiero referirme: es indignante leer que directivos de la Agricultura municipal o de las CCS referidas digan que tareas como el relleno de las vegas con materia orgánica no se realicen por falta de diesel. En los años en que mi padre era propietario de sus tierras, en los meses de nuestras vacaciones, mis hermanos junto a él bastante "abono-relleno" palearon de las cunetas, arroyos y orillas del río con un simple carretón, alguna que otra pala, un viejo y usado cucharón (instrumento de uso campesino hoy extinto en los campos de mi barrio), una yunta de bueyes y muchísimos deseos de hacer las cosas como tienen que ser. Ahora caminas las tierras de mi zona y ves que son poquísimas las que reciben este importante elemento reconstituyente de la materia orgánica perdida por la erosión de los suelos. Muchísimas vegas están a un metro por debajo de los caminos y trillos que las circunvalan, cada vez más pobres de materia orgánica y cada vez más ricas en piedra viva. Nada de uso de tractores con carretas y el consabido gasto de combustible.

Retomemos el uso tradicional de la fuerza animal y veremos los resultados. Estimulen materialmente a los campesinos que usen estas técnicas tradicionales y ya extintas. La tierra nos da frutos y resultados, pero ayudémosla, no con fertilizantes inorgánicos y químicos, sino con lo que la propia madre natura nos pone a nuestro alcance. Llegará el doloroso momento de que ya no pueda darnos nada más.

Con lo expresado quiero solo llamar la atención a las entidades estatales, campesinas y cooperativistas para que tomen las medidas pertinentes, tanto en el uso correcto de los bienes puestos en sus manos, como en el correcto cumplimiento de normas técnicas agronómicas caídas en el olvido.

Y concluyo con una pregunta: ¿y el agua a mis padres, ahora, quién se la suministrará?

R. Martínez Sotelo

Extender el derecho a opinar a la vida diaria

Son muy importantes los pasos que se están dando para consolidar las conquistas de la Revolución y ratificar su carácter socialista. Las palabras de nuestros máximos dirigentes apuntan a desechar viejas fórmulas y normas que, en los momentos actuales, entorpecen y lastran la economía y la vida en general. El reunionismo y la pasividad de muchos funcionarios son visibles ante los ojos de todos y, a pesar de los llamamientos al cambio, la mayor parte del tiempo se asiste para escuchar las mismas palabras que en otras ocasiones y los mismos compromisos incumplidos.

Las palabras del compañero Machado Ventura apuntan a erradicar de una vez estos males.

Las cosas van cambiando en nuestra bloqueada isla y la gente lo percibe en las calles, aunque no sea al ritmo y manera que muchos añoramos.

Nuestro Presidente, Raúl Castro, en el recién concluido Segundo Pleno del Comité Central del Partido, fue enfático al señalar que cualquier discrepancia existente dentro de la Comisión Permanente de Implementación y Desarrollo será analizada sin desecharla de golpe y con ello garantizar la libre discusión para que cada quien opine lo que piense y desee. Como dijo después en la Asamblea Nacional, se hacen extensibles estas palabras a la vida diaria del cubano para que este tenga un espacio donde ejercer su derecho a opinar con las palabras adecuadas y el debido respeto.

Me uno a aquellos que piden que nuestras Mesas Redondas se nutran de las palabras y opiniones de los temas nacionales.

Hay personas con muchas cosas que decir, con muchas ideas que aportar, que merecen y deben ser escuchadas. No debemos temer al señalamiento justo o a la crítica acertada, siempre que vengan con un espíritu constructivo, con educación y si aportan soluciones, pues mucho mejor.

Urge crear un mecanismo que no tenga otro comprometimiento que con la verdad y la justicia, para hacer llegar a todos los niveles necesarios los reclamos que hace a diario la población sobre tanto maltrato que institucionalmente sufren por parte de funcionarios que ocupan cargos creados para servir al pueblo. Lamentablemente, y lo digo por experiencia propia, una enorme parte de las quejas que se hacen se pierden en la complacencia y la indolencia. Causa rabia y a la vez dolor que casos publicados en la prensa nacional tengan una pronta respuesta luego de aparecer en estos medios, a pesar de que los remitentes anduvieron y desandaron durante meses, y a veces años, en busca de una solución a sus problemas. La mayor parte del tiempo, los jefes se daban por enterado de los casos (que muchas veces esperaban por una firma de ellos mismos), solo cuando toda Cuba ya lo sabe. Lamentablemente, hay muchos cuadros que se "cuadran" ante situaciones cuya respuesta aún no baja por la canalita.

Todos podemos contribuir con lo que el país y el pueblo necesitan en estos momentos. Todos debemos ser escuchados. A veces las trincheras de ideas valen más que las de piedra.

A. J. Pérez Pérez

¿Acabaremos las indisciplinas o no?

