¡Orgullo patrio y emociones!

Alfonso Nacianceno, enviado especial

LONDRES.—El orgullo patrio desata las emociones. Cada cual expresándolas fiel a sus sentimientos, costumbres, religión y cultura. Ese sello indeleble le aporta a estos Juegos Olímpicos la diversidad de nuestro mundo que, debatido entre la guerra y la paz, debiera perpetuar este ambiente fraternal multicolor.

El polaco Janikowski celebró de manera sui generis con su entrenador. FOTO: RICARDO LÓPEZ HEVIA, ENVIADO ESPECIALEl polaco Janikowski celebró de manera sui generis con su entrenador. FOTO: RICARDO LÓPEZ HEVIA, ENVIADO ESPECIAL

Desde el admirable gesto de cubrirse con la bandera y darle la vuelta al óvalo; o apuntar hacia el récord iluminado en la pizarra como lo hace Bolt (fotografía muchas veces publicada en la prensa); o salir corriendo del colchón tras ganar una medalla y cargar al tan querido entrenador que le ayudó a elevarse hasta el Olimpo, son maneras de liberar las emociones contenidas durante los momentos de rivalidad sobre la arena. Esas explotan y claman por aire una vez concluida la contienda.

Algunos han estampado su propia firma a la hora de celebrar los triunfos. Los fans egipcios tomaron por asalto la zona mixta donde los periodistas tienen la única oportunidad de entrevistar a los campeones y —con un impulsivo coro mezcla de emoción y alegría— “secuestraron” sobre sus hombros a su luchador Gaber Ebrahim (plata en la greco 84 kg), de inmediato rodeado por una tonelada de besos, abrazos, aplausos… y fotos. Él, en su euforia, se dejó llevar por tan entusiasta marea humana.

El también grequista polaco Damian Janikowski (bronce) disfrutó de forma sui generis, como si hubiera ganado el oro: levantó a su mentor del colchón y lo proyectó sobre su cabeza. Ambos cayeron abrazados, en fiesta compartida por otros miembros del equipo.

Y ¡qué decirles de esa imagen de Mijaín cual remake de Beijing 2008, alzando los brazos en V en el centro del tapiz, seguida por una vuelta en círculo con nuestra Bandera amparando su cuerpo!

Es así. Cada cual a su aire, todos jubilosos por la labor cumplida.

7 de agosto de 2012

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