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¡Festejen, uruguayos! La emocionada exhortación del presidente Tabaré Vázquez al confirmarse la victoria electoral de la izquierda el pasado octubre se reiterará hoy, día de la toma de posesión del nuevo Gobierno 1 de marzo de 2005
Ninguna relación tienen con la vida muelle de los suizos, aunque sí evidentemente con la diaria realidad de América (Latina), los niños y niñas de mirada perdida que se ven aquí haciendo malabares con pelotas de colores ante el parabrisas del automóvil que espera el cambio de luces, a cambio de una moneda de cualquier denominación que casi nadie les da; ni tampoco las personas que recogen basura para venderla por poco o buscando qué comerÁ Las cifras golpean: 28% de desocupación; mortalidad infantil (reconocida) de 12 por cada mil nacidos vivos, aunque en lugares del territorio nacional como Bella Unión, por ejemplo, afirma la ONG Uruguay Solidario, alcanzó 55 por mil en el 2003; similar nivel de niños pobres que el resto de los países en desarrollo, pero superior en la franja de los más pequeños, de 0 a 5 años, en la que alcanza el 57%, precisa la representación local de la UNICEF; 15 000 pequeños productores ganaderos —en este país que tiene como principal rubro de exportación la carne de vacuno— en la extrema pobreza, y 15 000 más en la pobreza. Social y políticamente hablando, en la inminencia de la toma de posesión del presidente Tabaré Vázquez este martes primero de marzo, unos están esperanzados y eufóricos, y otros, aunque no lo proclamen, disimuladamente remordidos y expectantes ante el tránsito en toda la línea de los poderes de la nación hacia la banda izquierda, por primera vez en la historia nacional. El trasunto de esos estados de ánimo y del antagonismo entre vencedores y vencidos en las urnas está de algún modo, en el tono de los titulares e imágenes de los medios de información y en las pintadas que sobreviven y se renuevan en los muros de esta capital. Una muy sencilla, por ejemplo, y a todas luces de mano popular, advierte al transeúnte: "Queremos todo, no negociamos nada". Ese "todo" sabe mucho a demanda de desesperados de esperar que se les cumplan promesas una y otra vez olvidadas de mejor vida para sí y para sus hijos, y de justicia y equidad que —otra vez se demuestra— las políticas neoliberales no procuran. Anticipos de ese carácter son entendibles ante la situación que hereda el nuevo Gobierno y de cara también a las expectativas ya apuntadas de quienes votaron a favor de la izquierda, y no necesariamente contradicen el propósito de cumplir, para empezar, el Plan Nacional de Emergencia Social anunciado por el presidente Tabaré Vázquez durante su campaña. Dicho Plan prevé mejoras notables en la atención de salud, con énfasis en el nivel primario; apoyo a las familias más pobres; asistencia a escuelas en contextos sociales de pobreza y exclusión social, y modificaciones sustanciales y apoyo material a la educación en distintos niveles; estímulo al empleo, como cuestiones básicas. Otros obstáculos, además de la deuda externa, tendrán seguramente esa y otras proyecciones del mandato que comienza la izquierda y que tanta atención despierta, primero que en cualesquiera otros en el propio pueblo de esta nación nunca como hoy dolido de una emigración significativa, estimulada por el deterioro de las condiciones de vida (más del 10% de los uruguayos viven en otros países) y del desgarramiento que ello origina en muchas familias. ¿Qué pasará? Solo puede responderse lo que cualquiera enseguida deduce: hay que esperar los hechos. De momento, los uruguayos "de a pie", la gran masa que esta vez logró que su Gobierno llegara al poder, se aprestan a festejar, esperanzados en reales cambios. (H. R.)
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Servicio especial del Periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba sobre la Alternativa Bolivariana para las Américas. Año 2005. |
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