General de Brigada Lino Carreras Rodríguez

Cumplimos con Maceo

Cuando se fue a casar por primera vez se negó a cortar el cake porque estaba adornado con una bandera cubana. Aquello no sorprendió. Sus más allegados sabían que desde pequeño, Lino Carreras sentía un profundo amor y respeto por los símbolos patrios. La conversación con este General de Brigada es agradable. Los minutos pasan volando. Su vida está llena de acontecimientos hermosos. Algunos de ellos mencionados por el Comandante de la Revolución Juan Almeida en su libro La Sierra Maestra y más allá. Hombre con gran amor a la vida, Lino Carreras supo enfrentar con coraje una parálisis que estuvo a punto de dejarlo para siempre en una silla de ruedas. Esa valentía es la misma que ha tenido en sus cincuenta y siete años de existencia. Es un ejemplo de tenacidad y posee la admiración de todos sus compañero

LUIS BÁEZ

¿De dónde es usted?

Palma Soriano, Oriente.

¿Dónde pasó su niñez?

En el campo. A los diez años fui para el pueblo.

¿Cuántos hermanos?

Con mi madre fueron cuatro. El viejo tenía cinco de otro matrimonio. En total somos nueve.

¿Qué hacía su padre?

Trabajaba una finca de cinco ca-ballerías.

¿Era de su propiedad?

Sí. La pagó poco a poco.

¿A qué tenía dedicadas las tierras?

A la ganadería. Más exactamente a la producción de leche.

¿Solo ese negocio?

Además, había arrendado una caballería en la que desarrollaba ganado.

Es decir, lo compraba flaco, lo engordaba y, posteriormente, lo vendía. También hacía negocios con los terneros.

¿Pudo estudiar?

Durante un tiempo. Trabajaba por la noche y la madrugada. Estudiaba por la tarde. Hasta que dejé los estudios.

¿Por qué?

Tuve que dedicarme a la producción completa de la finca: ordeñar, chapear, todo lo que hiciera falta. También tenía que distribuir la leche en el pueblo.

¿Pasaron necesidades?

Hambre no pasamos, pero teníamos que trabajar muy duro. La leche solo te daba para el diario.

¿Cuándo inició sus actividades revolucionarias?

Lino Carreras conversa con el Comandante en Jefe a fines de la década de los 60 sobre la Operación Mambí.

A fines de 1954 me incorporé a una célula del 26 de Julio y comencé el trabajo clandestino en Palma.

¿Qué tipo de acciones realizó?

Poner bombas, distribuir propaganda, hacer sabotajes.

¿En qué cooperó con los rebeldes?

Por intermedio del compañero Gilberto Capote, combatiente del Che caído en el combate de Pino del Agua, en el traslado de armas y abastecimientos. Así fui vinculándome a la Sierra Maestra.

¿Cómo las transportaba?

En el jeep de mi padre. Yo lo manejaba.

¿Cuándo se alzó?

En enero de 1958.

¿Solo?

No. En unión de Librado Reina (fallecido) y de Diocles Torralbas.

¿Por qué zona?

Por un lugar conocido como el Tártaro, en la Sierra Maestra. Demoramos tres días en llegar al Campamento La Anita. El jefe era el Capitán Enrique López (fallecido).

¿Cuál fue la primera acción en que participó?

En el atentado al Sargento Cruz.

¿Dónde lo realizaron?

Él, en unión de otros soldados, visitaba los fines de semana a Cruce de los Baños. Viajaban en jeep.

Le preparamos una emboscada. Pertenecían al cuartel de la Guardia Rural de Contramaestre. Posteriormente intervine en el ataque a las Minas de Charco Redondo.

¿Tenía algún grado?

Me habían hecho Teniente y designado al mando de una escuadra.

¿Ya estaba alzado cuando Almeida arribó a la zona?

Él llegó en el mes de marzo para abrir el III Frente. Hacía dos meses que me encontraba en las montañas.

¿Con quién llegó Almeida?

Llegaron juntas las Columnas de él y de Raúl Castro.

¿Vio a Raúl?

Lo vi, pero no supe que era Raúl.

¿Por qué no se enteró?

Yo no lo conocía. Además, él venía con el nombre de Luar —Raúl al revés—. Tenía el pelo amarrado atrás.

Ahí fue donde por primera vez escuché el "Himno del 26 de Julio". Ambas Columnas lo cantaron en una valla que existía en la zona de la Meseta. Raúl estuvo poco tiempo, pues siguió camino a abrir el II Frente "Frank País".

¿Quién le dijo que había estado frente a Raúl?

