Camboya pasa la página, pero no olvida

Este mes se cumplen 35 años de la derrota del régimen de los Khmer Rojos, autores de una de las mayores masacres sufridas por la humanidad

Claudia Fonseca Sosa

Camboya, entre los países de menor desarrollo en Asia, recordó este 7 de enero la que se considera una de las páginas más gloriosas de su historia. Un día como ese, pero hace ya 35 años, los combatientes camboyanos junto al ejército de Vietnam derrotaron al régimen de los Khmer Rojos, culpable por la muerte de casi dos millones de personas en solo cinco años.

FOTO: Marta Rojas
Osario de víctimas de los Khmer Rojos desenterradas en localidades cercanas a Phnom Penh, la capital.

Ante las tremendas masacres y en respuesta al llamamiento del pueblo camboyano, Vietnam se unió al país vecino en un gesto solidario que ha marcado para siempre las relaciones bilaterales y la historia compartida entre ambas naciones.

El régimen expiró en abril de 1979. Los Khmer Rojos se replegaron en áreas boscosas y continuaron allí una guerra civil hasta la muerte de su líder Saloth Sar, más conocido como Pol Pot, en 1998.

Para la humanidad los Khmer Rojos protagonizaron una de las mayores masacres cometidas en nombre de las ideologías políticas, que aún pesa sobre la sociedad y la economía de la pequeña nación ubicada en las márgenes del río Mekong.

Aproximadamente un cuarto de la población camboyana perdió la vida entre 1975 y 1979. Según las cifras expuestas por el historiador estadounidense David Chandler, un millón 500 mil personas murieron por trabajos forzados, malnutrición y enfermedades mal atendidas. Más de 200 mil fueron ejecutadas sin juicio, tildados de su-puestos enemigos.

Sin embargo, Pol Pot aseguraba que tenía "la conciencia tranquila", como dijo a la prensa poco antes de su deceso. Su segundo, Khieu Samphan, admitió que se llevaron a cabo asesinatos masivos y añadió que gran parte de lo que ocurrió en Camboya en esos años fue un resultado directo de la Guerra Fría.

Durante mucho tiempo, la comunidad internacional presionó al reino camboyano para que llevara ante un tribunal auspiciado por la ONU a muchos de los cabecillas del régimen que gozaban de una impunidad que no merecían.

Kaing Guek Eav o "camarada Duch" fue el primero de un reducido grupo de cinco exjefes Khmer que enfrentó cargos de crímenes de lesa humanidad por su participación en el asesinato de unas 14 000 personas en el centro de torturas de Tuol Sleng o S-21, que estaba a su cargo. Otros genocidas todavía no han sido procesados, mientras miles de cuerpos permanecen desaparecidos en la geografía de la nación asiática.

Pol Pot gobernaba desde la sombras y pocas veces se le veía en público, pero su locura convirtió a Camboya en un país de ciudades fantasmas. Muchos historiadores lo han asociado con Adolfo Hitler, pues promovió una limpieza al estilo del jefe nazi alemán, en su caso "ideológica", no racial. Los Khmer Rojos odiaban cualquier pensamiento o acción que pudiera parecerles contraria al suyo —incluido saber algún idioma extranjero— tener alguna habilidad artística, poseer estudios superiores o usar determinada prenda de vestir.

Todos los ciudadanos eran sometidos frecuentemente a "sesiones de reeducación", co-mo si fueran esclavos. Según los principios de Pol Pot, eranecesario aproximadamente un año para reeducar a una persona, de lo contrario había que desecharla. La limpieza intelectual que llevaron a cabo todavía hoy incide en la escasez de especialistas que existe en la nación, incluyendo maestros, médicos e ingenieros. Además, la mayoría de la población tiene algún tipo de secuela psicológica, que está siendo transmitida a las nuevas generaciones de forma inconsciente.

 

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