Era el 17 de octubre de 1962, cinco días antes de estallar la
Crisis de Octubre. Al dejar al Presidente argelino en una
residencia, Fidel acudió a la asamblea para inaugurar el Instituto
de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón y allí explicó
distintos problemas que planteaba la salud pública en Cuba.
El principal era el éxodo masivo: más de 3 mil médicos dejaron el
país estimulados desde el exterior. Era esa la razón de ser del
novel Instituto: resolver la crisis en la salud con la preparación
masiva de jóvenes médicos dotados de una concepción de la vida
despojada de egoísmos.
Siete meses después, el 23 de mayo de 1963, la primera misión
cubana de ayuda médica a países subdesarrollados partió hacia Argel.
Hace ahora 50 años, 56 personas formaron la primera misión cubana de
ayuda internacionalista y abrieron las puertas de la fecunda
colaboración con el Tercer Mundo.
El doctor Gerald Simón Escalona no puede olvidar cómo "a pesar de
la también desesperada realidad cubana", nuestro líder planteó
aquella noche "ante el gran número de enfermedades fomentadas allí
por 130 años de explotación colonial, la necesidad de ayudar a
Argelia, donde con una población superior en 4 millones a la de Cuba
la mayor parte de los médicos, que eran franceses, se marcharon al
lograrse, tras cruenta lucha, la independencia."
Al día siguiente se efectuó una reunión en el Ministerio de
Salud, donde Simón dijo al ministro Jose R. Machado Ventura que
quería participar en esta misión. "Entre otras razones por mis
raíces árabes, mis abuelos por parte de padre eran libaneses".
También porque había estado siguiendo en televisión los episodios
sobre la lucha del pueblo argelino contra el colonialismo francés, y
estaba muy impresionado. "Era una lucha de David contra Goliat, algo
semejante a la que había acabado de librar el pueblo cubano".
Enseguida comenzaron a anotar a quienes se iban registrando como
voluntarios. Simón participaba en su condición de director de
clínicas mutualistas del Ministerio incorporadas ya al sistema
nacional. Pocos días después, Machado dio su aprobación y lo designó
jefe de la misión. Pronto hubo que parar el reclutamiento, pues
enseguida se sobrepasó el cupo. Ya había más de 50.
"Nosotros no teníamos muchos datos de qué tipo de morbilidad, de
cuáles enfermedades eran predominantes, ni qué especialidades eran
más necesarias. Por tanto, nos dedicamos a buscar la verdad y
resaltaron asuntos como problemas oftalmológicos, de obstetetricia,
estomatología, cirugía y otros".
Una vez completa la información, el propio ministro Machado
Ventura presidió la misión y abordaron un vuelo especial de Cubana
de Aviación, pilotado por los capitanes Luis Álvarez Tabío y César
Alarcón. Tras 19 horas de vuelo arribaron al aeropuerto de Argel,
donde los esperaban funcionarios de los ministerios de Salud
Pública, Relaciones Exteriores, Defensa, y Juventud argelinos. La
delegación, formada por 28 médicos, tres estomatólogos, 15
enfermeros y ocho técnicos, fue alojada en algunos hoteles de la
capital. Machado y Simón en el edificio de estilo morisco que había
sido la sede del gobierno francés, rebautizado como Palacio del
Pueblo por el Gobierno argelino, donde se ofreció una cena al
colectivo. La embajada también organizó una recepción a la que
asistieron varios ministros. Ben Bella recibía ese día a Machado y
Simón y en el curso de la reunión, preguntó por los médicos. Al
informársele dónde estaban, decidió ir a conocerlos.
"Allí el Presidente fue muy cariñoso con todos, daba la impresión
de estar muy contento y que le daba mucha importancia a la misión
médica, tanto que en varios meses tuve el honor de verlo en cinco
oportunidades, para informarle sobre la misión". El vicepresidente
Houari Boumediene también lo recibió y estuvo muy al tanto de todo.
"Eran impresionantes las huellas que el colonialismo dejó en
Argelia, la cual tuve que recorrer de punta a cabo en los siete
meses que allí trabajé. Miles de kilómetros en cada uno de los
recorridos, solo con el chofer argelino en un auto de la presidencia
que el propio Ben Bella me enviaba. Mi tarea principal era estar al
corriente de los trabajos y las dificultades. Desde Tebessa en la
frontera con Túnez, al este, hasta Sidi Bel Abbes, en la frontera
oeste con Marruecos. Los cubanos estaban situados algunos en
hospitales de ciudades, otros en dispensarios, consultorios y hasta
en casas, aislados por grandes distancias, donde más se veía la
pobreza de esas zonas, en una Argelia donde aún explotaban con
frecuencia las bombas de la extremista Organización del Ejercito
Secreto francés. Sin embargo, era impresionante su orgullo de ser
argelinos. Ese fervor retroalimentaba nuestra cubanía".
