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Antes de la arrancada

sábado 23 de agosto del 2008

Ryu Hyunjin, el nombre de la derrota cubana en béisbol

Oscar Sánchez

Ni el fly que picó entre Paret, Yulieski y Giorvis Duvergel en el primer capítulo, tras el cual vino el jonrón de dos carreras, ni la posibilidad de sustituir a Yulieski en el noveno, con bases llenas frente a un relevista derecho, totalmente lateral y casi submarino, por un bateador zurdo (lo que no se niega, se podía hacer), fueron las causas de la derrota cubana en la final del béisbol de los Juegos Olímpicos de Beijing ante Sudcorea en cerrado, tenso y buen juego de pelota que finalizó con marcador de 3-2.

Fue el zurdo Ryu Hyunjin y no otro el causante de la derrota cubana. El lanzador abridor y ganador del partido fue indescifrable para la artillería de la Mayor de las Antillas, que solo pudo pegarle cinco jits, dos de ellos los jonrones que le dieron las carreras a los caribeños, salidos de los bates de Michel Enriquez, en el primer capítulo, respondiendo a las anotaciones rivales, y luego en el séptimo cuando los sudcoreanos volvieron a fabricar, llegó el segundo bambinazo, esta vez por la fuerza de Alexei Bell.

Solo eso permitió Hyunjin, que realizó un pitcheo muy inteligente, gracias a su principal virtud, el dominio de la zona de strike en las esquina y a un lanzamiento que se le movía veloz a los derechos hacia fuera. Ese envío parecía una curva de un derecho.

Hyunjin caminó toda la ruta con una envidiable economía de lanzamientos, lo que le permitió siempre estar en plenitud de forma en el orden físico. Tácticamente lo hizo todo bien, cuando le ponía a su lanzamiento, la bola le caminaba, pero más que la velocidad, era el momento en que la usaba, pues la supo combinar efectivamente ante bateadores de mucha fuerza, quienes pese a tener un solo lanzador delante durante casi la totalidad del choque siempre estuvieron viendo un pitcheo diferente con diversidad de propuestas. Y no se trató de un serpentinero que uso un amplio repertorio, sino de un hombre que uso en distintos momentos, en los que le convenía, el tipo de lanzamiento que le hacía daño a sus adversarios.

A los cubanos nos duele la derrota, sí. No lo podemos negar, el béisbol representa mucho para nosotros, pero sería de una ceguera estéril buscar las causas en las virtudes que no salieron a relucir, entre otras cosas porque el equipo, como ya dijimos, respondió ante cada entrada en que el oponente marcó en la pizarra; salió a combatir con clase e hidalguía en ese noveno episodio, pero no el alcanzó.

Es cierto que con las bases llenas y a falta de dos outs, ya con un derecho en la lomita asiática y dos zurdos de fuerza en la banca, la dirección pudo optar por uno de ellos en busca de una conexión a los jardines para empatar el duelo. Incluso, muchos desde nuestras sempiternas posiciones de "manager", hubiéramos mandado a Malleta o Urgelles por Yulieski, con el objetivo de seguir buscando el juego, es decir que se viera que agotábamos todas las posibilidades en aras del objetivo final.

Ahora una cosa es que debió hacerse y otra que perdimos por esa razón. Entraría en el campo de la subjetividad qué hubiera hecho uno o el otro, nadie sabe lo que pasaría, como tampoco lo sabíamos con Yulieski. Las conclusiones no se pueden sacar por el dobleplay que selló la victoria sudcoreana, porque lo único que sí sabíamos era lo ocurrido durante todo el partido, el dominio de Hyunjin que no nos permitió nunca estar delante en el marcador.

Estrategias o tácticas a un lado soy de los que piensa que tenemos que revisar todos nuestros diseños de preparación, desde la calidad de nuestras Serie Nacionales, sin la que es imposible comenzar a mirar un buen resultado internacional, hasta la selección y entrenamiento de la escuadra principal. El equipo llegó con deudas en distintos aspectos a la competencia cumbre, pero insistimos, si no somos capaces de reconocer las virtudes de los adversarios, entonces jamás podremos conocer su punto débil ni superarnos a nosotros mismos. Hoy no perdimos, nos ganó Ryu Hyunjin y Sudorea.

 

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