Después que se fue, me lo comentaron los compañeros veteranos de la Sierra que venían con Almeida.

¿Cómo es su primer encuentro con Almeida?

Lo primero que hizo fue degradarnos a mí y a Diocles.

¿Cómo fue eso?

De lo más interesante. Enrique López me había hecho Teniente, pero al parecer no estaba autorizado a dar grados.

Nos convertimos en soldados rasos, pero nos dejó como Jefes de escuadra.

¿En qué acciones intervino?

Participé en el ataque a la Refinería de Santiago de Cuba. Posteriormente en compañía de Diocles y de Reina me trasladé a Arroyo Rico, donde en unión de los compañeros allí alzados procedentes de Palma Soriano y Contramaestre, realizamos el ataque al Cuartel de Dos Palmas. También tuvimos encuentros con fuerzas de la tiranía en Río Grande y Los Baños.

En junio de 1958, Fidel mandó a buscar a Almeida. En esos momentos el ejército preparaba una gran ofensiva contra la Sierra Maestra.

¿Fue con él?

Me quedé en unión de otros compañeros por la zona de Ramón de Guaninao, con la tarea de evitar que los guardias subieran por ese lugar hacia la Sierra. Esas instrucciones fueron cumplidas.

¿Cuándo regresó Almeida?

En septiembre. En esos momentos teníamos nuestro campamento en La Lata.

Nos habíamos organizado y fortalecido. Él instaló la Comandancia en La Lata.

¿Qué misión le encargó?

Me envió para el llano. Intervengo, entre otros, en el ataque al Cuartel de Maffo y a la Estación de Policía de Contramaestre.

¿Cuándo le volvieron a dar grados?

En noviembre. Por órdenes del Comandante en Jefe me hizo Capitán. También ascendieron a Vilo Acuña a Comandante y me asignaron a su Columna. Combatimos en San Luis y Palma.

¿En qué circunstancias conoció a Fidel?

En diciembre voy al central América a ver a Almeida. Allí estaba Fidel. Le digo a Almeida que me lo presente.

Le comento que hace un año que estoy tirando tiros por él y no lo conozco. Me lo presentó. Almeida, en esa ocasión, cosa que no lo caracteriza, le dijo a Fidel: "Este es uno de mis buenos Capitanes".

Aquello me sorprendió ya que no es dado a ese tipo de expresiones.

¿Fidel, qué le dijo?

Me echó el brazo por encima de los hombros y se puso a hablarme de la toma de Palma.

Me preguntó desde que distancia se le podía tirar a Palma con una bazooka. "¿Tú crees que podamos tirarle a cuatrocientos metros?".

Le contesté, a la que él dijera. Le tiramos casi a cincuenta metros. Al efectuarse el combate quedé sorprendido pues se desarrolló de la misma forma que Fidel me había explicado.

Lo único que no salió igual fue el ataque a la tanqueta. Cuando lo fui a ejecutar, se le habían agotado las baterías a la bazooka. Con anterioridad le había disparado dos cohetazos a la estación de policía.

¿Qué tareas realizó después del 1ro. de enero de 1959?

Seguí muy ligado a Almeida. Pasé varias escuelas militares en Cuba y en la Unión Soviética.

En diciembre de 1963 me ascendieron a Comandante. Dentro de las Fuerzas Armadas ocupé diferentes posiciones.

¿Hay un momento en que sale de las Fuerzas Armadas?

En abril de 1973, la máxima dirección del Partido me nombró Director General de Ganadería del Ministerio de la Agricultura.

¿Qué ocurre con la ganadería?

El problema principal es la falta de pastos. Acabo de realizar un amplio recorrido de Oriente a Occidente.

He podido observar que los pastos se han perdido.

¿Cuál es la causa?

Eso se debe al marabú. El periodo especial ha afectado, pero también ha habido descuido en los responsables de ese sector.

Hay terrenos ganaderos que tienen el sesenta por ciento de su área llena de marabú, a pesar de que fueron buldozeadas hace algún tiempo. No se han vuelto a chapear. Eso es imperdonable.

Hay que trabajar duro para salir del bache en que nos encontramos.

En 1978 quedé paralítico.

¿Qué se lo provocó?

A principio de los 70 en una de las maniobras del Pacto de Varsovia, en Polonia, el Ministro de las FAR me envió en su representación, en unión de Raúl Díaz Argüelles.

Durante nuestra estancia, visitamos una industria donde se estaban fabricando los T-55 de combate con algunas modificaciones.

Pedí conducir uno de estos vehículos, pero nos enviaron con un chofer de prueba.

