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22 de Junio de 2001

CONSPIRACION EN MIAMI (2)
Un gigantesco aparato de complicidades y de corrupción

POR JEAN-GUY ALLARD —especial para Granma internacional

Que cinco cubanos hayan realizado en Miami, al riesgo de su vida, un trabajo heroico para contrarrestar planes criminales de terroristas..., aunque éstos sean fichados como tal en los propios archivos del estado norteamericano, no interesaba en nada a la jueza Joan Lenard. Lo que le importaba era cumplir con las orientaciones de un aparato judicial al servicio de la camarilla anticubana.


Basulto y el fiscal
general de la Florida,
Guy Lewis, se abrazan
al término del
amañado juicio.

 

A todo lo largo del juicio de los Cinco patriotas, siempre trató de mantener la orientación del proceso hacia las "pruebas" cínicamente fabricadas por el agente "especial" Héctor Pesquera, del FBI, con el sólo propósito de justificar un "escándalo de espías" que pudiera calmar el chantaje electoral de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA).

Con tanto celo como la propia Fiscalía, la Jueza se mantuvo buscando con avidez las "pruebas" de que uno de los acusados estuviese vinculado al derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate, ocurrido el 24 de febrero de 1996, y la búsqueda de información secreta de carácter militar supuestamente llevada a cabo por unos de los acusados.

Sobre el primer tema, la Fiscalía, a propuesta de Héctor Pesquera, se apoyó fundamentalmente en las alegaciones de José Basulto, jefe de Hermanos al Rescate.

Sobra conocer el pasado terrorista de este personaje para valorar las "pruebas" presentadas.

Basulto emigró a los EE.UU. inmediatamente después del derrocamiento del dictador mafioso Fulgencio Batista y del triunfo de la Revolución Cubana. En Miami, se juntó a la Brigada 2506, organizada por la CIA para una invasión a Cuba con su amigo Félix Rodríguez —terrorista del cual ya hemos hablado. Ambos fueron infiltrados en Cuba antes de la fracasada operación.

De regreso a Miami, Basulto y su amigo se integran a otras operaciones de carácter violento destinadas a derrocar a la Revolución Cubana.

El 24 de agosto de 1962, Basulto manejaba un cañón de 22mm a bordo de un barco que se acercó a 200 metros de la costa del barrio habanero de Miramar, frente a un hotel supuestamente frecuentado por Fidel Castro.

A las 11:30, Basulto abrió fuego alcanzando un edificio y sembrando el terror entre los huéspedes de la instalación (Fidel no se encontraba en el lugar).

El 20 de mayo de 1963, Basulto y otros 50 veteranos de Bahía de Cochinos se sumaron a la operación 40 de la CIA, luego recibió entrenamiento en Fort Bragg, Carolina del Norte, y Fort Benning, Georgia.

Colaboró con el régimen militar fascista de Argentina —que se hizo "famoso" con la eliminación de más de 30 000 opositores— y financió varias de sus operaciones mediante su actividad con narcotraficantes. Lo que por supuesto parece "ignorar" Héctor Pesquera.

El propio Basulto confesó sus aventuras terroristas en una entrevista con el Washington Post, publicada el 20 de mayo de 1997, en la cual proclamaba abiertamente su aceptación de que se pueda atentar contra la vida de Fidel Castro.

En el curso del juicio, oficiales de la FAA (Federal Aviation Agency) confirmaron que SIETE veces habían hecho advertencias a Basulto y a su organización acerca del grave peligro que representaban los vuelos que organizaba sobre La Habana. La FAA, lamentablemente, le quitó su licencia comercial al piloto sólo DESPUES del grave incidente.

También fue revelador el testimonio de Arnaldo Iglesias, socio de Basulto, quien lo acompañaba en su avioneta en el momento del dramático evento. El confesó que en 1995 había experimentado, con Basulto, bombas artesanales hechas de tubos de PVC rellenados de cartuchos, lanzándolas desde sus aeronaves en la zona del aeropuerto de Opa-locka.

También admitió que Hermanos al Rescate había publicado, en alguna oportunidad, un documento anunciando que la organización iba a provocar "confrontaciones con el Gobierno de Cuba".

Iglesias se apresuró en afirmar que, a pesar de todo lo admitido, Hermanos al Rescate era una organización "pacífica".

