Mella, un joven cubano donde mirarnos todos

Julio Martínez Molina

Poseía el magnetismo de un gran personaje literario; e igual de subyugante y magno fue en lo histórico.

Cualidades singulares (hidalguía, temperamento, arrojo) se aunaban a talante enérgico y el ademán gallardo de sus seis pies, un liderazgo a flor de piel, sapiencia y la firme convicción de que Cuba, "un pueblo que jamás ha sido libre" —según escribió en recordado texto—, debía ser liberado de la coyunda neocolonial.

Sin soslayar ningún movimiento o personalidades intermedias, Mella constituye una de las bisagras esenciales entre esa juventud bravía de los héroes del siglo XIX como Martí, iniciadora de las luchas por nuestra independencia, y aquella otra, decisiva, de la Gene-ración del Centenario, continuadora del combate en la Sierra hasta la victoria del Primero de Enero de 1959.

Julio Antonio está ahí, como faro gigante y parteaguas entre dos escenarios distintos de la historia, pero interconectados por los mismos objetivos, semejantes ansias de soberanía e idéntica vocación antimperialista. "El ideal de Bolívar debe ser nuestra aspiración, el de Monroe es nuestra muerte", escribiría.

El líder estudiantil, espejo de conciencia donde mirarnos todos los cubanos cuando queramos comprobar, una vez más, la grandeza de nuestra historia, era a la vez hombre de pensamiento y acción, como Fidel y buena parte de los héroes latinoamericanos.

Luminoso en sus ideas, el hijo del dominicano Nicanor y la irlandesa Cecilia irrumpió tronante, a la manera de un torbellino, en la Universidad de La Habana. Hace nacer la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), lidera el Proceso de Reforma Universitaria y el Primer Congreso Nacional Revolucionario de Estudiantes, funda Juventud y Alma Mater, concibe la Universidad Popular José Martí ("la hija querida de sus sueños"). Es elemento básico en la creación de la Liga Antimperialista de las Américas y del primer Partido Comunista de Cuba, junto a Carlos Baliño.

Expulsado de la casa de altos estudios y preso por su conducta revolucionaria, resaltó tanto ante la opinión pública su huelga de hambre de 16 días, que obliga al tirano Gerardo Machado a liberarlo; aunque le imponen el exilio.

En México prosiguió su actividad patriótica. Articula allí la Asociación de Nuevos Emigrados Cubanos, ingresa en el Partido Comunista de esa nación y colabora con varios órganos periodísticos, entre ellos, El Machete, donde participaría del proceso editorial junto a Tina Modotti.

Con esta fotógrafa italiana (gestora de la iconografía gráfica perpetuada de Julio Antonio), él entretejió una de las más bellas páginas románticas de la historia y el imaginario latinoamericanos. Ella lo vio caer asesinado, el 10 de enero de 1929, en las calles de la capital mexicana, con solo 25 años de edad.

"No fue Mella una víctima aislada de la furia asesina del perverso Machado, como algunos, particularmente interesados, intentan establecer oscureciéndose de esta suerte la verdadera significación histórica del hecho y sus implicaciones políticas y sociales. Julio Antonio Mella —quede ya definitivamente aclarado— cayó en una miserable emboscada del imperialismo yanqui. Aquel 10 de enero de 1929 señala el eclipse biológico de una de las vidas más fecundas, atorbellinadas y generosas que registra, con caracteres de hierro, la lucha revolucionaria contra el imperialismo y la reacción nacional. Al paralizarse para siempre en aquel cuerpo joven y atlético la circulación de la sangre y dejar de funcionar aquel cerebro clarísimo, se inició para Mella una nueva vida a través de su recuerdo y de su ejemplo. Como todos los revolucionarios caídos en su puesto de combate, Mella devino símbolo. Por eso, sigue siendo útil después de muerto, como él mismo pidiera. Por eso, su nombre es hoy para nosotros bandera que agitamos en las calles contra la burguesía y el imperialismo y llevamos clavada en el pecho. No hay, en rigor, premio más alto para el revolucionario desaparecido, que este de seguir sirviendo a la causa desde la tumba", sentenció —con luz larga— Raúl Roa, en una edición de Bohemia de 1933.

 

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