No me metí dentro del tanque. Iba sentado afuera. De repente, el conductor imprimió tremenda velocidad y al tratar de entrar en un puente que se encontraba en un paso de bajo nivel, chocó contra un muro. Salí despedido.

Recibí un golpe muy fuerte en la cabeza y en la rodilla. Durante un tiempo anduve con bastón. Después no me sentí más nada. Seguí mi vida normal. Un buen día haciendo ejercicios me dio un fuerte dolor en el cuello. El brazo izquierdo quedó muerto.

Posteriormente, el derecho. No me podía mover. Estaba paralítico. Los médicos desconocían las causas. Los cirujanos Alfredo Ceballos y Roger Figueredo me sometieron a una operación exploratoria. Duró ocho horas.

¿Qué descubrieron?

Tenía comprimida la médula entre la tercera y cuarta vértebra. Poco a poco fui recuperando la movilidad. Actualmente estoy totalmente curado.

Cuando me restablecí, comencé a trabajar con Almeida hasta que fui llamado nuevamente a las Fuerzas Armadas.

¿En qué fecha?

El trece de enero de 1981.

¿Con qué grado?

Al darle el parte de bienvenida al Ministro de las FAR, en el Estado Mayor Provincial de Ciudad de La Habana.

Coronel.

¿Qué responsabilidad le dieron?

Sustituto del Jefe del Ejército Occidental para el trabajo de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT). Estuve en el cargo hasta que fui para Angola.

¿En qué momento?

En junio de 1984. Iba como Sustituto del Jefe de la Misión Militar para la Lucha Contra Bandidos. Permanecí tres años y siete meses.

¿Qué le significó Angola?

Una inapreciable escuela. Aprendí mucho. Asesoré a las FAPLA. Estuve dos años en Luena.

En ocasiones, me quedé como Jefe de la Brigada de tanques. En el terreno aprendes a medir a los hombres por su actitud, no por su tamaño.

Pequeños de estatura, pero que a la hora de la verdad, se convertían en gigantes.

Angola es una experiencia de un valor incalculable para los cubanos que tuvimos la dicha de cumplir esa hermosa misión internacionalista.

¿Cómo describiría a Juan Almeida?

Hombre de extraordinaria calidad humana. Lo ha demostrado en numerosas ocasiones. Modesto, recto, disciplinado, austero. Enemigo mortal de la guataquería y las prebendas.

Si tienes un problema se lo puedes plantear con toda confianza. Incluso, cuestiones de tipo personal.

Pero cuando tiene que tomar medidas, las adopta sin pensarlo dos veces. Si has cometido un error no busques que te absuelva. Pero si es una injusticia, va contigo hasta el final.

Almeida es de ilimitada lealtad a Fidel y a Raúl. Es uno de los tres capitanes que vino en el Granma.

Ya el Comandante en Jefe había visto en él condiciones excepcionales. Estar al lado de Almeida es una de las grandes dichas que he tenido en mi vida.

¿Qué representó para usted reeditar la invasión de Antonio Maceo?

Mucho. Es un sueño que hice realidad. Desde hacía años el Comandante Almeida tenía ese plan en mente; siempre con el objetivo de que participara la mayor cantidad de jóvenes.

En el recorrido recibimos calurosas muestras de cariño por todos los pueblos que pasamos. Se restauraron cien monumentos y se hicieron otros muy bonitos en veintiún nuevos sitios históricos relacionados con el paso del "Titán de Bronce", Antonio Maceo.

Esa travesía se había hecho con anterioridad en cuatro ocasiones: Maceo, la Escuela de Cadetes en el 50 Aniversario de la Invasión. Ahí participaron José Ramón Fernández y José Quevedo.

En esa época eran estudiantes. Lo realizaron a pie. Después del 1ro. de enero de 1959 la juventud lo hizo en dos ocasiones.

¿Se preparó?

Mucho. Desde un año antes venía preparándome. No sólo físicamente. También leí mucho sobre Maceo y la Invasión.

¿Cuántos kilómetros recorrieron?

Mil ochocientos siete kilómetros.

¿Le gusta montar a caballo?

Me encanta. Desde ese punto también he tenido una experiencia interesante. He visto como se comportan en una marcha larga, principales enfermedades, calidad del herraje, tipo de alimentación más adecuada. En el tipo de raza, pudimos apreciar que el criollo es uno de los caballos más fuertes.

¿Qué sintió al llegar a Mantua?

Me emocionó y me emocionó mucho más cuando Almeida me dio un abrazo y me dijo: "Lo más importante es que cumplimos con Maceo en su Centenario".

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