Todo el tema de la "complicidad" de un "agente cubano" en el derribo de las avionetas de Basulto fue presentado como si el incidente no hubiera sido anticipado, como lo fue, y desde bastante tiempo. Por otro lado, a las autoridades cubanas de ninguna forma les hacía falta un informador en Miami cuando estos vuelos eran registrados a la vez por los radares cubanos y... del propio centro de control de Miami.

Liquidadas las alegaciones de "espionaje"

Sobre el propio tema del espionaje, es decir, del acceso a secretos militares, las alegaciones de la Fiscalía fueron totalmente liquidadas. Ninguna prueba o testimonio demostró que los Cinco hubiesen obtenido o buscado informaciones para perjudicar a los EE.UU.

Lo interesante es ver cómo al momento del arresto de los "sospechosos", ya se estaba empezando una violenta campaña de desinformación, preparando al público, y desde luego potenciales jurados" a un juicio donde los acusados serían condenados por antelación.

Sobra referirse a un artículo del Washington Post, publicado el 15 de septiembre de 1998. El autor, Sue Ann Presley, ya pinta el caso con los colores de una tragedia nacional. El arresto, escribió, "puso fin al más extenso esfuerzo de espionaje implicando agentes cubanos aquí". Una información absurda: el caso fue el PRIMERO y UNICO de toda la historia de las difíciles relaciones Cuba-EE.UU. en los 39 años anteriores.

Según la periodista, el fiscal federal Thomas E. Scott declaró, al revelar el caso, que los individuos arrestados pretendían "golpear en el mismo corazón de nuestro sistema nacional de seguridad".

Lo revelado en el propio juicio iba a trazar un retrato que ni de lejos se parece a esta declaración profundamente engañosa.

DE MENTIRAS EN MENTIRAS

Por otro lado, el artículo afirma que el objetivo del "grupo de agentes clandestinos" era, "entre otras cosas", infiltrar varias "organizaciones antiCastro", entre ellas Hermanos al Rescate. Pero añadía el autor: "Los oficiales NO han vinculado las acusaciones de espionaje al incidente de febrero de 1996, en el cual dos avionetas pertenecientes a Hermanos al Rescate fueron derribadas".

Por otro lado, cuenta el artículo desinformador, los intentos de espiar las instalaciones militares "fueron descritos como particularmente serios", añadiendo: "Para decir poco... la operación era sofisticada".

Lo más extraño es que el mismo día, en el Miami Herald, bajo la firma de Manny García, Carol Rosenberg y Cynthia Corzo, surgía otro artículo que contradecía el del Post. Según el reporte, citando a las autoridades federales, los individuos arrestados "no robaron secretos".

Un vocero del Pentágono, Ken Bacon, declaró a los reporteros del Herald: "Uno de ellos trabajaba en una base militar, de manera evidente. Pero no hay ninguna indicación de que tuvieron acceso a información clasificada o a áreas sensibles".

Más interesante aún, un portavoz del FBI en Miami, Mike Fábregas, aparentemente mal orientado por su jefe Pesquera, declaró al Herald: "No tuvieron éxito alguno". Al mismo instante, en Washington, otro vocero describió el grupo como "extremadamente sofisticado", dándole un rango de 8,5 en una escala de 10.

El juicio de los Cinco, ocurrido dos años y medio más tarde, iba a ridiculizar las afirmaciones de la Fiscalía.

Bastante divertido fue darse cuenta de la presencia, entre las "pruebas" enseñadas, de una caja de cartón de color azul con la inscripción War Planes (Aviones de Guerra), que contenía decenas de tarjetas, a todo color, de aviones militares... acompañadas de un recibo de 6,88... de una tienda conocida, donde la colección se vende libremente, como juego, al público de los coleccionistas.

La "peligrosidad" de los "espías" tampoco fue demostrada por testigos.

¡Bien al contrario! Varios oficiales de alto rango militar negaron que los Cinco hubiesen realizado espionaje: el general Clapper, ex jefe de la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa; el general Charles Wilhelm, ex comandante en jefe del Comando Sur; el general Edward Atkeson, ex vicejefe del Estado Mayor del Ejército para Inteligencia; el almirante Eugene Carroll, ex vicejefe de Operaciones Navales, y el coronel George Buckner, ex oficial del Comando del Sistema de Defensa Aérea de Norteamérica, todos rindieron testimonios descartando la posibilidad de que los Cinco se hayan acercado, ni de lejos, a informaciones de algún valor estratégico.

