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17 de julio de 2004

El pequeño short stop

La historia de Antonio Guerrero, padre, como pelotero en Estados Unidos. María Eugenia Guerrero Rodríguez hilvana recuerdos en este diálogo en el que es recurrente a cada momento su hermano Tony

DEISY FRANCIS MEXIDOR

Cuando habla de ellos se le hace un nudo en la garganta y sus ojos claros se colman de lágrimas. Lágrimas casi iguales a las que le corrían por el rostro cuando recibía cartas desde la ex Unión Soviética, donde estudiaba su hermano Antonio, y en las que constantemente le reiteraba: "Espero que algún día no llores más". No puede evitarlo. Es la manera de dar rienda a sus emociones. María Eugenia Guerrero Rodríguez ha sido muy apegada a la familia. Las separaciones siempre la han marcado demasiado.

Primero fue la pérdida del padre. Ahora la ausencia del hermano, porque la maldad lo mantiene confinado en celdas del imperio. Algo "muy duro, especialmente para mi madre, una mujer que ya tiene 72 años".

En este diálogo con Juventud Rebelde se entrelazan evocaciones. María Eugenia siente que no puede referirse a uno y a otro por separado y puntualiza: "En la conducta de mi hermano y mía está la mejor manera de recordar a nuestro padre, porque nos enseñó por encima de todas las cosas a amar a Cuba,  a nuestras familias, y a ser muy humanos, como lo era él. Pienso que de alguna manera nosotros le hemos correspondido".

María Eugenia Guerrero Rodríguez es graduada en Relaciones Económicas Internacionales, trabaja como especialista comercial en la empresa Representaciones Culturales S.A., tiene dos hijos. "¡Cuánto me hubiese gustado que mi papá viviera en esta etapa!", dice, mientras sostiene en sus manos el dibujo a lápiz que le enviara el hermano desde la prisión de Florence, Colorado, en la que aparece la imagen de un hombre con traje de pelotero: "El pequeño short stop (torpedero), así le decían a mi padre".  

—¿Cuál es la historia de Antonio Guerrero, padre, como deportista?

—A mi padre siempre le gustó mucho el deporte. Jugaba en el Loma Tennis, un club de La Habana de antes de 1959. Allí jugaba pelota amateur, porque trabajaba, como muchos jóvenes de la época, en diferentes oficios: fue lechero, vendedor, y no sé cuántas cosas más. Mi madre lo conoció justamente un día en que él vino a jugar en un equipo de pelota juvenil que dirigía mi abuelo.

"Empezaron a relacionarse como amigos y casi dos años después, en 1948, se hicieron novios. Se casaron en 1952, el propio año en que lo contratan y va para Estados Unidos, porque anualmente algunos agentes que captaban a peloteros jóvenes, con buenos resultados, viajaban a nuestro país con el objetivo de ‘descubrir’ talentos para la liga semiprofesional. Así fue como mi padre llegó a Texas.

"En Cuba existían cuatro teams de pelota profesional: el Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao. Cuando el dueño de este último leyó sobre los éxitos de mi padre en territorio estadounidense manifestó la intención de contratarlo; sin embargo, cuando en determinada etapa regresaron él y mamá a Cuba, ya nadie se acordaba de esa promesa, aquello quedó así. Nunca jugó en el Marianao.

"En 1955 mis padres decidieron establecerse en Estados Unidos. Primero tenían la idea de quedarse en Texas, por los resultados de mi padre allí y por el cariño que había cultivado de la afición; precisamente, yo nací en 1956 en ese estado. "Luego retornaron aquí a La Habana por un breve tiempo, y cuando volvimos nos radicamos en La Florida; allí nació Tony el 16 de octubre de 1958. En noviembre de ese mismo año, según me contó mami, la familia completa regresó a Cuba, porque nunca perdimos nuestros vínculos con la Patria.

"Mi padre se dedicó en Miami a la compra de bonos para la causa de la Revolución y al venir para acá enseguida estableció su compromiso con el proyecto social que recién comenzaba en el país. Empezó a trabajar con los cigarreros, fue militante del Partido y en 1965 participó en la zafra.

"No pudo jugar más pelota, sin embargo, desarrolló la práctica de ese deporte en la fábrica de cigarros agrarios Miguel Saavedra, en Boyeros, donde se desempeñó como jefe de personal.

"Lamentablemente, a mi padre enseguida se le empezó a agudizar una dolencia congénita que tenía en el corazón, pero hasta el último suspiro de su vida fue una persona muy activa. Murió un mes antes de cumplir los 43 años, mi mamá tenía 38".

—¿Cómo fue que tu mamá, Mirtha, se une con él en Texas?

—Fue una bonita historia de solidaridad. Cuando mi papá se va mi madre tiene que quedarse en La Habana. Se habían casado el 8 de marzo de 1952, o sea, llevaban unos pocos meses de matrimonio.

"Mi padre sufrió una caída en el entrenamiento, y cuando le dan la noticia a los fanáticos, estos deciden hacer una colecta para mandar a buscar a su esposa, mi mamá, para que lo cuidara en ese momento. Los trámites demoraron y al llegar a Texas ya mi padre se había recuperado, incluso estaba incorporado al juego en el campeonato".

—¿Tu papá quería que tu hermano Tony fuera pelotero?

