27 de marzo de 2009

La pelota nos invita a pensar en ella

OSCAR SÁNCHEZ
oscar.ss@granma.cip.cu

Foto: Ricardo López HeviaUn análisis de nuestro béisbol tras el II Clásico Mundial, pasa, primero, por desterrar todo sentimiento derrotista y cualquier atisbo de crisis ante el revés, solo así podríamos alcanzar la objetividad imprescindible en los necesarios debates que han de producirse entre los que tienen la importantísima misión de velar por el desarrollo de este deporte, que para nuestro país, no es uno más.

Subrayamos importantísima misión, porque la pelota, como la llamamos en buen cubano, es más que un juego, es identidad nacional, es como el café, el son, el tabaco y la caña, nos distingue en el mundo, forma parte de nuestra cultura, expresa valores sociales, dispara los estados de ánimo, lo mismo hacia arriba que hacia abajo.

Son estas las razones por las que el enemigo no ceja en el empeño por debilitarla. Fue ella la que marcó, en 1962, el fin del deporte profesional en Cuba, cuando triunfó la pelota libre sobre la pelota esclava; y sabe que si la flagela, si consigue las deserciones que a diario persigue dentro y fuera del país, le hace daño a una de las grandes conquistas de la Revolución y a su pueblo.

Foto: Ricardo López HeviaNo por gusto buena parte de lo que se lee hoy en Internet, a propósito de la eliminación de Cuba en la segunda fase del Clásico Mundial, es el regocijo de quienes llevan años de deseos frustrados porque no han podido ver caer esta obra social, que no tiene parangón en la historia.

Tan importante es la misión de los que tienen que ver con el desarrollo de la pelota.

Por eso esta convocatoria al análisis obligatoriamente se tiene que iniciar por lo que hacemos diariamente.

Habría que decir que Cuba tiene el potencial para vencer en el Clásico y en cualquier otro torneo, eso es una realidad. Cuenta con el universo humano y con una fuerza científica capaz de lograrlo. Qué nos falta, trabajar duro, como expresó Raúl el 24 de febrero del 2008, de forma organizada y sistemática, renovándose constantemente, comprendiendo lo que significa que millones de compatriotas tienen en un triunfo o simplemente en un jit un increíble momento de realización, de orgullo.

Si vamos al Clásico para saber lo que nos faltó, los árboles no nos dejarían ver el bosque. Revi-semos entonces desde las categorías inferiores (su preparación técnica, táctica, teórica, física y psicológica), hasta la Serie Nacional, pasando por la estructura de esta, y por las condiciones en que desarrollamos la pelota en todos los niveles para buscar la profundidad en el análisis.

ESTAS SON SOLO ALGUNAS IDEAS

No pudiera un artículo periodístico cubrir todas las aristas beisboleras, por eso invitamos a pensar en algunas ideas.

Cómo alcanzar un certero pitcheo internacionalmente (entiéndase control de los lanzadores, en la mayoría de los casos por debajo de los bateadores), si a la mitad de nuestro torneo (45 desafíos), el promedio de bases por bolas rebasaba las ocho por encuentro, exactamente 8,40. Si vimos a nuestros bateadores tirarle mal o desesperados a no pocos envíos, es porque en casa también lo hacemos. Si no encontramos variantes dentro del juego para producir, es porque no la ponemos en práctica durante 90 choques que tiene el campeonato nacional.

Podemos llegar con una buena preparación, es el caso de este Clásico, pero arribamos sin oficio, pues muchas veces en la propia Serie Nacional no es necesario utilizar las mencionadas variantes ante la disparidad de calidades de los equipos.

Mucho se habla de elevar el techo de la pelota cubana de cara al nivel que enfrentamos hoy, pero subirlo no ha de traducirse en el trillado camino del sur al norte, de la migración deportiva, sino en contar con un certamen a domicilio que se precie por su fortaleza, fíjense si es así, que cada vez que queremos demostrar la valía de un jugador, invocamos el torneo donde juega, bien en las Grandes Ligas de Estados Unidos o en las de Japón, las otras (México, Venezuela, República Domini-cana, Puerto Rico y hasta en el propio territorio norteamericano), llevan el dejo de "... son consideradas doble A o triple A".

