XXV Festival de La Habana de música contemporánea

Aventuradas novedades

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Para saber por qué rutas transita la creación sonora de la isla en el campo de la música de concierto, el mejor termómetro —casi único en el año— es el Festival de La Habana que organiza la Asociación de Músicos de la UNEAC. En una de las sesiones que tuvo por sede la sala Gonzalo Roig, del Palacio del Teatro Lírico Nacional, no fue precisamente la voz el hilo conductor, sino los instrumentos solistas y las formaciones de cámara, con seis estrenos absolutos.

Foto: Jorge Luis GonzálezLorena Benítez, Carlos M. Prieto y Axel Rodríguez, intérpretes de uno de los estrenos de Galliussi.

Destacó la juventud de dos autores, Víctor García Pelegrín y Alberto Rosas. Defendida por la violinista Karen Yamilé García, Cadenza y algo más... (2012), de García Pelegrín va mucho más allá del mero ejercicio formal y se prefigura como paso previo de una obra mayor para violín y orquesta, que muy bien podría enriquecer el repertorio cubano de concierto para ese instrumento. Sonata resurgir (2012), de Rosas, está hecha a la medida de sus propias y muy amplias y seguras posibilidades como flautista, aun cuando la intención de conjugar poesía y música oscurezca el mensaje.

Atendiendo al virtuosismo y la singularidad del Cuarteto de Laúdes de La Habana, el maestro Roberto Valera versionó para ese formato uno de sus formidables Estudios caribeños.

La velada nos trajo la actual faena de Jorge Garcíaporrúa, quien escribió para el dúo A Piacere (Lourdes Cepero, piano; Ariel Negrín, contrabajo) Tríptico (2010), pieza de intensas e interesantes variaciones dinámicas, expresión de una poética consolidada.

Mucho más aventurado, por la manera intrépida de reciclar la estética postweberniana, fue el estreno por A Piacere de otra obra dedicada a esos excelentes músicos camagüeyanos, Doppertutto (2011), del maestro italiano Adriano Galliussi, a quien debe incluirse por su activa vida musical entre nosotros entre los autores del patio.

Diferentes estilísticamente pero rigurosas en su escritura, las obras asumidas por A Piacere apuntan a una de las facetas que deben ser potenciadas por el Festival: la ampliación del repertorio de nuestros intérpretes. Estoy seguro de que Lourdes y Ariel las tendrán presentes en sus recitales habituales.

Galliussi protagonizó otra de las novedades, sobre la base de su dilatado trabajo con el talentoso flautista guantanamero Axel Rodríguez. Parecería una broma incluir en su Trío no. 4 (junto a Axel los jóvenes y prometedores flautistas Carlos Miguel Prieto y Lorena Benítez) una botella, un recipiente de hojalata y una botella para ser percutidos, o al menos un guiño a la hermosa y rabiosa vanguardia de los años sesenta. Pero no, la obra es muy seria, muy exigente en su desarrollo, muy coherente en sus planteos temáticos. Un verdadero reto para los intérpretes y el auditorio.

 

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