Son más de dos años leyendo opiniones acerca de cómo lograr mejoras y transformar lo que nos hace daño en opciones que reimpulsen nuestra economía para el bien de todos y se rescaten los objetivos principales por los cuales luchamos en diferentes formas y lugares y que no vemos cuajar con la prontitud y calidad deseadas. Es un arrastre de años.

La credibilidad popular sobre algunas instituciones y funcionarios es cada vez más endeble, con tendencia alarmante, y hay que revertirla.

Es necesario llevar un inventario perpetuo de los problemas (Ahí están los diferentes ministerios y el Poder Popular) y acorralar cualquier desvío moral (moral encierra toda clase de desvíos y cosas mal hechas), pues no podemos esperar por las calendas griegas o enterarnos en congresos, asambleas, reuniones y lo que es peor, en algún comentario aflorado por la prensa nuestra o mucho peor, la extranjera.

Al igual que en un almacén, no es difícil instrumentarlo y a su vez caerle con toda la carga necesaria (como pedía Villena) para liquidarlo al nacer ¿Hasta cuándo?

El cuadro que no pueda asumir esto y responder no puede estar ahí (sea el nivel que sea), alguien tiene que poder o si no de qué soluciones estamos hablando.

¿Acabaremos las indisciplinas o no?

Cada ministerio sabe, pues hay leyes y resoluciones que se legislaron para bien, qué se debe hacer y qué no. El que no domine esto en la estructura vertical de dirección y la horizontal está fuera de sintonía y por tanto seguirá el relajo. Cuando algo se considera obsoleto, al igual que los bienes en desuso (como las piezas de repuesto o insumos) deslindarlo del listado de los que tienen utilidad y depurar.

Así hacer con las barbaridades latentes que hacen mucho daño. Darle continuidad es el factor esencial, perpetuo, sí, día a día. ¿Cómo? ¿Y los cuadros y personal administrativo serios? Pero cuidado. Que la escalera de dirección no tenga ningún eslabón podrido. Eso contagia y entonces sí que el buen deseo se va a bolina. ¿Tendremos lo que tenemos que tener?

Quien no pueda, no debe seguir. En el pueblo hay gente seria y capacitada y con deseos para afrontar tareas y sacrificarse.

Tenemos que salvar el socialismo. Tenemos que corresponder a Fidel y Raúl.

¿Realmente todos los llamados cuadros, sean políticos o administrativos, son cuadros de verdad? Pienso que muchos están haciendo sombra y defendiendo subrepticiamente posiciones oportunistas y por tanto, simple y llanamente se tienen que ir. El que haga sombra se va. ¿Adónde?, adonde aprenda o vaya a pagar la desidia o negligencia, que seguro eso se traduce en un mal intencionado actual o negligencia adquirida.

Por último, no desestimar (en los inventarios) los cargos simples a nivel operativo donde primero se piensa en qué me puedo buscar y el sueldo le resulta como algo segundario, pues es mucho menor que el resultado del desvío, llámese también robo.

Es raro encontrar un puesto de servicio o producción en que no se den estas cosas. Esta es una Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes.

El Presidente Raúl ya ha tomado algunas medidas y tiene puesto más el pie en el acelerador que en el freno y su cuerpo de apoyo (a todos los niveles) debe empinarse y ascender al pueblo más todavía. Solo así chocaremos con la verdad. Es grande la tarea, pero debemos recordar siempre el encuentro de 5 palmas.

J. B. Tamargo Arenado

Mejoremos el servicio de salud con una mejor actitud, nosotros podemos

Conversando, hace varios años, con un amigo médico del hospital 10 de Octubre (más conocido por La Dependiente) me dice que vaya a verlo a su consulta, pero que lo haga sobre las 12 del día y seguido me explica que a esa hora ha terminado de atender a los pacientes que fueron citados o tenían turno con él. Han pasado muchos años y cada año se ha llevado un poco de la disciplina que debe caracterizar el acceso a una consulta médica. Ese médico consideraba que sus amistades no podían pasar por encima o delante de todas esas personas que llegaron temprano a la consulta. Además, tenía en cuenta que sus pacientes también son parte de sus amistades, él los respeta y también ellos sienten respeto y consideración hacia su persona.

Este comentario me da pie para señalar que las colas en las consultas médicas, tanto en el consultorio como el policlínico y el hospital, se han convertido en motivo de desorden, donde no pocas veces prolifera el amiguismo y donde adelantan en la cola los que traen los mejores obsequios para los médicos y demás. Adelanto que no estoy en contra de estimular al médico y a la enfermera, pero no pueden marcar diferencia en el orden para la atención a los pacientes.