—Bueno, al menos que le gustara la pelota, y él le ha correspondido en ese sentido, porque no se pierde un juego de sus equipos favoritos; pero para practicar, el deporte que le gusta es el fútbol.

—¿Jamás tu papá perdió su pasión por la pelota?

—No. Después que regresa de Estados Unidos, que se incorpora a trabajar como cigarrero, él crea el equipo de pelota de la fábrica.

—¿Cuáles son los recuerdos que guarda María Eugenia Guerrero de su papá Antonio?

—Son recuerdos muy lindos. Cuando mi papá muere, el 22 de mayo de 1970, yo tenía 13 años, mi hermano Tony 11. Quizás, si no fue el primero, siempre fue uno de los primeros, como trabajador, como revolucionario, y especialmente nos amaba. Era un hombre de carácter fuerte, aparentemente, pero muy noble y cariñoso con nosotros; era el papá con el que tú podías sostener cualquier tipo de conversación y estaba en todo momento presto a escuchar.

"Con mi hermano compartió mucho. Él se acostumbró a llevarlo a los trabajos voluntarios, a los juegos de pelota de la fábrica, a las actividades de la milicia. Iba con él a todo.

"El último momento que disfrutamos juntos fue en mi primera etapa de escuela al campo, cuando yo empecé el séptimo grado; nunca antes me había separado de la casa.

"Mi mamá me contó que el último domingo que fue a verme, en la madrugada de ese día sufrió una crisis muy fuerte, pensaban que no la iba a rebasar. Mi mamá le pidió no ir a verme, por su bien, porque se encontraba muy delicado, pero él se negó y dijo que iría. Ese domingo nos tiramos una foto y hoy cuando la veo me doy cuenta del gran espíritu de mi padre, no se dejó vencer ni en el último minuto.

"Recuerdo que como yo era la mayor, siempre él le decía a Tony: ‘Oye, toma el ejemplo de tu hermana’, y en realidad yo considero que mi hermano ha sido, junto con mi padre, mi mayor ejemplo.

"Ahora, cuando tengo dificultad para resolver alguna tarea o por determinadas circunstancias me siento deprimida, pienso en ellos dos, en especial en mi hermano Tony, en su optimismo, su voluntad para vencer los obstáculos y el espíritu que muestra con amor y alegría para todos desde una cárcel, condenado de por vida injustamente. Eso te hace levantar fuerzas y seguir adelante y tratar de alguna manera de corresponderle con mi actitud, que es también continuar perpetuando la memoria de mi padre.

"Cuando alguien me pide que hable de mi hermano en esa etapa de nuestras vidas, yo digo que mi hermano se hizo hombre muy rápido y maduró antes de tiempo el día en que mi papá murió. Fue un golpe tremendamente duro para nosotros. Mi papá era una persona muy querida y con muchos deseos de vivir".

—¿Esa es una de las cualidades que han sustentado a Tony para sobrellevar la situación actual?

—Pienso que sí, que eso determinó mucho en la continuidad de su vida. Después de la muerte de mi padre, mi hermano decidió su camino, su carrera.

"Y si algo haría feliz a mi padre hoy, sería ver lo que ha significado para mi hermano la dedicación a la causa de la Revolución durante todos estos años".

—¿Cómo era un fin de semana en casa?

—Los domingos mi papá decía: "Vamos a dar una vuelta". ¿Una vuelta?, hasta el Latino no parábamos, más si había serie de pelota. En mi casa la pelota era casi lo primero, y después cualquier otra cosa. Era un impacto en nuestra cotidianidad, la pelota era parte inseparable de nuestras vidas.

"Cuando vivía mi padre, los cuatro éramos como uno solo. Crecimos en el seno de una familia muy bonita, revolucionaria, llena de amor y alegría, y pudimos disfrutar nuestra niñez. Vivíamos también con nuestros abuelos maternos, mi abuela fue muy importante para Tony y para mí.

"Aunque me salga de la pregunta que me hiciste, me gustaría que supieras que en particular Tony y yo fuimos muy apegados. Nos llevábamos dos años, pero solo teníamos uno de diferencia en la escuela. Siempre se nos veía a los dos junticos para el aula, fue una etapa inolvidable y esa empatía que hay entre nosotros es indescriptible.

"Yo nunca pude fajarme con él y si lo intentaba, fracasaba porque me convencía con una palabra bonita, una acción.

"Mi hermano y yo tuvimos una vida activa en las organizaciones estudiantiles, desde que empezamos la escuela fuimos dirigentes de los pioneros, la FEEM y la UJC.

—¿Cuál sería tu mayor suerte?

—Que mi hermano regrese. De verdad que pienso a cada minuto en que ese momento llegue y ardo en deseos de que sea lo antes posible, aunque existe la fuerza y la disposición de esperar el tiempo que sea necesario. Yo he dicho que me puedo morir al otro día de que mi hermano esté aquí, después de verlo entre nosotros de nuevo. ¡Qué hermoso si mi padre hubiese podido estar aquí!

"Tengo una gran necesidad de que Tony vuelva, que vengan los Cinco. Que no es fácil, lo sabemos, pero yo pienso que no durará tanto la injusticia, ni la maldad. Además, confío en lo que ha expresado mi hermano en sus versos: ‘Regresaré y le diré a la vida/ he vuelto para ser tu confidente/ de norte a sur le entregaré a la gente la parte del amor en mí escondida’".

 

 

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