Las noticias sobre asesinatos con armas de fuego son
lamentablemente frecuentes en Estados Unidos. Y no hablamos solo de
peleas personales terminadas a punta de balas, sino de masacres en
lugares públicos.

Figuras
en honor a los niños muertos en la masacre de Sandy Hook, en
Newtown, hace un año.
Hace exactamente un
año Adam Lanza, tras matar a su madre, irrumpió en la escuela
primaria Sandy Hook, en Newtown, Connecticut, y ultimó a seis
adultos y 20 niños de entre 6 y 7 años de edad, antes de quitarse la
vida. Incluso en un país con un largo historial de tragedias de ese
tipo, aquel 14 de diciembre fue devastador.
Barack Obama aseguró que había sido el peor día de su
presidencia, y llamó a "realizar una acción significativa". Propuso
prohibir los rifles de asalto de tipo militar, verificar con mayor
severidad los antecedentes de quienes quisieran comprar un arma y
mejorar la seguridad en los centros educativos. Pero incluso esas
tímidas medidas fueron rechazadas por el Congreso.
Una reciente encuesta de AP concluyó que el 52% de los
estadounidenses quieren medidas más estrictas sobre las armas; el 31
% prefiere mantener el status quo; y un 15 % pide mayor flexibilidad
para comprar rifles y municiones. Según esos datos el apoyo al
control ha disminuido, pues en el periodo inmediatamente posterior a
los sucesos de Sandy Hook, cerca del 58 % quería leyes de armas más
severas.
Se calcula que en Estados Unidos hay alrededor de 300 millones de
armas de fuego en manos de civiles. La Segunda Enmienda de la
Constitución les da el derecho a adquirirlas legalmente, y para
ellos eso es parte de sus libertades personales.
Sin embargo, el problema de los asesinatos masivos no tiene una
explicación simple, pues no se trata solo del respeto a un derecho
constitucional, ni podríamos culpar exclusivamente a lobbies
como la Asociación Nacional del Rifle por impedir que en el Congreso
avancen medidas de control. Los estadounidenses tienen armas porque
quieren, porque se sienten protegidos con ellas, aunque cada vez que
ocurre una masacre son víctimas de sí mismos.
Las fracturas étnicas, las divisiones sociales en general, el
individualismo, el estrés permanente, fanatismos religiosos,
trastornos psicológicos, son algunas de las posibles causas. Por
otra parte, ¿cómo podría el gobierno de ese país luchar contra la
violencia doméstica mientras legitima la violencia como política
exterior?
De acuerdo con estimaciones del Fondo de Defensa de los Niños —un
centro de investigación estadounidense— 166 mil 500 infantes y
adolescentes han muerto por armas de fuego desde 1963, cifra
superior a la de soldados fallecidos en las guerras de Vietnam,
Afganistán e Irak (aproximadamente más de 50 mil).
Solo en el 2010 murieron 2 694 niños y adolescentes por esa
causa, lo cual equivale a uno cada tres horas y 15 minutos, siete
cada día, 51 por semana durante un año.
La matanza en Newtown ni siquiera es la peor en la historia de
Estados Unidos. En 1927, en la escuela primaria Bath, en Michigan,
un hombre causó la muerte de 44 personas, de ellos 38 menores, y
luego se suicidó. Este viernes, en vísperas del aniversario de Sandy
Hook, se vivió una nueva tragedia. Reporta AFP que al menos dos
personas resultaron heridas en un tiroteo en la escuela secundaria
de Centennial, Colorado. El agresor, presuntamente un estudiante, se
suicidó tras efectuar varios disparos.
Después de las tragedias siempre hay lamentos, promesas y
debates, pero pocas medidas concretas que ayuden a evitar la
próxima.
Masacre en la escuela primaria Bath, Michigan
18 de mayo de 1927
Autor: Andrew Kehoe, 55 años
Muertos: 45 (incluido el autor), 38 niños de primaria