Consultas  Médicas

LEISHMANIASIS

En tiempos de creciente colaboración en salud de Cuba en un gran número de países, cuando incluso son miles los alumnos que procedentes de no pocas naciones cursan aquí sus estudios, necesariamente debe ensancharse también nuestra visión en el abordaje de temas para esta columna médica, como vía en definitiva del enriquecimiento cultural en temas sanitarios.

Durante una entrevista publicada sobre la presencia de médicos cubanos en Guatemala, se consignaba que en el cuadro epidemiológico de ese país Centroamericano la leishmaniasis constituye un problema de primer orden entre las enfermedades trasmisibles.

La leishmaniasis, enfermedad parasitaria inexistente en Cuba, es propia de zonas rurales de la mayoría de las regiones tropicales y subtropicales del mundo. En América Latina se la encuentra desde el sur de los Estados Unidos hasta el norte de Argentina.

La OMS reporta, solo para la leishmaniasis cutánea, 1,5 millones de casos nuevos cada año. Aunque no se halla clasificada dentro de las enfermedades reemergentes, su asociación con males como el SIDA, que afectan la inmunidad del organismo, hace que cada día aumente su importancia.

Esta parasitosis es un tema de investigación actual del Instituto de Medicina Tropical "Pedro Kourí, (IPK), de La Habana, que abre sus puertas al trabajo de colaboración con otras instituciones cubanas y de áreas endémicas.

Un investigador y experto en la temática del IPK, el doctor Esteban Alberti Amador, refiere que las leishmaniasis son importantes y ampliamente distribuidas enfermedades causadas por protozoos del género Leishmania (en honor del científico inglés William Leishmania, 1900).

La enfermedad se presenta básicamente en tres formas clínicas: cutánea, mucocutánea y visceral, en dependencia de las manifestaciones del paciente y de la especie del parásito causal.

A pesar de que algunas formas clínicas de la leishmaniasis se puedan parecer o confundir con la lepra o mal de Hansen, el doctor Alberti precisa que, en realidad, no tiene nada que ver con esta enfermedad causada por una bacteria, Micobacterium leprae.

—Doctor: ¿es uno o son varios los agentes infecciosos que la originan?

—Se conocen alrededor de 20 diferentes especies de protozoarios del género Leishmania que parasitan al hombre, con diferentes modelos de trasmisión.

—¿Son los animales y también el ser humano el reservorio de esta enfermedad?

—Los fundamentales son los animales salvajes como roedores, incluyendo ratas, ratones, zorras, ardillas; y animales domésticos como perros, caballos, ganado ovino y vacuno y, por supuesto, el hombre.

—¿Cuáles son las vías de trasmisión?

—La vía habitual es por la picadura de insectos, hembras del género Phlebotomus (dípteros hematófagos). Estos insectos se conocen a su vez como flebotomos, jejenes y moscas de los arenales o de los suelos. Después de alimentarse de un reservorio, la forma flagelada del parásito se desarrolla en el intestino del vector y en un plazo de 8-20 días ya son infectantes. Existe trasmisión de hombre-hombre, de animal-hombre. Otra forma menos frecuente pero de importancia en zonas endémicas es por transfusiones sanguíneas.

—¿Y sus manifestaciones principales?

—Abarcan signos y síntomas diversos. Según la forma clínica presente se observan lesiones ulcerosas que pueden ser únicas o múltiples y de duración limitada, indolora, o lesiones nodulares (tipo difusa). Pueden ocurrir años después de la primera lesión, aun sin haberse identificado lesiones ulcerosas mucocutáneas que afectan membranas de la nariz, boca, faringe; y en otras especies se observa una enfermedad infecciosa generalizada, crónica, con fiebre, malestar general, bazo, hígado y ganglios inflamados, anemia que de no tratarse a tiempo llevarían a la muerte.

—¿Se conoce el periodo de incubación de Leishmania?

—Sí, pero depende de la especie causante de la enfermedad. Puede ocurrir en unos días (alrededor de 10), de 2 a 4 meses, o durar hasta dos años.

—¿Y el de trasmisibilidad?

—Mientras existan parásitos en las lesiones ulcerosas o en sangre circulante, y en los casos no tratados en un año o más.

—¿Existe algún tratamiento para su curación, o una vez contraída evoluciona a la cronicidad?

—Se emplean tratamientos específicos con diversos agentes que pueden ser eficaces solo o en combinación. La respuesta a la terapéutica varía según las cepas y las zonas geográficas. La mayoría de estos fármacos son altamente tóxicos y de un alto costo.

—¿Padecerla inmuniza de por vida?

—Una infección primaria probablemente confiere inmunidad de por vida, al menos para la misma cepa (leishmaniasis cutánea). En ciertas zonas endémicas las madres algunas veces inoculan a sus hijos con sueros obtenidos de una úlcera, con lo cual producen una infección inmunizante en una parte menos visible del cuerpo. Esto también es válido en la leishmaniasis visceral, donde la curación deja inmunidad.

—¿Qué consecuencias puede acarrear su no-tratamiento?

—Daños irreversibles en órganos vitales y, en ocasiones, lesiones mutilantes o deformantes en la cara y otras partes del cuerpo. Algunas formas clínicas, de no ser tratadas, pueden llevar a la muerte.

—¿Qué medidas de control y prevención demanda esta enfermedad?

—Conociendo el hábitat del vector, la zona de origen y los hospederos mamíferos, se aplican insecticidas, se eliminan criaderos (basuras, paredes de barro o adobe), también los animales identificados como reservorio, control y tratamiento de enfermos y educación sanitaria a la población.

—¿La enfermedad aqueja en lo fundamental a grupos ocupacionales específicos o a la población en general?

—Es propia de zonas rurales. Los más afectados en general son los leñadores y recolectores de caucho. De ahí que en algunos países como en México se le llame "úlcera del chiclero". También, motivado por las migraciones en las periferias de las ciudades, se ha visto un aumento de casos en zonas periurbanas. (2001)