Consultas  Médicas

EPICONDILITIS

El escenario médico le ha cambiado en dos ocasiones al doctor Jorge Oller Gómez desde su graduación en 1995. Primero fue el campamento El Jagüey, en San Antonio de los Baños, durante su servicio social; ahora es el Policlínico de Wajay como médico de familia y residente de tercer año de Medicina General Integral.

Durante una visita de trabajo que realizaba a su consultorio, presencié cuando una paciente le refería: "Vengo a verlo, doctor, porque me molesta el codo, me duele. Yo antes lavaba la ropa, la exprimía y ahora no puedo hacerlo..., porque sencillamente se me cae".

El tema es recurrente en la ciudad, me comenta el doctor Oller, y también cuando prestaba servicios en una zona rural de la provincia habanera: "Siento dolor en el codo, tengo cierta dificultad para extender el brazo, y a veces se me afloja el machete de la mano, se me cae", se quejaban algunos de sus pacientes.

El diagnóstico certero no se hace esperar: epicondilitis, una afección del codo, caracterizada por dolor e hipersensibilidad en el origen de los músculos extensores del antebrazo que se insertan justamente en el epicóndilo, denominación que reciben las dos prominencias óseas que se encuentran en la articulación del codo. Por sobreuso, explica mi entrevistado, el ligamento que se une al epicóndilo se irrita, se inflama y produce dolor.

En lenguaje médico a esta afección se le conoce también como codo de tenista, bursitis radiohumeral, epicondilitis externa o lateral, entre otros.

--Doctor, ¿se origina exclusivamente por traumatismos a repetición vinculados con alguna profesión o deporte?

--No pudiéramos decir que es exclusiva de alguna profesión o deporte, aunque es común en los jugadores de tenis, pitchers, operadores de computadoras, mecánicos, carpinteros...

--¿Cuáles son los síntomas típicos de esta dolencia?

--El primero que hace su aparición es el dolor en la parte externa del codo, que se irradia por la parte posterior del antebrazo. Puede haber sensación de calor local y se manifiesta debilidad muscular al coger objetos. Incluso, estos se pueden caer de la mano sobre todo cuando el antebrazo gira de afuera hacia adentro.

--¿Esos síntomas aparecen espontáneamente o, por decirlo así, se exacerban como consecuencia de una actividad dada?

--Sí, se irritan por ejemplo al agarrar o sostener una botella, abrir un frasco, o simplemente al sostener una taza de café. También en otras actividades en las que haya que realizar la extensión de la muñeca, como al jugar tenis, teclear en una máquina de escribir o en un teclado de computadora, exprimir una pieza de ropa, por citarte algunos ejemplos.

--¿Existe alguna susceptibilidad constitucional en las personas que la padecen?

-- Puede existir predisposición a padecer de epicondilitis teniendo en cuenta sobre todo el sobreuso que demos al antebrazo en variadas tareas profesionales o deportivas.

--¿Es una afección común? ¿En qué edades se manifiesta regularmente?

--Sí, es frecuente en nuestro medio. Ahora bien, desde el punto de vista estadístico su mayor incidencia se registra en adultos de edad mediana, y más corrientemente en la tercera y cuarta década de la vida. Ello no quiere decir que no pueda manifestarse en personas más jóvenes, o en adultos mayores. En nuestra práctica médica hemos visto pacientes portadores de esta enfermedad que no coinciden con la media estadística.

--¿Es una enfermedad que cursa inexorablemente hacia la cronicidad?

--Si no se trata oportuna y adecuadamente puede convertirse en crónica. Es importante conocer que esta es una afección bastante incapacitante cuyo tratamiento puede extenderse por períodos que oscilan entre un mes y un año.

--¿Cuál considera debe ser el tratamiento de elección?

--El primero y más importante es el reposo de la articulación. Durante la fase aguda se indican antinflamatorios e inmovilización de la zona con una férula de yeso. Después de esta fase se recomienda fisioterapia, que puede transitar por el ultrasonido, la magnetoterapia, entre otros, e incluso se puede llegar a la infiltración local. De no mejorar con estos tratamientos, se establecería entonces el proceder quirúrgico.

--¿En qué pacientes se demanda la inmovilización del codo con un vendaje de yeso?

--Cuando el dolor es intenso y hay inflamación se puede utilizar una férula de yeso con la articulación el codo en 90 grados, el antebrazo en supinación (rotación del antebrazo de adentro hacia fuera) y la muñeca en extensión).

--¿Y la intervención quirúrgica?

--En los casos de incapacidad severa que no respondan al tratamiento conservador.

--¿Qué porcentaje de curación se alcanza con ambos procederes?

--El índice de curabilidad está dado fundamentalmente por el origen de la enfermedad. Los que presentan un proceso inflamatorio de manera eventual, al suprimir la causa mejoran con el tratamiento conservador, mientras que los profesionales a los que no les es posible suprimir la causa de la dolencia, necesitarían un tratamiento quirúrgico adecuado.

--¿Son frecuentes las recurrencias?

--Sobre todo en pacientes que no cumplen con rigor el tratamiento médico, descuidan el reposo de la articulación o no contribuyen a la erradicación del origen de la irritación articular.

--¿Los médicos de familia se encuentran en capacidad para ofrecer atención a estos pacientes, o deben ser remitidos a un especialista?

--Considero que están en plena capacidad para ello, haciendo la precisión que cuando el paciente no mejore con el tratamiento habitual debe establecer la interconsulta con un especialista en Reumatología para, juntos, valorar un cambio en el tratamiento del paciente. (2000)