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La hora de los repasos
Los repasos particulares son una actividad legal
desde hace casi tres años en el país, que exceptúa a los maestros en
activo. Sin embargo, las propuestas de repasos particulares de los
profesores en ejercicio con fines de lucro es un acto ilegal al cual
debe ponerse límites
Lissy Rodríguez
Guerrero
Suena el timbre y se siente el rechinar de las sillas. Salen
disparados de las aulas. Algunos aprovechan para destruir el aspecto
mantenido en la escuela, sacan sus camisas por fuera, suben las
sayas ...
Los
jóvenes que asisten a los repasos reflejaron un alto grado de
satisfacción con sus profesores.
Otros, quizás los más preocupados, corren hasta la casa para
cambiar su uniforme y alcanzar a tiempo el repaso; y están quienes
tienen que asistir con el atuendo escolar. Lo cierto es, que las 4 y
30 marca el inicio de una nueva jornada para aquellos ocupados en
sistematizar los conocimientos recibidos en la clase y alcanzar un
nivel superior de enseñanza. Llega la hora de los repasos.
Adrián Morejón solo está en séptimo grado, pero necesita
prepararse desde temprano para tener una base: "Aquí me rectifican
todas las dudas, me ayudan con lo que no entiendo. Es mejor siempre
estar preparado y sacar la máxima nota". Así piensan los niños y
jóvenes entrevistados que asisten a los repasos.
Antes y después...
Con el incremento de las actividades por cuenta propia, en
octubre del 2010, un grupo de personas pasó de ejercer como profesor
particular en "la clandestinidad" a poseer su licencia de repasador.
Anterior a ese momento estas figuras tenían diversas maneras de
practicarse: "Venían los vecinos con sus hijos que tenían dudas, eso
lo hice siempre desde que empecé a dar clases. Tenía un compromiso
social. Después la situación cambió y conllevó a que fungiera como
repasador", comenta uno de los entrevistados.
Eladio
Ruiz comenta que la preparación en la asignatura de Matemática es de
singular importancia.
La existencia de este maestro por cuenta propia se mantuvo por
muchos años de forma ilícita como consecuencia del debilitamiento de
la fuerza técnica en el sector educacional. Sin embargo llegó a
convertirse en una figura importante para aquellos jóvenes
preocupados por su preparación, y sobre todo para su familia: "Yo
asumí hace mucho tiempo que tengo que invertir en mi hijo, y por eso
estoy metida en esto de pagarle sus repasos porque cuando uno es más
joven no tiene experiencia", comenta Anet Nordet Barrera, madre de
un joven de octavo grado.
Actualmente, un total de 1 023 personas cuentan con su licencia
en todo el país, según informa Idalmis Álvarez Mendive, subdirectora
de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
En la revisión de la Gaceta Oficial de la República de Cuba del
26 de septiembre del 2013 comprobamos que la Dirección de Trabajo en
cada municipio es la encargada de autorizar este ejercicio, el cual
exceptúa a los profesores en activo para el otorgamiento de las
licencias.
Una mirada a la
práctica in
situ
El repasador tiene el deber de ejercitar a los estudiantes "en
las materias que se imparten en el sistema nacional de educación de
cualquier nivel y los prepara para el ingreso a cursos superiores",
según cita el documento oficial antes mencionado. Para comprobarlo,
y para conocer desde dentro su dinámica, visitamos los "Repasos de
Ángel", a donde llegamos por una sugerente promoción de una tarjeta
con ese título que invitaba: ¿Desea que su hijo sea universitario? Y
anunciaban unos precios en CUC que inquietaban
Asumimos la obviedad de la pregunta: ¿Cómo asegura que un
joven llegue a ser universitario?, ¿Cómo es el repaso de Ángel?:
Aunque médico de profesión, Ángel repasaba varias asignaturas porque
se sentía preparado, pero teniendo en cuenta las exigencias de la
educación decidió que cada asignatura tuviera su profesor: "Aquí se
preparan para pruebas de ingreso para el preuniversitario y la
universidad. Somos varios profesores, cada uno con su licencia".
