Desde Haití

Una imagen distinta de Haití

Leandro Maceo Leyva, enviado especial

En ocasiones las cámaras no son bienvenidas en Haití. No es una reacción fortuita la de los nativos: los medios extranjeros de este país solo han mostrado por largo tiempo escenas de miseria, dolor y pobreza. Muchos han lucrado a costa de la exhibición de la desgracia ajena, mientras ocultan su indecencia y sin procurar el mínimo acercamiento a la realidad e idiosincrasia haitianas.

Foto del autorHaití tiene encantadores paisajes que pocas veces resalta la prensa occidental.

No hay registro exacto sobre el número de periodistas que se encuentran en Haití, pero se calculan decenas de reporteros de medios de comunicación de todo el mundo. ¿Qué tipo de cobertura están realizando? ¿Cuál debería ser su papel, más allá de describir el desastre? ¿Dónde queda el respeto al sufrimiento e intimidad haitianos?

Una y otra vez se alude a Haití como "el país más pobre", cual si este no atesorara riqueza alguna: su historia, su cultura, su gente y su sonrisa única, la que cura y responde a la cotidianidad.

Comprender el alma haitiana pasa por escuchar su voz en primera persona. Por mucho que hayamos leído o documentado antes de llegar, nada como la voz de los propios haitianos.

Es necesario conocer y amar la excepcional historia de Haití. Un pueblo que desterró la esclavitud y llevó a cabo la primera revolución negra de América, el mismo cuya belleza se tiñe de alegría o tragedia, color y formas, es enteramente musical y posee un espíritu de resistencia insospechado. Una nación que tendrá que resurgir, pues un país no muere.

El Gobierno de Michel Martelly se ha propuesto cambiar la imagen de la nación caribeña con miras a atraer más inversión extranjera y generar recursos para satisfacer las amplias demandas internas. La otrora perla del Caribe posee asimismo, singulares atractivos naturales que el sector turístico —por desarrollar al mismo nivel que en otras naciones de la región—, tal vez hoy pueda explotar con ese propósito.

Si se quiere trasladar la idea de que un futuro positivo para Haití es posible, hay que desterrar cualquier imagen que desgarre tal empeño y revertir la práctica obstinada de vender prolijamente la pobreza haitiana.

Puede que el futuro de Haití pase, primero y entre otras muchas cuestiones, por retratar y contar al mundo sobre la nación que se levanta con la voluntad de alcanzarlo. Con dignidad dentro de la pobreza. La dignidad que enmarca el rostro de hombres y mujeres de miradas apacibles, quienes ofrecen hospitalidad y agradecen la mano amiga.

 

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