En cualquier especialidad y en cualquier parte se desata el desorden porque en primer lugar esa enfermera que trabaja con el médico o la secretaria de la sala no asume la responsabilidad de anotar a los pacientes según van arribando a la consulta e ir indicando a cada uno que debe esperar a ser llamado. Hay consultas donde un cartel indica: "Espere ser llamado, el médico da la prioridad". No estoy en desacuerdo, pero la prioridad para los amigos y otros conocidos le quitan autoridad al médico cuando quiere dar respuesta al reclamo de los que son verdaderos pacientes, a los que saben esperar su turno.

Todo el que va a un hospital es porque tiene alguna dolencia. No va por gusto. Sabemos bien que vamos directo al cuerpo de guardia del policlínico o del hospital porque a veces no hay médico en el consultorio o el médico llega a cualquier hora y se marcha temprano por disímiles razones, ciertas o no. A veces llega tarde porque el municipio le citó para una reunión u otra tarea ajena a la que tiene en el consultorio que desde su origen está para atender a las familias. Por ello el compañero Fidel lo identificó como el consultorio del médico de las 120 familias. Hoy, en realidad, son mucho más de 120 familias para su atención. En estos casos, el médico no tiene culpa de que lo ocupen en otra cosa y se siente mal cuando escucha las quejas de la población bajo su atención porque la respuesta que tiene es cuestionable.

Por otro lado, como por arte de magia, llegan los medicamentos por la mañana a la farmacia y temprano en la tarde ya no hay muchos de ellos. ¡Qué misterio! se desaparecen y otros los acaparan algunos inescrupulosos e impunes comerciantes sin licencia para tal actividad.

Puedo añadir algunos señalamientos:

—La disciplina y la organización en la consulta son ta-reas del médico, la enfermera y la secretaria de la sala o especialidad. Esta es opinión pública que se escucha diariamente. Por desgracia, con mucha frecuencia asisto a consultas y he tenido la oportunidad para identificar lo que es bueno y lo que no funciona bien.

—No se entiende, ni hay explicación, de por qué faltan las recetas en las consultas. A veces se le entrega a un médico 10, 20 ó 30 recetas, como si alguien pudiera planificar la cantidad de pacientes que van a necesitar un medicamento.

—Pocos médicos realizan exámenes clínicos a sus pacientes y en muchos casos, sin pensarlo dos veces, le indican TAC o Resonancia o la indicación más simple donde sin apenas escuchar al paciente le indican un medicamento, retornando el paciente en peor estado y ellos ya no están. Esto, muchas veces ocurre, porque estaban conversando por teléfono o personalmente con un amigo o una amiga y la conversación tenía prioridad. Falta ética médica en algunos galenos.

—Algo que ocurre con mucha frecuencia: el médico tiene a varias personas en la consulta y uno entra pensando que puede hablar o contestar preguntas privadas, asuntos muy privados y uno se va sin decir al médico la verdad o evade determinadas preguntas. La privacidad en la consulta la tiene que garantizar el médico.

—En muchos lugares es urgente crearles mejores condiciones de trabajo a los médicos, mejorar la alimentación o que trabajen una jornada corrida.

—Un médico que pasa una noche de guardia no está en condiciones de por la mañana seguir trabajando ni atender a ningún tipo de paciente. Los he visto atendiendo a niños y bostezando. ¿Quién puede asegurar que se concentró bien en el estado de salud de ese niño? ¿Así se puede asegurar un buen diagnóstico?

—Es raro ver a un consultorio médico trabajar por las tardes. De todas partes los pacientes son remitidos a sus consultorios como si estuvieran abiertos con el médico cualquier día y a toda hora laborable.

—Si no atendemos a tiempo las condiciones físicas de estas instalaciones de la atención primaria de salud menos posibilidades de reparación tendremos mañana porque los gastos serían superiores y nuestra economía no aguanta más carga.

Se sabe que el MINSAP está trabajando por revertir tal situación y que se hace el esfuerzo por aumentar la calidad de la atención al pueblo. En la Mesa Redonda de la semana pasada se pudo apreciar todo lo que se está haciendo en el país por mejorar el servicio de salud.

En muchos lugares del mundo están todos los recursos posibles y el personal más calificado; sin embargo, no alcanzan nuestros niveles de asistencia médica, porque allí faltan corazones, solo se priorizan intereses.

Para Cuba, en nuestras condiciones económicas y otras carencias, esto nos indica y sabemos bien, que cuando el factor humano está priorizado, bien atendido, tanto el que presta la atención al paciente como el propio paciente cuando la recibe y reconoce en ello calidad e interés de alegrar corazones, vale más que todo el dinero del mundo. Aquí, en la salud, no se trabaja por dinero y no se ignora que el salario no alcanza. Una sonrisa siempre llega al corazón.

De nada sirve una institución de salud bien equipada si no se trabaja con el único deseo de contribuir al mejoramiento de la salud humana. No permitamos que caiga nuestra reconocida condición de potencia médica mundial. Mejoremos el servicio de salud con una mejor actitud, nosotros podemos y lo sabemos.

E. Rodríguez Rivera

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