(20 de abril de 2011)

Mensaje de Chávez

En esta jornada de clausura del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, quiero hacerles llegar el más fraterno saludo, pleno de fervor revolucionario, en nombre del pueblo del Libertador Simón Bolívar y del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Hoy es 19 de abril: necesario es que hagamos memoria de lo que hemos sido para entender lo que somos y lo que queremos ser.

Un 19 de abril de 1810, Caracas daba el ejemplo a seguir y Venezuela se ponía a la cabeza del proceso independentista de Nuestra América: un movimiento revolucionario deponía a las autoridades españolas. Era el anuncio esplendoroso de una nueva Patria. Fue aquel un día de Revolución cívico-militar: el día primero de nuestra Revolución.

Y un 19 de abril de 1961, en menos de 72 horas de incesantes combates, culminaba la batalla de Playa Girón con la más espléndida victoria para la Revolución Cubana: el heroísmo del pueblo de José Martí, hace 50 años, con la sabia y brillante conducción del Comandante en Jefe Fidel Castro, hizo que el imperialismo mordiera el polvo. En aquel día memorable de 1961, en Cuba, venció toda Nuestra América.

No hay, entonces, fecha más propicia para clausurar este Congreso que es de veras trascendente.

El pueblo de Cuba está acostumbrado a los poderosos e implacables huracanes: a todos los ha sabido combatir y domeñar para que sus fuerzas, que lo arrasan todo, se conviertan en motivación para crecerse ante la adversidad. Pero hay un huracán ante el que nunca se ha puesto en contra: es el huracán de ideas surgido de su alma pasional y libertaria. No en vano este pueblo encarna el verbo inspirador del Apóstol José Martí: Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra. No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, detiene, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados.

Allí radica la grandeza del pueblo cubano. Por eso mismo, hoy encarna aquella sublime aspiración del Apóstol cuando hablaba de un pueblo real y de métodos nuevos, donde la vida emancipada, sin amenazar derecho alguno, sea goce en paz de todos.

Nuestros ojos y oídos han estado puestos sobre las discusiones de este VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Y sus conclusiones serán material de estudio para todos los revolucionarios y las revolucionarias, no sólo de Venezuela, sino de Nuestra América y de toda la inmensa Patria que se llama Humanidad.

Aquí se siente la fuerza inspiradora de Fidel: de aquel gigante que se atrevió, en abierto desafío al imperio, a proclamar el carácter socialista de la Revolución Cubana hace 50 años. Del Soldado de las ideas porque así se autodefine este Quijote infinito. Y nadie mejor que él para recordarnos que no es en las ideas socialistas donde puedan estar las dificultades, es en los errores que cometemos los hombres en cualquier tarea humana, en cualquier tarea social, en cualquier tarea revolucionaria.

En el mes de noviembre del año pasado, al celebrarse el X Aniversario del Convenio Integral de Cooperación entre Cuba y Venezuela, tuve el honor de asistir a la convocatoria del proceso preparatorio de este VI Congreso. Recibí, de manos de Raúl, el segundo ejemplar del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución Cubana: un Proyecto que fue discutido por millones de cubanos durante los últimos meses. Se tomaron en cuenta las opiniones y sugerencias del pueblo, dando Cuba un genuino y luminoso ejemplo de ejercicio democrático ante el mundo. Como bien lo ha dicho Raúl en ese documento extraordinario que es el Informe Central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba: No sería infundado expresar que, en su esencia, el Congreso ya se celebró en medio de ese magnifico debate con la población.

El socialismo lleva en su esencia, como lo sabemos, la cualidad de permanente y sostenida discusión de sus fundamentos y propósitos, si queremos que encarne en las realidades nuestras de la manera más revolucionaria posible. Y esto se debe a dos razones primordiales: una, por la exigencia misma de estar en un proceso de transformaciones sin fin; otra, porque los enemigos de la felicidad colectiva no descansan en ensayar estrategias para debilitarnos y, finalmente, tratar de destruirnos.

El rigor del debate y la ampliación de nuestras reservas revolucionarias están llamados a ser nuestra fortaleza y nuestro destino.

Ayer el imperio español, hoy el imperio yanqui con sus formas hegemónicas de ejercer el poder, se ubican en un extremo de la historia; en el otro, los pueblos que no descansaremos hasta conquistar nuestra Independencia definitiva y ver realizado un mundo de justicia, paz e igualdad. Por eso mismo, lo digo con Bolívar, debemos triunfar por el camino de la Revolución y no por otro.

En medio de este urgente debate, en el que se inscribe el espíritu de este Congreso, está echada la suerte de nuestros pueblos que no les queda otro sendero que aquel de la resistencia permanente y la creación heroica para tener Patrias verdaderas. Ahí vamos enlazadas, Cuba y Venezuela: de allí la alegría compartida y la esperanza común que nos hermanan; de allí nuestro respaldo al heroico pueblo que, como pocos pueblos en la historia, ha demostrado la valentía imprescindible que se requiere cuando el destino está cifrado en la libertad.

Cuba y Venezuela han trazado y ensanchado un camino común y compartido, para retomar y reivindicar plenamente la bandera de nuestros Libertadores y Libertadoras: la unidad. Bolívar y Martí tienen mucho que hacer en América todavía.

Recordemos la sagrada divisa de Martí y sigámosla: Para ser invencibles hay que hacerse inexpugnables. Desde ese bastión, en el que la riqueza radica en la claridad ideológica y en el severo compromiso con la Patria libre, soberana e independiente, saludamos a este Congreso del cual, estamos seguros, saldrá consolidada, una vez más, la Revolución Cubana en procura de su resolución mayor: confirmarle y demostrarle al mundo que el socialismo, en su fecunda diversidad de experiencias, es la única vía para acceder a la salvación de la humanidad.

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