Consultas  Médicas

Dificultad en la pronunciación de los sonidos

Disartria

JOSÉ A. DE LA OSA

El término disartria deriva del griego dys, que significa defecto y arthron, articulación. Genéricamente se trata, por tanto, de una alteración en la articulación o pronunciación de los sonidos del idioma "por causas neurológicas", precisa la doctora Norma Regal Cabrera, especialista de segundo grado en Logopedia y Foniatría y jefa del Servicio de esa especialidad en el Hospital Pediátrico Docente Juan Manuel Márquez, de esta capital.

Foto: RICARDO LÓPEZ HEVIADoctora Norma Regal Cabrera.

¿Se conocen las causas principales de este trastorno?

Se origina por daño o agresión a estructuras cerebrales que intervienen en el proceso normal del habla y la voz. Este daño puede ocurrir por diferentes causas (insuficiente oxigenación cerebral, traumas) antes, durante o después del parto, siempre en los 3 primeros años de existencia, o por enfermedades neurológicas de instalación progresiva en diferentes etapas de la vida (Parkinson, por ejemplo).

De acuerdo con su experiencia clínica, ¿cuál es la más usual en nuestro medio? ¿Hace distinción entre los sexos?

Es muy frecuente encontrar esta dificultad como parte del cuadro de síntomas clínicos en niños con diagnóstico de Parálisis Cerebral Infantil, enfermedad que se incluye dentro de los trastornos del neurodesarrollo. No existe distinción en cuanto al sexo.

¿Qué manifestaciones iniciales pueden alertar a los padres de que su hijo o hija presenta disartria?

Las manifestaciones de alerta pueden ser el retardo en el desarrollo del lenguaje: cuando el niño no habla; cuando existe retraso en el desarrollo psicomotor (demora en sostener la cabeza, sentarse o caminar); o hipotonía (niños muy flojitos); o dificultades en la alimentación (no succiona, se atora con facilidad), todas ellas muy relacionadas con los procesos de maduración del sistema nervioso.

Luego habitualmente la disartria se expresa no solo como una mala pronunciación de las consonantes...

No, la mala pronunciación se hace evidente en estos casos por las dificultades en la coordinación de los movimientos de labios, lengua y velo del paladar, pero además se acompañan alteraciones en la voz, caracterizadas por un incremento de la resonancia nasal para todos los sonidos, dificultades en la entonación y también en la masticación y deglución, lo que explica la presencia de babeo. La intensidad de los síntomas varía en correspondencia al daño neurológico. En los casos más graves el habla se puede hacer totalmente incomprensible, o no producirse.

¿A qué especialista acudir? ¿Cómo se establece el diagnóstico de certeza?

Estos pacientes deben ser evaluados por el especialista de Logopedia y Foniatría, y el diagnóstico se rea-liza mediante el examen clínico y la evidencia de antecedentes neurológicos.

¿Puede confundirse con algún otro trastorno?

Si, con las dislalias, que son trastornos muy frecuentes en la articulación o pronunciación de los sonidos del habla, debido a otras causas, nunca neurológicas.

¿En qué procederes se sustenta el tratamiento y cuánto dura como promedio?... ¿Es curable?

El tratamiento de la disartria forma parte de la rehabilitación integral de estos niños. Está dirigido a la atención temprana de todos los trastornos, con el empleo de terapias funcionales que permiten la instauración de los diferentes sonidos, y técnicas para adecuar los movimientos biológicos en el proceso de la alimentación y respiración.

¿Qué apoyo esencial debe brindar la familia en la terapéutica que se indica?

La familia, y en especial la madre, constituye un eje fundamental en el tratamiento de estos niños necesitados de una atención, manejo y estimulación general de todas sus funciones que les permitan un desarrollo de habilidades específicas.

¿Existen estudios de incidencia en el tema que nos ocupa?

Si decimos que la disartria se inserta dentro de las alteraciones provocadas por una lesión neurológica, los estudios de incidencia corresponden a estas causas. Según reportes en nuestro país la incidencia de la Parálisis Cerebral Infantil es de 1,5 a 2,5 niños por cada 1 000 nacidos vivos.