Consultas  Médicas

Callos, callosidades y clavos

JOSÉ A. DE LA OSA
delaosa@granma.cip.cu

En general, los callos, callosidades y clavos, que afectan prácticamente a toda la población, son áreas de piel gruesa y endurecida que surgen como respuesta de la capa córnea —la más superficial de la piel— ante estímulos mantenidos de fricción por roce o presión. Sin embargo, indica el doctor Rigoberto García Gómez, aunque comparten muchas características no son iguales.

Foto: CaoDoctor Rigoberto García Gómez.

Los callos, medianamente dolorosos, son engrosamientos notorios de ciertas áreas de la piel, que se forman fundamentalmente en lugares con planos óseos subyacentes (plantas y palmas), con bordes no bien definidos, y pueden estar precedidos por ampollas.

Las callosidades, indica ahora el especialista en Dermatología, son similares a los callos, aunque más superficiales y no dolorosas. Y los clavos, también conocidos como "ojos de gallo" o de "perdiz" constituyen engrosamientos circunscritos con un núcleo o tapón central duro en forma de cono, y un extremo fino hacia adentro, cuya presión genera dolor agudo. Se ven con mayor frecuencia en los bordes de los dedos más pequeños de los pies por el roce con el calzado, en las plantas y en otras localizaciones.

El doctor García Gómez es además especialista en Medicina General Integral y Máster en Enfermedades Infecciosas, y se desempeña en el Hospital Clínico-Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, en esta capital.

—¿El origen de estas callosidades está dado exclusivamente por una prolongada e intermitente fricción de la piel?

—En esencia esa es la causa básica que las produce, determinada por el uso de calzados inadecuados, malformaciones de los pies, actividades profesionales o físicas que ocasionen fricción o presión repetida en la piel, y malos hábitos de postura y al caminar.

—Luego podría afirmarse que el empleo de calzados mal ajustados es la causa principal de este trastorno¼

—Efectivamente, ya sea por el uso de calzados que provoquen roce con la piel por zapatos o medias que aprieten fuerte alrededor de los dedos del pie, por presión en los dedos por zapatos de tacón alto o puntifinos.

—¿Es igualmente frecuente en hombres y mujeres?

—La frecuencia es similar, lo que estará en dependencia de hábitos, características individuales y la profesión. Ahora, es más común en adultos por estar sometidos a actividades de mayor riesgo para el surgimiento de estas afecciones. Tengamos en cuenta que una persona camina como promedio alrededor de 100 000 kilómetros durante su vida. Cuando sumamos a los cambios fisiológicos del envejecimiento, los microtraumas que se van produciendo, ello hace más propensas a las personas de la tercera edad a sufrir de callos, callosidades o clavos.

—¿Estas callosidades presentan similitudes con las llamadas verrugas plantares?

—En el examen físico pueden ser diferenciadas porque los callos son dolorosos a la presión directa, mientras que las verrugas a la presión lateral. Además, estas no surgen necesariamente en sitios de roce o fricción de las plantas. Las verrugas plantares son afecciones virales producidas por cepas del Virus del Papiloma Humano, más frecuente en personas jóvenes.

—¿Desaparecen estas callosidades con solo eliminar la causa que las produjo?

—Por lo general, siempre que la causa pueda ser corregida, las callosidades tienden a desaparecer en periodos de aproximadamente un mes.

—¿Son los callos, callosidades y clavos rebeldes a los tratamientos?

—Cuando la causa no es posible corregirla pueden ser difíciles de eliminar completamente, como ocurre en ocasiones en personas con deformidades en los pies. En diabéticos o portadores de otras enfermedades crónicas resulta también más difícil el manejo.

—¿Medicamentos aplicados localmente o extirpación quirúrgica?... ¿Están bien establecidos los caminos?

—Usualmente la aplicación local de fármacos, junto a la corrección del factor que origina la callosidad, son suficientes para eliminar este trastorno. En ocasiones se requiere tratamiento quirúrgico para corregir deformaciones de los pies.

—¿Qué profesionales están en capacidad de ofrecer los tratamientos?

—Estas son afecciones habitualmente tratadas por los podólogos, que pueden requerir la atención de los dermatólogos cuando existan dudas diagnósticas o complicaciones que no les sea posible resolver con los tratamientos convencionales, y, asimismo, ser valorados y tratados por ortopédicos cuando haya deformidades óseas.

—¿Algún mensaje final?

—Es aconsejable evitar el roce mantenido con el calzado, y utilizar zapatos cómodos, ni muy grandes ni muy pequeños, y sin puntas estrechas. También usar medias lisas, sin rugosidades, y proteger las zonas de roces con medios físicos: algodón o algún material flexible que impida la fricción.