El general Carroll, experto conocido en materia de capacidad militar de Cuba, llegó hasta afirmar que mucho más información que todo lo mencionado por la Fiscalía puede ser adquirida por la simple lectura de revistas especializadas tales como Jane's Defense Weekly.

DE ANOMALIAS EN ANOMALIAS

Pero lo más absurdo es que 240 sobres sellados, que contenían supuestas "pruebas", siguen —¡meses después del final del juicio!— fuera del acceso de la defensa, como lo fueron DURANTE el propio proceso judicial, sobre la base de las exigencias de la Ley de la información clasificada.

Peor aún, el propio proceso de apelación ante el Tribunal de Atlanta está obstaculizado, en este momento, por el uso sumamente abusivo de la ley federal para impedir el uso de las pruebas..., una situación que viola, cínica e intencionalmente, los derechos más elementales de los Cinco patriotas.

Al terminarse el juicio, de manera no sólo inusual, sino igualmente sospechosa, el jurado anunció el día y la hora exactos en que iba a pronunciar su veredicto.

Al contrario de lo que normalmente ocurre, no solicitó ninguna aclaración, no expresó ninguna duda a pesar de la inmensa complejidad de la causa, de los cinco meses de duración del proceso, de una documentación de decenas de miles de páginas y de las decenas de cargos en contra de los cinco acusados.

Y emitió un veredicto de culpabilidad para los cinco acusados en TODOS los cargos imputados, sin ninguna excepción.

La jueza Lenard prosiguió en el mismo sentido, correspondiendo a un misterioso guión.

No aceptó NINGUNA de las atenuantes sugeridas por los funcionarios probatorios y acogió las agravantes solicitadas por la Fiscalía.

El carácter vengativo e irracionalmente desmesurado de las sentencias es evidente: Gerardo fue condenado a dos cadenas perpetuas más 15 años, Ramón a una cadena perpetua más 18 años, Antonio a una cadena perpetua más 10 años, Fernando a 19 años y René a 15.

Es particularmente absurda y totalmente ajena a cualquier jurisprudencia, la condena de Gerardo Hernández por asesinato premeditado sin haberse presentado en su contra pruebas o testigos, ni siquiera pruebas circunstanciales, que lo vincularan personalmente con el supuesto crimen.

El conjunto del proceso ha constituido un claro respaldo a los grupos terroristas anticubanos que operan en Miami y a la camarilla mafiosa que atenta legitimar sus actividades.

En junio, después del veredicto de la jueza Lenard, Héctor Pesquera, en conferencia de prensa, hizo una teatral declaración dirigiéndose a las autoridades cubanas: "Mandar a sus agentes a los Estados Unidos para realizar operaciones de inteligencia contra los ciudadanos de este país no será tolerado".

Pero en respuesta a una pregunta de un periodista, se negó a indicar si perseguiría a los autores de los atentados de La Habana con el mismo rigor.

Meses más tarde, la revista New Times pregunta a Pesquera y al fiscal Guy Lewis si consideran que los atentados de La Habana son actos de terrorismo.

Ambos se niegan a contestar.

Los cabecillas terroristas han celebrado públicamente la condena de los Cinco patriotas; la FNCA hizo hasta un acto para felicitar al FBI por su "labor" en contra de los Cinco. En este evento aparecieron, además del Special Agent in Charge Pesquera, el entonces jefe de la policía de Miami, Raúl Martínez, y Joe García, director de la FNCA.

Cuando surge el incidente de Puerto Rico, en agosto de 1997, suenan sospechosos los comentarios "espontáneos" de Pesquera. Plantea que "puede ocurrir que haya implicaciones de política exterior" y que entonces... "no descarta nada"...

En septiembre de 1998, ocurre lo mismo en las horas que siguen al arresto de la "red de espías".

Y esta vez, desde mucho más alto en el aparato gubernamental.

James P. Rubin, vocero nada menos que del Departamento de Estado, en un comentario sobre el asunto, se siente obligado a denegar alegaciones según las cuales la operación fue realizada con el único propósito de satisfacer a los cubano-americanos después del incidente de Puerto Rico.

"No hay base para tal alegación", declaró.

Una vez completado el juicio y dadas las sentencias, queda bien claro que, tanto las "implicaciones políticas" sospechadas por Pesquera como las alegaciones "desmentidas" por Rubin son las puntas de un gigantesco iceberg de complicidades y de corrupción.

Y el agente "especial" Pesquera sólo constituye una cara visible de una peligrosísima conspiración.

 

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