"Nosotros le preguntamos qué carreras quieren coger, les
explicamos sus perfiles de trabajo. El repasador debe ser un ejemplo
de persona y profesor. Yo le digo que ellos no solo vienen a
repasar, sino a educar a esos niños en el sentido patriótico,
integral. Ellos no solo pueden venir a conocer de la materia, sino
cultura general".
Sobre los criterios de selección utilizados para llenar su
plantilla comenta: "Tuve varios candidatos en todas las asignaturas
que promoví. Muy importante fue la apariencia personal, el modo de
comportarse, la puntualidad en la entrevista, su buena educación y
preparación previa".
En entrevistas con varios de los alumnos comprobamos el grado de
satisfacción que tenían, así como el de sus padres: "Los profesores
tienen muy buena calidad, están preparados. Allí recibe el
conocimiento organizado, coherente", argumenta uno de ellos.
A las 4 y 30 llegamos a la casa de Eladio Ruiz Martelli, quien
trabajó durante 47 años en educación. Hoy es jubilado y repasa la
asignatura de Matemática a los alumnos de 12mo. grado. Allí se
respiraba olor a tiza y ambiente de aprendizaje. "Apoyar el trabajo
de la escuela y garantizar que el alumno complemente sus
conocimientos son las funciones del repasador. Hay algunos muy bien
preparados, pero otros no traen el mínimo de contenidos. Eso lleva a
un esfuerzo más grande por su parte".
Eladio explica las particularidades de su asignatura: "Hay
estudiantes a quienes no les gusta la asignatura y hay que
explicarles la importancia que tiene. El muchacho ve el examen como
una simple prueba de Matemática, y yo les explico que cuando él se
prepara es capaz de integrar una serie de contenidos, generalizar y
adquirir habilidades del pensamiento lógico".
En ambos lugares se comprobó la responsabilidad por parte de cada
maestro con la labor que desempeña. Las condiciones de sus locales
eran óptimas y los clientes entrevistados mostraron satisfacción con
el servicio recibido.
Y sin embargo...
En la pesquisa descubrimos que no solo estos maestros con
licencia ejercen la labor de repasador: "Los mismos profesores de la
universidad se dedican a dar clases particulares. Tuve un profesor
que sus clases eran pésimas y después en los repasos te quería
explicar todo lo que no te enseñaba en las clases", comenta Roxana.
Sobre los precios que debía pagar especifica: "Un profesor
cobraba diez dólares por el repaso, no le importaba si íbamos uno o
dos estudiantes. Otro cobraba 50 pesos por cada clase de dos horas".
La situación no es muy distinta para María del Carmen: "Durante
el curso te van "intimidando" porque "los repasos son necesarios",
"si no vas no apruebas", "en las clases no se da todo lo que se
examina", y así hacen que los alumnos se vuelvan ansiosos y
trasladen esta preocupación a los padres para sacar dinero de donde
no lo hay".
Sobre una de sus experiencias comenta: "... el precio ya estaba
previamente fijado claro, el mismo era abonado al finalizar cada
turno de repaso, siempre recordando que no puede ser el último".
Estas acciones revelan la ausencia de una ética profesional y la
pérdida de la función del maestro, quien tiene el deber de dedicarle
tiempo a sus estudiantes, sobre todo a aquellos más rezagados en el
aprendizaje. Cobrar por ese trabajo es un ejercicio ilícito al que
debe ponérsele límites.
María del Carmen lo hizo desde su posición de estudiante:
"Ninguno de esos argumentos pudo convencerme de pagar por algo que
la Revolución garantiza de manera gratuita a todos los ciudadanos de
este país. Así las cosas eché mano a cuantas notas de clase,
documentos, guías, conferencias, que fui recopilando durante los
seis años de la carrera y me dediqué a estudiar como corresponde
para finalmente disfrutar el estar entre los graduados".
El repaso particular es una actividad por la que puede pagar todo
aquel que lo necesite y tenga los ingresos. Sin embargo, deben ser
censurables aquellos actos que denigren el prestigio de la educación
cubana que se esfuerza por superarse, para que las 4 y 30 sea para
muchos jóvenes la hora del recreo, y solo para algunos, los que de
veras lo necesitan, el tiempo de repasar. |