Ese techo lo podemos poner tan alto como seamos capaces noso-tros mismos. ¿Son 16 la cantidad de equipos que podemos tener en un primer nivel de béisbol en un país de apenas 11 millones de habitantes? Los sudcoreanos cuentan con una lid de ocho escuadras y son 49 millones, los japoneses tienen 12 y son 120 millones, y Estados Unidos, 28, con 300 millones. En las tres se juegan más de 110 encuentros. Proporción a un lado, si dividimos los 16 elencos en dos, ocho en una primera división e igual en una segunda, donde los dos últimos bajen y los dos primeros suban, como ya lo tuvimos, estaríamos poniendo un techo o una varilla a pasar, porque a nadie le gusta ser de segunda categoría, y menos en la pelota.

Pero, además, concentraríamos la calidad, sin reducir la cantidad de choques, los juegos tendrían más rigor, habría que superarse, cada día, crear en el partido, pues el contrario sería siempre más exigente, con lo cual le daríamos "altura a la azotea" y brindaríamos un mejor espectáculo, que sí es proporcional a la calidad del juego.

NIÑOS Y JÓVENES, PIEDRA ANGULAR

Lo que dejemos de hacer en las edades tempranas, lo que no enseñemos o violemos, el tiempo se encarga de ajustarle las cuentas. No pocos de nuestros peloteros llegan a la Serie Nacional con carencias técnicas muy difíciles de corregir. Las lagunas tácticas son también visibles, incluso, hasta en el orden teórico, si no cómo explicar la cantidad de movimientos ilegales que le decretaron a nuestros lanzadores en el Clásico.

Es decisivo que las autoridades deportivas corran con lo que se necesita en esas categorías (uniformes, implementos, instalación) para evitar malformaciones en el desenvolvimiento de esos muchachos. Hay padres que participan más, de buena fe incluso, para el colectivo, por ejemplo, ayudando al corte del césped del campo o colaborando con algunos implementos, porque tienen más recursos, y entonces el hijo es titular en el equipo, hay que ponerlo, porque como decimos en el argot, es el dueño del bate y de la pelota. ¿Cuánto daña a un niño verse excluido por esta o cualquier otra razón?

Hay que jugar más en las edades juveniles, tenemos un campeonato en esa categoría muy corto, y a nuestro juicio poco estimulado, expresión de lo cual son la baja calidad del vestuario, de terrenos y otros aseguramientos.

En esta clasificación es aún más importante y decisiva la figura del entrenador, no solo para enseñar los fundamentos del juego, sino también como educador. Aquí se adquieren los rasgos volitivos, si el preparador no lo consigue, por mucho talento que tenga el atleta, no los alcanzará después en una categoría superior, entiéndase equipo nacional. En ese sentido también hay deudas.

Y DE LA EXPERIENCIA DEL CLÁSICO

Dos puntualizaciones. Es un torneo de mucho nivel, como la Copa del Mundo de fútbol. Cuando un certamen como este pasa de las preliminares, los partidos enfrentan a contrincantes de elevada calidad, con las mismas opciones de triunfo, solo que en caso de derrota, hay que caer con el mejor juego, no mostrándose inferior.

Y segundo, somos de la opinión de que a Japón o Sudcorea no se le puede ganar a batazos, hay que jugar más parecido a ellos, como dijera Rollins, el tercer bate de Estados Unidos, que salió de 4-4 en la derrota de su equipo el pasado domingo ante la plantilla nipona: "Juegan muy seguro, a ellos no les preocupa sacar la bola del parque, sino anotar". Nosotros tenemos un ejemplo en Cuba, el equipo Villa Clara en los últimos siete años es el que más juegos ha ganado y coincidentemente a falta de fuerza, es el que más parecido juega a los asiáticos.

Los especialistas y sobre todo nuestro pueblo, tendrán más y enriquecedoras opiniones. Nutrirnos de ellas y, hablando en términos beisboleros, coger bien las señas que nos han dado las reflexiones del compañero fidel, nos permitirá cambiar lo que tenga que ser cambiado para retomar el camino de los campeones.


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