Microdistrito Ignacio Agramonte

Integración de voluntades y recursos

Miguel Febles Hernández

Más que hablar en pasado, los habitantes del Microdistrito Ignacio Agramonte, de la ciudad de Camagüey, prefieren apostar por un presente que les trae nuevas razones para aferrarse al terruño y les abre perspectivas de mejoría, solo alcanzable con la más activa participación ciudadana.

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En su diario intercambio con los vecinos, Miguel García Fransúa (a la derecha) encuentra siempre nuevas propuestas para mejorar el entorno.

Construido en la década de los ochenta del siglo pasado en el extremo noroeste de la cabecera provincial, el asentamiento de 54 edificios multifamiliares y su red de dependencias sociales acusaron un fuerte deterioro ante la escasez de recursos necesarios para acometer acciones oportunas de conservación.

"Con el paso de los años se fueron acumulando muchos problemas, no solo por el estado constructivo de las viviendas, sino también por la progresiva desaparición de servicios vitales para los 4 500 habitantes de la comunidad", recuerda Miguel García Fransúa, presidente del Consejo Popular Modelo-Imán.

Refiere el también diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular que uno de los obstáculos más agobiantes resultaba la ausencia de medios de transporte urbano, por lo que los vecinos, en sus gestiones cotidianas, debían trasladarse en coche o a pie haasta la carretera, distante a varios kilómetros del lugar.

TODOS PARA UNO...

Más que soluciones cosméticas, de rápido impacto pero nada perdurables, las autoridades de la provincia decidieron acometer un programa de rehabilitación integral del Microdistrito, a partir de la concertación interempresarial y de la convocatoria a sus habitantes para asumir el protagonismo en las transformaciones.

"Fueron poco más de dos meses de trabajo intenso y mancomunado, bajo un estricto chequeo y seguimiento diario, donde cada entidad provincial reparó su dependencia, mientras de manera simultánea se acometían acciones de higienización y embellecimiento del entorno", comenta García Fransúa.

Ahora los vecinos disfrutan de instalaciones totalmente remozadas y equipadas, como supermercado, peluquería-barbería, tienda de productos industriales, placita, taller de reparación de equipos electrodomésticos, correo, farmacia, lavatín, cafetería, restaurante, discoteca, sala de juegos y áreas deportivas.

A los beneficios recibidos, se añaden un nuevo servicio de tres camiones semiómnibus que unen a la comunidad con el centro de la ciudad, la pavimentación de las calles interiores y de la vía principal de acceso, el restablecimiento del alumbrado público y la ubicación de colectores de desechos.

ORDENAR PARA MEJORAR

No todo, sin embargo, está resuelto: a través de la persuasión de los ciudadanos se avanza en la eliminación de ilegalidades, relacionadas con la cría de animales sin condiciones adecuadas, el vertimiento de residuales en lugares inapropiados y la proliferación de construcciones de todo tipo adosadas a los edificios.

Informa García Fransúa que 11 de los inmuebles ya han sido declarados libres de contravenciones, condición de obligatorio cumplimiento para acometer las labores de pintura, cambio de la carpintería y reparación de las instalaciones hidrosanitarias, entre otras acciones previstas en el programa de rehabilitación.

"Los vecinos han acogido las mejoras con mucho regocijo, lo que se refleja en el ambiente favorable que se respira. Aquí los muchachos jugaban en plena calle y ahora cuentan con una excelente área deportiva", asegura Ivette Rodríguez Hernández, directora de la Escuela Primaria Alfredo Martínez.

Contenta porque su centro educacional cambia también de fisonomía, Ivette insiste en la necesidad de que todos ofrezcan su aporte al mejoramiento continuo de la calidad de vida y que cada ciudadano cuide lo que tanto esfuerzo y recursos ha costado para bien de toda la comunidad.

SIN VARITA MÁGICA

El cambio observado en el Microdistrito Ignacio Agramonte, de la ciudad de Camagüey, en modo alguno responde a un acto espontáneo, mucho menos a las hábiles manos de un experto prestidigitador, siempre hábil en sacar conejos (soluciones) de la chistera al simple toque de su varita mágica.

Se trata, más bien, de una política dirigida a mejorar gradualmente el hábitat común con el concurso de los propios vecinos y acercar los servicios básicos a los barrios ubicados en la periferia de la ciudad, buena parte de los cuales se concentran hoy en su centro histórico.

Solo el trabajo unido, la cooperación entre empresas y organismos, la participación ciudadana y la movilización oportuna de recursos materiales y financieros, hacen el milagro de transformar el entorno social.

No existe, por tanto, otra fórmula posible para el cambio que la máxima del famoso mosquetero en sus legendarias aventuras de capa y espada: ¡Todos para uno y uno para todos!

 

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