Las delegaciones cubanas estuvieron enclavadas ese primer año en
cinco grupos: Sanidad Militar (Constantine y Medea), y otros en
cuatro puntos: Tebessa, Setif, Constantine y Sidi Bel Abbes. El
personal de Tebessa se trasladó después a Bizkra, y el de la Sanidad
se concentró en Blida.
"Bizkra, cerca de Constantine y de Sidi Bel Abbes, es como la
antesala del desierto. La visitamos con Machado, quien permaneció
allá algo más de una semana y es de recordar cómo nos recibían con
mucho cariño y nos ofrecían leche de camella y dátiles. Las mujeres
emitían esa especie de aullido que impresionaba mucho a los cubanos.
Eran unos agudos sonidos producidos con rápidos movimientos de la
lengua, característicos de las mujeres argelinas para expresar
alegría".
Uno de los primeros contactos fue con el actual presidente
Abdelaziz Bouteflika, entonces ministro de Juventud y Deportes,
quien invitó a Gerald Simón a acompañarlo en un recorrido por las
provincias que realizaban periódicamente los dirigentes para
conocer, de primera mano, los más acuciantes problemas de población,
especialmente en las zonas más alejadas de la capital.
En todas partes eran recibidos con alegría y afecto por las
autoridades de cada región y por el pueblo. "Al identificarnos en
las calles, saludaban también alegremente con dos palabras: Cuba y
Fidel... Argel es preciosa, en particular nos atraía la Casbah, pero
se decía que era peligrosa para los extranjeros. No obstante,
nuestros compañeros fueron en grupos", corroboró Simón.
En realidad era peligrosa para los franceses durante la guerra y
algún tiempo después, por las crueles torturas despectivamente
llamadas "cacerías de ratas", operadas por el general Jacques E.
Massu, jefe de los paracaidistas, para arrancar confesiones a los
miembros del Frente de Liberación Nacional. Comprobé después quiénes
no podían entrar en la Casbah, cuando un camarógrafo nuestro golpeó
con su cámara sin querer a un niño allí. Lo querían linchar; les
aclaré que era cubano y entonces sonrieron. A todos atraía
extraordinariamente la indómita Casbah.
A Simón los contactos allí y en sus recorridos le hacían entender
más rápido a los argelinos. "Aprendí así muchas palabras, aunque ya
sabía algunas que me enseñaba mi abuela. Buscaba que en las
reuniones estuviesen los cubanos y los argelinos. No hubo un
problema que yo presentase que no encontrase una respuesta
satisfactoria. La misión cubana con su conducta profesional y ética
hizo crecer el afecto del pueblo argelino por el pueblo cubano por
la calidad y cantidad de su trabajo. Baste decir que los cirujanos
ubicados en el sector civil efectuaron un promedio de 200
operaciones mensuales", relataba el doctor Washington Rosell, al
admitir que el beneficio fue mutuo, pues los galenos aprendieron a
tratar enfermedades y circunstancias que no conocían.
En casi todo el tiempo que estuvo Gerald Simón en Argelia, unos
siete meses, no se repartió viáticos entre los compañeros de la
misión por nadie y eso hacía un poco difícil las cosas. "Machado me
había dejado unos mil dólares y así fui capeando algunas
dificultades y necesidades de la delegación. Entonces vino el Che de
visita a Argelia, a mediados de 1963 y le hablé del problema".
Con su sentido porteño del humor, Che le preguntó: ¿Pero vos que
sos, un colonialista?
Algo fuera de paso, como ocurría mucho cuando Che intimaba a
alguien, medio en serio medio en broma, Simón respondió: "Es un
problema de nivel de decisión. Todavía no sé siquiera quién paga".
Che sonrió y le dijo que Cuba se haría cargo de los gastos y lo
vería en cuanto llegase a La Habana. El Comandante le indicó que lo
acompañase en la Casa de Protocolo donde lo alojaron durante la
visita y se sintió "muy honrado con esa enorme distinción". Poco
después, cuando Simòn ya estaba a punto de volver a Cuba, recibió al
entonces viceministro doctor Mario Escalona, quien le sustituyó y le
trajo una cantidad de efectivo que le permitió conferir un acumulado
por siete meses de servicios a cada miembro de la misión y adquirir
un Peugeot 404 para el trabajo en lo adelante. A Escalona lo
sustituyó el doctor Pablo Ressik en esta primera misión.
Durante la visita en un recorrido por las carreteras del sur del
país, pereció en un accidente Ángel Boán, corresponsal de Prensa
Latina en Argelia, quien acompañaba la caravana en uno de los autos.
Che, muy afectado, pidió al doctor Manuel Cedeño que viniese de
Setif, donde prestaba sus servicios, para embalsamar los restos de
Boán y transportarlos a Cuba.
Era tanta la preocupación de Che por la información sobre Argelia
que al regreso, en plena pista del aeropuerto en Rancho Boyeros en
compañía del Comandante Manuel Piñeiro, planteó al autor de estas
líneas sustituir a Boán en esa corresponsalía. Che fue con Fidel y
Jorge Masetti, creador de Prensa Latina. Y nunca se desentendió de
ella.